"Tutti i miei pensier parlan d’amore (Todos mis pensamientos hablan de Amor)". Vita Nuova. Dante Alighieri.

jueves, 18 de febrero de 2010

Invertir en las personas es el modo de alejar la recesión mundial dice Benedicto XVI.





Invertir en las personas —”en todos los hombres y mujeres de la Tierra”— es la forma eficaz de alejar las “preocupantes perspectivas de recesión mundial”: es uno de los principales llamamientos de Benedicto XVI en la carta que dirigió al G8 de jefes de Estado y de Gobierno de los países más industrializados, cumbre que acogió la localidad italiana de L’Aquila del 8 al 10 de julio.

En su misiva -al presidente Silvio Berlusconi, —el G8 se reunió bajo la presidencia italiana—, el Papa apunta, entre las múltiples problemáticas de un mundo altamente interconectado e interdependiente, “la crisis económico-financiera” y “los cambios climáticos”. Cambios que “no pueden dejar de impulsarnos hacia un sabio discernimiento y nuevos proyectos capaces de promover de forma eficaz un desarrollo humano integral, inspirado en los valores de la solidaridad humana y de la caridad en la verdad”.

“¿No es acaso invirtiendo en el hombre —en todos los hombres y las mujeres de la Tierra— como se podrá conseguir, de forma eficaz, alejar las preocupantes perspectivas de recesión mundial?

“Algunos de estos temas se afrontan también en mi tercera Encíclica Caritas in veritate —confirma Benedicto XVI—, que precisamente se presentará a la prensa en los próximos días”. “La liberación de los países más pobres del peso de la deuda y, más en general, la erradicación de las causas de la pobreza extrema en el mundo dependen de la plena asunción de las responsabilidades solidarias respecto a toda la humanidad. Responsabilidades que no han disminuido, es más, se han vuelto incluso hoy más apremiantes”.

Si bien la mayoría de los países menos desarrollados ha disfrutado de un período de notable crecimiento, la crisis financiera y económica “que golpea a todo el planeta desde inicios de 2008 ha cambiado el panorama —lamenta el Papa—, de forma que es real el riesgo de que no sólo se apaguen las esperanzas de salir de la pobreza extrema, sino que incluso caigan en la miseria poblaciones hasta ahora beneficiarias de un mínimo de bienestar material”. Más aún: la crisis económica actual amenaza con “la cancelación o la drástica reducción de los planes de ayuda internacional, especialmente a favor de África y de los demás países económicamente menos desarrollados”.

De aquí el llamamiento “fuerte” de Benedicto XVI a la cumbre “para que la ayuda al desarrollo, sobre todo la que se dirige a ‘valorar’ el ‘recurso humano’, se mantenga y se potencie, no sólo a pesar de la crisis, sino precisamente porque es una de sus principales vías de solución”. “¿No es acaso invirtiendo en el hombre —en todos los hombres y las mujeres de la Tierra— como se podrá conseguir alejar de forma eficaz las preocupantes perspectivas de recesión mundial? ¿No es éste de verdad el camino para obtener, en la medida de lo posible, una marcha de la economía mundial que beneficie a los habitantes de cada país, rico o pobre, grande y pequeño?”, interroga a los líderes mundiales.

Y si “es cierto que se necesita ‘invertir’ en los hombres, el objetivo de la educación básica para todos, sin exclusiones, para el año 2015, no sólo hay que mantenerlo, sino reforzarlo generosamente”, prosigue. Y es que “la educación es condición indispensable” “para el funcionamiento de la democracia, la lucha contra la corrupción, el ejercicio de los derechos políticos, económicos y sociales y para la recuperación efectiva de todos los Estados, pobres y ricos”.

De ello se desprende la necesidad, que recalca el Papa, de una recta aplicación del principio de subsidiariedad, porque “el apoyo al desarrollo no puede dejar de tener en cuenta la capilar acción educadora que desarrollan la Iglesia católica y otras confesiones religiosas en las regiones más pobres y abandonadas”. La siguiente exhortación de Benedicto XVI se dirige a “reformar la arquitectura financiera internacional para asegurar la coordinación eficaz de las políticas nacionales, evitando la especulación crediticia y garantizando una amplia disponibilidad internacional de crédito público y privado al servicio de la producción y del trabajo, especialmente en los países y en las regiones más desfavorecidas”.

En conjunto, el Santo Padre pidió al G8 que tenga presentes las exigencias concretas humanas y familiares, como es el caso de la creación de puestos de trabajo para todos para abrir las puertas a una vida digna y a la educación de los hijos. Urge asimismo “un sistema comercial internacional equitativo, poniendo por obra —y si es necesario yendo más allá— las decisiones tomadas en Doha en 2001 a favor del desarrollo”, además del impulso de “toda energía creativa” para “cumplir los compromisos asumidos en la Cumbre de la ONU del Milenio sobre la eliminación de la pobreza extrema para el año 2015″.

Para el éxito... el Papa propone esta clave: “La medida de la eficacia técnica de las disposiciones que haya que adoptar para salir de la crisis coincide con la medida de su valor ético”. Naturalmente, siguiendo al Santo Padre, la legitimación ética de los compromisos políticos del G8 exigirá que se cotejen con la opinión y las necesidades de toda la comunidad internacional. Por eso indica la importancia de “reforzar el multilateralismo” y aplaude que el G8 esté ampliado a otras regiones del mundo.

“Sin embargo, en el momento de las negociaciones y de las decisiones concretas y operativas, hay que considerar atentamente a todas las instancias —advierte—, no sólo las de los países más importantes o con un éxito económico más marcado”. “¡Que se escuche entonces la voz de África y de los países menos desarrollados económicamente! Que se busquen modos eficaces para vincular las decisiones de los distintos agrupamientos de países, incluido el G8, a la Asamblea de las Naciones Unidas, donde cada nación, cualquiera que sea su peso político y económico, puede expresarse legítimamente en una situación de igualdad con las demás”.

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Guiado de la mano de de la mística monástica cisterciense (la primera mística moderna del amor), el esoterismo cristiano, la mística de san juan de la cruz y el zen... y animado por ideales progresistas y solidarios os invito a caminar juntos hacia un mundo y unos hombres y mujeres nuevos.