"Tutti i miei pensier parlan d’amore (Todos mis pensamientos hablan de Amor)". Vita Nuova. Dante Alighieri.

domingo, 22 de noviembre de 2009

El aprendizaje de la laicidad es necesario para la convivencia de los españoles. Entrevista a R. Díaz-Salazar, autor del libro "España Laica" .


Aquí os dejo esta entrevista con Rafael Díaz-Salazar, un experto en estos temas, creyente y defensor de la laicidad desde ópticas cristianas. Es un buen exponente de la visión de muchos católicos en estos temas, marginada y silenciada por los grupos con otra óptica, que en ocasiones quieren aparecer cómo la única visión católica de estas cuestiones. La realidad, sin embargo, es más plural.



- ¿Por qué el laicismo forma parte del debate político y cultural en nuestro país?
- El laicismo es un movimiento que toma fuerza cuando en una sociedad se intenta reforzar el pluralismo cultural y moral y otorgar derechos a minorías….

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¿Cuáles son las señas de identidad del laicismo?
- El laicismo es un movimiento humanista que ha aportado grandes valores morales. Se basa en la defensa del pluralismo religioso y moral y en la autonomía de la política respecto a la teocracia y el clericalismo. Reivindica la libertad de conciencia con fundamento ético, la neutralidad del Estado respecto a las ideologías y religiones, la igualdad jurídica de los ciudadanos y las organizaciones, la centralidad de la escuela pública para corregir desigualdades, otorgar capacidades y generar ciudadanos éticos. El laicismo no es constitutivamente antirreligioso y antieclesial. Se opone a la religión y a la Iglesia sólo en la medida en que éstas sean obstáculos a su defensa del pluralismo y a la necesaria distinción entre leyes, ética y religión…

- Algunos de los ideales del laicismo aparecen en algunas religiones, especialmente en el cristianismo originario, que es antiteocrático, anticlerical y antifundamentalista. Históricamente, los primeros defensores del laicismo son minorías religiosas perseguidas por Estados basados en una única confesión religiosa. Grandes personalidades religiosas, como Gandhi, han sido laicistas religiosos. Los misioneros cristianos en países musulmanes piden que el Estado sea laico.

Es cierto que en Europa históricamente el laicismo ha sido anticlerical y, en bastantes corrientes, antirreligioso. En gran medida, se debió al tipo de religión e Iglesia imperantes.

Actualmente hay cuatro tipos de laicismos: religioso, neutral respecto a la religión, excluyente de la religión e incluyente de lo religioso.

Muchas personas religiosas son laicistas: defienden el Estado laico, la autonomía del orden jurídico y político siempre que se ajuste a la moral del orden constitucional, el diálogo entre éticas plurales, la enseñanza laica y no confesional de la religión, la autofinanciación de las iglesias, el rol público de la religión en la sociedad civil, la acción conjunta con laicistas no religiosos.

- ¿Es la Iglesia católica un obstáculo para la construcción de la laicidad en España?-
Una parte de la jerarquía de la institución eclesial y los movimientos neoconservadores que difunden su estrategia son un claro obstáculo. Pero la Iglesia española es amplia y plural y en ella hay una cultura de la laicidad mayor que en muchas otras instituciones y asociaciones.

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¿Son incompatibles el catolicismo y el laicismo?
- Depende del tipo de catolicismo y de laicismo. En el libro expongo la afinidad de la propuesta de Pablo VI en la «Ecclesiam Suam» con un modelo basado en el laicismo inclusivo de la religión. Este modelo se realizó en la revolución americana y se está abriendo paso en Italia e incluso en Francia. Los obispos franceses han valorado positivamente los cien años de laicismo en su país.

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En el libro se propone una Alianza de Culturas Cívicas para la laicidad, ¿en qué consiste este proyecto?
- Para construir laicidad en España tenemos que instaurar una cultura nacional del diálogo basada en una apertura de unas culturas a otras con el fin de encontrar puntos comunes para el bien del país. Tiene que acabarse de una vez por todas el «guerracivilismo» y por eso recuerdo tanto a Azaña. En nuestro país existen culturas cristianas, liberales, conservadoras, socialistas, comunistas, anarquistas, nacionalistas. Activemos el encuentro y el diálogo entre ellas. E intentemos realizar un trabajo conjunto en algunos ámbitos. Al menos, que nunca cese un diálogo razonable y el cultivo de la amistad cívica entre adversarios frente al odio político e ideológico.

He propuesto diez objetivos concretos para una Alianza de Culturas que tienen como común denominador la educación moral y espiritual para una ciudadanía socialmente activa. Pretenden, además, ser un conjunto de indicadores para ver qué aporta cada una de las culturas citadas a la consecución de esos objetivos.

El trasfondo tiene que ser la laicidad, sin ella no saldremos de la guerra de unas culturas contra otras a través de un uso de las leyes desde convicciones ideológicas o religiosas.

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¿Una España más laica favorece o dificulta la convivencia nacional?-
El aprendizaje de la laicidad es necesario para la convivencia de los españoles plurales y diversos. Cuanto más compleja y variada es la ciudadanía, se requiere más laicidad; es decir, más independencia en el ámbito político-jurídico, más deliberación entre éticas plurales y más diálogo entre quienes somos distintos por nuestras identidades ideológicas, morales y religiosas.

Articular nuestro pluralismo para vivir juntos y bien comunicados los diversos es un objetivo que tenemos que conquistar en España

martes, 17 de noviembre de 2009

El Carisma Cisterciense y el zen: ¿Hacia un zen cisterciense?.


Es curioso cómo, de manera más o menos espontánea, se ha ido produciendo el encuentro entre el Zen y la espiritualidad cisterciense a lo largo del siglo XX. Aunque, bien mirado, el Zen y Císter son dos espiritualidades que sin tener un contacto histórico tienen una perspectiva, en muchos aspectos, similar: sencillez, austeridad, búsqueda de la experiencia contemplativa… lo cual puede facilitar mucho el diálogo y comprensión mutuos.



No hay duda que ha sido T. Merton el primero que ha difundido el zen entre los cistercienses y que ha sido bajo su influencia que los encuentros entre monjes cistercienses y monjes zen se han ido propiciando. Merton nos dejó dos libros muy conocidos sobre zen y cristianismo: Místicos y maestros zen y El Zen y los pájaros del Deseo, que son prueba de su comprensión del zen y de la tradición cristiana.



Más reciente es la relación del zen y del monje cisterciense Thomas Keating, quien conoció el zen a través del maestro Sasaki Roshi, que acudía al monasterio cisterciense de Spencer (EE.UU) para dar retiros o sesshin a los monjes que estaban interesados.



Hoy los contactos son muy numerosos, muchos monjes cistercienses acuden a sesshin zen y también monjes zen visitan monasterios católicos. Pero me interesa fijarme en estos dos monjes, Merton y Keating, porque son representativos de dos actitudes que los cristianos han asumido habitualmente tras el encuentro con el zen.



Merton mantiene al zen y al cristianismo en diálogo, sin unirlos pero en mutua relación. Ahora bien, no quiere hacer mezclas o sincretismos que deformen el zen y el cristianismo, falseándolos. Zen y cristianismo están llamados a dialogar e influirse mutuamente sin pretender explicar el zen desde el cristianismo o el cristianismo desde el zen. En la práctica esto supone conservar el rostro occidental del cristianismo y el rostro japonés u oriental del zen. El cristiano que conozca el zen será “profeta de dos lenguas” dicen algunos, hablará dos lenguas espirituales diferentes aunque con equivalencias entre ellas que permiten la traducción de la una a la otra y que enriquecen a quien conoce ambas experiencias, que en lo profundo son una.



Keating, representa otra de las actitudes cristianas ante el zen, aquella que se inspira en sus prácticas y estilo para dar un nuevo impulso a la mística cristiana. La oración centrante de Keating no pretende, en absoluto, ser zen pero está muy influida por el zen. Aquí, por lo tanto, se trataría de ser enriquecidos con el zen para redescubrir la mítica cristiana, sin abandonarla ni integrarse en el zen de forma completa.



Ambas son posturas legítimas y dan frutos valiosos. Sin embargo, no agotan todas las posibilidades que surgen del encuentro entre el zen y el cristianismo. Existe también en occidente un zen que no quiere limitarse a repetir más o menos el zen japonés sino que quiere adaptarse plenamente a Occidente y a la espiritualidad cristiana sin dejar de ser zen. Willigis Jäger podría ser un ejemplo de esta línea de zen occidental o secular, que no se limita a reproducir el zen japonés.



No se trata de mezclar y confundir sino de crear algo nuevo pero plenamente legítimo, un zen cristiano u occidental. Un zen diferente al japonés y budista, pero plenamente zen. Un zen impulsado por cristianos o por laicos que descubren un rostro zen oculto en el cristianismo o en la mística occidental (por ejemplo, con la existencia de auténticos koan en los evangelios y en la tradición mística occidental) y un rostro cristiano (o humanista) en el zen japonés, con la existencia de algunos maestros japoneses más o menos marginados por al corriente principal del zen, que emplean un lenguaje más personalista en su descripción de la experiencia zen. Y es que el diálogo, si es un auténtico encuentro, siempre transforma a los que lo viven y produce cambios, algo nuevo. Esto nuevo sería este zen occidental, laico y cristiano.



También el carisma cisterciense puede participar de este movimiento. Y en esta dirección es en la que también algunas personas vinculadas al carisma cisterciense y al zen queremos ir trabajando, intentando que pueda ser posible un zen cisterciense, respetuoso con ambas tradiciones, que renueve e impulse el carisma cisterciense y el zen para que, en unión, puedan ser, para quienes se sienten identificados con ambas espiritualidades, una de las vías de difusión de la experiencia espiritual en la sociedad actual, en vistas a trabajar por el Reino en términos cristianos o a vivir desde la mente compasiva original, en términos zen.

FE DESDE LA FRONTERA (O PERTENENCIA ECLESIAL DESDE LOS MÁRGENES). Juan José Tamayo, teólogo.


Tomado de http://www.redescristianas.net/2007/01/31/fe-desde-la-frontera-o-pertenencia-eclesial-desde-los-margenes-juan-jose-tamayo/


Uno no elige, generalmente, vivir en frontera. Son las circunstancias las que nos ponen colocan en esa tesitura. Suele suceder en el terreno político, en regimenes dictatoriales. Cuando una persona se exilia y abandona su país, no suele hacerlo por gusto o por deseo de buscar aventuras, sino obligado por las restricciones impuestas a la libertad e incluso por el peligro a perder la vida.
También en las sociedades democráticas, son las situaciones de corrupción generalizadas, la injusticia estructural, los límites impuestos al ejercicio de las libertades y a la práctica de los derechos humanos, las promesas incumplidas, las que llevan a situarnos en la frontera del sistema. Y ello como expresión de solidaridad y sintonía con quienes son excluidos del sistema, desde la conciencia de una ciudadanía no excluyente.
El funcionamiento rígido de no pocas instituciones de las sociedades democráticas, como partidos, sindicatos, asociaciones profesionales, conduce también no pocas veces a vivir en frontera, en el límite, con sentido crítico, ejerciendo la protesta y la denuncia contra los abusos antidemocráticos en organizaciones supuestamente democráticas y cuestionando las perversiones que se producen en el terreno ideológico, en las mismas estructuras, en el funcionamiento y en la organización con frecuencia autoritaria. Quienes permanecen acríticamente dentro de las instituciones y se adaptan al sistema no crean problemas a quienes controlan el poder y lo ejercen abusivamente.
Los críticos son arrojados a los márgenes, con el veto para asumir puestos de responsabilidad. La frontera es el lugar de paso, la “patria de los viajeros”, de los viandantes, de los peregrinos, que llegan en son de paz, con voluntad de convivencia y en actitud de diálogo. Es el espacio donde hay que acoger a los que llegan, sin preguntarles de dónde vienen y a dónde van: refugiados políticos, emigrantes, trabajadores, mujeres desplazadas. Es el lugar donde ejercer la solidaridad. Viviendo en la frontera, estamos en condiciones para la apertura a la universalidad, para practicar el cosmopolitismo, para el reconocimiento de la alteridad, para la acogida del prójimo, para la práctica de la hospitalidad sin discriminaciones ni exclusiones.

La frontera, los márgenes, son el lugar más creativo, más consciente, la forma de expresar la disconformidad con el sistema. Vayamos al cristianismo en sus orígenes. Jesús de Nazaret nació en la frontera, Galilea. Es ahí, en tierra de gentiles y de movimientos revolucionarios contra el Imperio, no en Jerusalén –tampoco en Roma- donde nace el cristianismo como experiencia de la mesa compartida, de la comensalía superadora de las jerarquías. Vivió siempre en los márgenes de la sociedad, en solidaridad con los marginados y excluidos. Se movió en los límites de la religión, compartiendo mesa con los empobrecidos y desarrapados.

Fue un transgresor de la ley en solidaridad con los pecadores. ¿Qué pasa en el cristianismo histórico, en las iglesias? En su libro The Church in the Round la teóloga Letty Russell define la Iglesia como una comunidad de fe y de lucha, solidaria con todos los que están en los márgenes de la sociedad y de la Iglesia. Me parece una definición muy certera, en sintonía con su fundador, Jesús de Nazaret, y en el proseguimiento de su causa, la liberación de los oprimidos. El cristianismo en la frontera no es un fenómeno que haya surgido en nuestro tiempo.

En la historia del cristianismo siempre hubo grupos de creyentes que vivieron su fe en la frontera, fuera de los marcos oficiales y en conflicto con la institución eclesiástica.

Las historias de la Iglesia ofrecen numerosos ejemplos, en los que ahora no puedo detenerme: anacoretas, monjes, mendicantes, beguinas, movimientos laicos, iglesia de los pobres, reformadores, profetas, mártires, místicas y místicos, teólogos doctrinalmente heterodoxos y críticos del sistema eclesiástico y político, etc. Sin embargo, la ubicación en la frontera no les llevaba a abandonar la Iglesia ni a sentirse incómodos dentro de ella. Todo lo contrario.. Era otra forma de vivir la fe, ciertamente más afín al movimiento igualitario y marginal que se agrupó en torno a Jesús de Nazaret.

Viviendo en los márgenes los movimientos cristianos alternativos denunciaban las alianzas entre el trono y el altar, asumían la pobreza como estilo de vida y se hacían portadores del grito de los pobres por una vida digna. Hoy existe también un cristianismo de frontera vivo y activo cada vez más numeroso. Cuanto más involuciona la institución eclesiástica, más creyentes y movimientos eclesiales son arrojados a los márgenes. En la medida en que se dogmatiza, se erige en “Absoluto” y se cierra sobre sí misma, más espacio hay para la disidencia, e incluso para la heterodoxia. Tres son los grupos que mejor representan, a mi juicio, el cristianismo de frontera, la Iglesia en los márgenes: los movimientos cristianos de base, los colectivos de teólogos críticos, el movimiento feminista dentro de las iglesias.

Los movimientos cristianos de base se caracterizan por su sentido crítico de las instituciones religiosas, por el cuestionamiento del orden eclesiástico establecido, por el rechazo de la “razón de Estado” que impera en la organización. Se encuentran en los márgenes del poder. Su lugar social es el mundo de la marginación. Su opción radical son los excluidos, no los poderosos. Su alianza es con los movimientos que luchan contra la marginación. No son Iglesia paralela, ni clandestina – aunque a veces tengan que vivir en la clandestinidad-.

Es desde los márgenes como se sienten Iglesia, sin complejo de superioridad, pero tampoco de inferioridad. Los colectivos de teólogas y teólogos críticos no quieren ser correa de transmisión de la ideología oficial del magisterio eclesiástico, ni desean legitimar la actual organización de la Iglesia, jerárquico-piramidal y patriarcal. Ejercen, más bien, una función crítica de las desviaciones ideológicas y organizativas del sistema eclesiástico. Como los movimientos cristianos de base, se ubican en los lugares de marginación y de exclusión, donde viven más de dos terceras partes de la humanidad. Y convierten el lugar social en lugar epistemológico. Los pobres dan que pensar a los teólogos y a las teólogas, cambian sus esquemas mentales, modifican sus prioridades hermenéuticas.

Su teología ayuda a interpretar el mundo en clave de solidaridad y a transformarlo en clave de fraternidad-sororidad. Para ellos, la opción por los pobres es una verdad teológica, que tiene su base en el verdadero misterio de Dios, que es ser Dios de los pobres. Es una verdad teológica, que tiene su fundamento en Jesús de Nazaret, hombre libre, que realizó prácticas de liberación, por eso lo mataron y Dios lo resucitó haciendo triunfar la vida sobre la muerte y a la víctima sobre el verdugo. El movimiento feminista es otro de los ejemplos emblemáticos luminosos del cristianismo ubicado en los márgenes. Diría más: es el más luminoso y emancipador, porque se pone del lado de las grandes olvidadas –incluso por los teólogos- de la historia, las mujeres, silenciadas, invisibilizadas, “domesticadas”.
Se ubica dentro de los movimientos cristianos de liberación, ya que lucha contra todas las discriminaciones y esclavitudes a las que son sometidos los seres humanos, pero muy especialmente de la discriminación de género. Ofrece resistencia organizada al patriarcado y sus estrategias de dominación. Da voz a las mujeres doble y triplemente oprimidas,. Aporta razones contra la opresión de género y a favor de la igualdad (no clónica). La teología feminista ayuda a las mujeres a recuperar su subjetividad, negada con frecuencia por las iglesias, y las reconoce como sujetos morales, religiosos, teológicos, y como interlocutores en igualdad de condiciones que los varones.
Importante contribución de los movimientos feministas cristianos es la abolición de todos los dualismos. A la división entre público y privado, el feminismo responde afirmando que “lo personal es político”. Frente al dualismo entre cuerpo y espíritu, propone que “la sexualidad es espiritualidad”. A la oposición entre lo cotidiano y lo extraordinario, responde: “lo cotidiano es el lugar de la experiencia humana, de la vivencia cristiana y del quehacer teológico”.
(*) Juan José Tamayo es Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones. Universidad Carlos III de Madrid. Artículo publicado en el Nº 107 de Tiempo de Hablar-Tiempo de Actuar

lunes, 16 de noviembre de 2009

¿La biblia es homófoba?, por Rafael S. V. Rivera, filólogo bíblico.


Tomado de http://www.cristians-homosexuals.org/paginas/documentos/biblia%20y%20homosexualidad.htm

Consideraciones generales
Para la comprensión de la sexualidad desde un punto de vista cristiano no debemos tomar citas aisladas, sino intentar hacer una comprensión global basando toda apreciación en criterios evangélicos:

- no excluir a ninguna persona o grupo en razón de ninguna diferencia: racial, lingüística, social, económica, religiosa, y naturalmente sexual. Jesús no excluyó a nadie.
- no convertir Ia ética cristiana en un legalismo sin sentido, lo cual sería volver a la Ley judía (Torá), que Jesús y las primeras comunidades abandonaron.

- basar toda ética en el precepto del amor al prójimo: no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti.


Debemos considerar que Jesús dio muy poca importancia a la ética sexual y familiar, nunca habló contra las prostitutas, relativizó la importancia de la familia como institución, perdonó a las adúlteras -única actividad sexual que parece considerar pecaminosa-. No habló nunca de la homosexualidad; era un tipo de relación que no afectaba a intereses sociales o humanitarios: no producía viudas o mujeres abandonadas sin sustento, no generaba huérfanos o hijos sin padre, ni tampoco provocaba otros problemas sociales. Convertir el sexo en el eje fundamental de la moral, como se hace con frecuencia, es una gravísima traición al mensaje liberador de Jesús...
La raíz de la homofobia no es la Biblia; hasta el siglo XII la homosexualidad fue admitida plenamente por las iglesias europeas hasta el punto de celebrar liturgias de unión entre personas del mismo sexo. Pero desde el siglo XII los detractores de los homosexuales buscaron justificación a sus ideas en todas las fuentes que tenían a su alcance, también en la Biblia y contribuyeron de este modo a generar la creencia de que la Biblia condena la homosexualidad. Afortunadamente hoy el método histórico-crítico devuelve a la exégesis bíblica la racionalidad que tanto tiempo le ha faltado y nos devuelve a los creyentes la Biblia como historia de una liberación comunitaria y experiencia de una liberación personal.


La Biblia no es un libro mágico, no es un amontonamiento absurdo de normas éticas contradictorias, no puede ser reducido a un almacén de citas aisladas para justificar los prejuicios sociales, religiosos, étnicos, sexuales raciales, etc.
La Biblia es un patrimonio religioso, humano y cultural universal también de los homosexuales, consistente en la experiencia religiosa de 2000 años, desde que Abrahán salió de Ur abandonado a sus ídolos hasta que las primeras comunidades cristianas se organizan para dar testimonio de la resurrección de Jesús. Para nosotros los cristianos, Jesús de Nazaret es la cumbre de la Biblia y la luz que le da todo su sentido.
Quienes condenan la homosexualidad, además de justificar la homofobia social, en la práctica excluyen a los homosexuales de la comunidad cristiana; para una persona homosexual no tiene sentido que le digan "la condición homosexual no es pecaminosa, su práctica sí lo es", porque la sexualidad afecta a la raíz más profunda de la psique humana e involucra numerosas facetas de la personalidad de heterosexuales y de homosexuales: nadie puede separar condición de sentimientos. Quienes excluyen a los homosexuales excluyen también a Jesús, que anduvo en compañía de leprosos y prostitutas.

Siete razones por las que las mujeres pueden ser ordenadas sacerdotes, por John Wijngaards, teólogo


Tomado de http://www.womenpriests.org/sp/default.asp





1. Un solo sacerdocio en Cristo
A través del bautismo las mujeres y los hombres comparten igualmente el nuevo sacerdocio de Cristo.Esto incluye apertura a las Ordenes Sagradas.

2. Con poder de presidir
En la Ultima Cena Jesús dio el mismo poder tanto a los hombres como a las mujeres. Ambos pueden ser ordenados para presidir la Eucaristía

3. Desviaciones culturales
La practica de la Iglesia de no ordenar mujeres para el sacerdocio se basaba en tres tipos de prejuicio en contra de las mujeres(las mujeres eran consideradas inferiores, eran consideradas pecadoras e impuras por ello debía apartárselas del altar). Esto afectó el juicio de los líderes de la Iglesia.

4. Las mujeres han sido diaconisas
Hasta el S. IX la Iglesia consagró sacramentalmente diaconisas. Esto prueba que las mujeres pueden ser ordenadas.

5. La posibilidad de que las mujeres sean ordenadas ha estado presente en la Tradición latente de la iglesia.

Un ejemplo es la antigua devoción a María como sacerdote. Esto demuestra que, de acuerdo con el sentido de los fieles (sensi fidei), en María la prohibición contra las mujeres se ha superado.

6. La Iglesia amplia acepta las mujeres en el sacerdocio.
Después de estudios muy serios y mucha oración, otras Iglesias Cristianas ahora ordenan mujeres para el sacerdocio. Aunque no todas estas Iglesias sean aceptadas por la Iglesia Católica, este creencia convergente consensuada de los creyentes cristianos, confirma que, ordenar a las mujeres está de acuerdo con el deseo de Cristo.

7. Las mujeres son también, de hecho, llamadas a ser sacerdotes.
El hecho de que muchas mujeres católicas responsables, sientan que están llamadas por vocación al sacerdocio es un signo del Espíritu Santo que no debemos ignorar.

Conclusión: No hay argumentos validos contra el sacerdocio de las mujeres, y muchos argumentos verdaderamente Católicos en su favor.

Mártires de la UCA, por Juan José Tamayo

Tomado de http://blogs.periodistadigital.com/religion.php/2009/11/16/martires-de-una-iglesia-perseguida
La Asociación Pro Derechos Humanos de España (APHE) y el Centro de Justicia y Responsabilidad de San Francisco (CJA, EE UU) presentaron el pasado 13 de noviembre una querella en la Audiencia Nacional contra catorce militares del batallón Atlacatl que participaron en el diseño de la operación de ejecución de seis jesuitas y dos mujeres salvadoreñas hace diecinueve años y contra el entonces presidente de El Salvador, Alfredo Cristiani, por encubridor de tan horrendo y calculado crimen.

La querella se acogía al principio de Justicia Universal por crímenes de lesa humanidad que no prescriben nunca ni pueden quedar impunes. La decisión de estimarla, hecha pública ayer por la Audiencia Nacional -aunque rechaza inculpar al ex presidente salvadoreño -, supone un paso hacia la esperanza de que aquellos hechos no quedarán impunes, tras los juicios-farsa celebrados en el país centroamericano y tras la ley de amnistía de 1993 que dio el Gobierno de Alfredo Cristiani poco antes de hacerse público el informe de la Comisión de la Verdad y que no permitió la realización de procesos judiciales por los casos de asesinatos y violaciones de los derechos humanos perpetrados entre 1980 y 1992.

Aquel asesinato fue la crónica de una muerte anunciada. ¿Razón? El compromiso de las comunidades cristianas, sacerdotes, religiosos y religiosas en favor de la justicia y de la paz en un país sometido a la injusticia estructural y a la violencia institucionalizada, ambas legitimadas política y militarmente por los Estados Unidos. Pronto empezarían la represión y el martirio. En la campaña electoral de 1977 circularon pasquines con la siguiente leyenda: ‘Haga patria, mate a un cura’. Ese mismo año fueron asesinados en Aguilares el jesuita Rutilio Grandes y dos campesinos que le acompañaban. ¿Delito? Trabajar por la promoción y la concientización de los campesinos frente a la explotación salvaje a la que eran sometidos por los terratenientes.

Era el comienzo de la persecución contra decenas de sacerdotes, religiosos, religiosas, líderes de comunidades cristianas, asesinados en la cruzada anticomunista para la defensa de la civilización cristiana. Una cruzada que buscaba el apoyo del Papa, quien recibió informes contra Oscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador, a quien se acusaba de apoyar a la guerrilla.

«¡Cuidado con el comunismo, que está entrando en la Iglesia católica!», dijo Juan Pablo II a Romero durante la visita que hizo al Vaticano para informar de la persecución de que era objeto la Iglesia católica en su país «¡Santidad, quien persigue a la Iglesia en El Salvador no es el comunismo sino los gobernantes cristianos!», le respondió Romero. En otra visita el Papa le pidió: «Trate de estar de acuerdo con el Gobierno». La reacción de Romero fue de desolación: «El Papa no me ha entendido, no puede entender, porque El Salvador no es Polonia».

El 24 de marzo de 1980 fue asesinado monseñor Romero mientras celebraba la eucaristía en la capilla de un pequeño hospital de la ciudad por orden del mayor Roberto d’ Abuisson, dirigente del partido ARENA, acusado de crímenes de lesa humanidad e identificado por la Comisión de la Verdad de las Naciones como uno de los líderes de los Escuadrones de la Muerte.

El domingo anterior el arzobispo salvadoreño había pedido a los militares que cesara la represión y que no dispararan contra sus hermanos. Monseñor Romero se había convertido al Dios de los pobres ante el cadáver de Rutilio Grande y era la conciencia crítica y la voz profética que denunciaba la represión llevada a cabo por el Ejército con el apoyo del Gobierno presidido por el político demócrata-cristiano Napoleón Duarte contra poblaciones enteras, que caían inermes bajo el impacto de las balas militares salvadoreño-estadounidenses.

En diciembre de 1980 fueron secuestradas, violadas y asesinadas por miembros de la Guardia Nacional las misioneras estadounidenses Ita Ford, Maura Clarke, Dorothy Kazel y Jean Donovan. ¿Reacción de Estados Unidos? Suspender la ayuda militar al Gobierno militar para reanudarla un mes después. La embajadora en Naciones Unidas acusó a sus compatriotas de estar implicadas en actividades subversivas contra el Ejecutivo salvadoreño.

Por esas mismas fechas la Universidad Centroamericana ‘José Simeón Cañas’ (UCA), dirigida por los jesuitas, iniciaba una nueva andadura bajo el signo de la opción por los pobres con el objetivo de iluminar y transformar la sociedad desde una pedagogía de la liberación. «La Universidad -dijo Ignacio Ellacuría, rector de la UCA cuando recibió el doctorado ‘honoris causa’ en la Universidad de Santa Clara, California, en 1982- debe encarnarse entre los pobres intelectualmente para ser ciencia de los que no tienen ciencia, la voz ilustrada de los que no tienen voz, el respaldo intelectual de los que en su misma realidad tienen la verdad y la razón, aunque sea a veces a modo de despojo». En un mundo donde reinan la falsedad, la injusticia y la represión, proseguía, una universidad así «no puede menos de verse perseguida».

El acto de barbarie que conmocionó al mundo entero se consumó la noche del 16 de noviembre de 1989 con la ejecución de ocho personas de la Universidad Centroamericana ‘José Simeón Cañas’ (UCA). Seis eran jesuitas: Ignacio Ellacuría, rector de la Universidad, filósofo y teólogo de la liberación; Ignacio Martín-Baró, profesor de psicología social, vicerrector de postgrado y director del Instituto de la Opinión Pública; Segundo Montes, estudioso de la situación social de los desplazados salvadoreños en Centroamérica y EE UU y fundador del Instituto de Derechos Humanos de la UCA; Joaquín María López, fundador de la UCA y director de la obra latinoamericana de promoción social ‘Fe y Alegría’; Amando López, teólogo y formador de sacerdotes; Juan Ramón Moreno, director de ejercicios espirituales de San Ignacio y alfabetizador en Nicaragua. Dos eran mujeres: Elba Ramos, que trabajaba en la residencia de los jesuitas, y Celina, su hija de quince años.

Cinco de ellos eran españoles y tres salvadoreños, personas pacíficas todas ellas que trabajaban por la reconciliación y la justicia en su país. Unos días antes la UCA había sido objeto de un cuidadoso registro. La tarde anterior a la matanza una vecina había oído decir a un soldado: «Esta noche vamos a matar a Ellacuría y a todos esos hijos de puta que están ahí dentro». La mujer no dio crédito a tales afirmaciones por considerarlas bravuconadas soldadescas.

Durante al menos tres lustros la Iglesia de los pobres en El Salvador fue una Iglesia perseguida, y los líderes de comunidades, sacerdotes, religiosos, religiosas asesinados deben ser considerados mártires porque murieron por dar testimonio de la fe cristiana a través de la lucha por la justicia. Sin embargo, ni la jerarquía católica salvadoreña ni el Vaticano los reconocen como tales. Peor aún, los jesuitas asesinados fueron acusados por la propia institución eclesiástica de haberse alejado de su misión evangelizadora y de ser políticamente subversivos.

La jerarquía católica no ha dado un solo paso para su rehabilitación. A esto cabe añadir que las actuaciones judiciales que se han sucedido hasta ahora han fracasado y que la Ley de Amnistía de 1993 fue en realidad una ley de impunidad.La decisión de la Audiencia Nacional da aliento a quienes, con la presentación de la querella, pretenden reavivar la memoria histórica, rehabilitar, reparar y hacer justicia a ocho víctimas inocentes que no pueden caer en el olvido.

La decisión de la Audiencia Nacional de investigar el asesinato de seis jesuitas y dos mujeres en 1989 en El Salvador permitirá «hacer justicia a ocho víctimas inocentes que no pueden caer en el olvido» y a las que, según el autor, ni la jerarquía católica salvadoreña ni la Iglesia reconocen como tales

jueves, 12 de noviembre de 2009

Aborto: ¿Herejía y excomunión? por José María Castillo.


Autor : José María Castillo, teólogo. Tomado de http://josemariacastillo.blogspot.com/2009/11/aborto-herejia-y-excomunion.html







Mons. Martínez Camino ha dicho que aprobar la ley del aborto es una "herejía" y lleva consigo la "excomunión". Como es lógico, los periodistas y "tertulianos" de diversas cadenas de radio y TV se han ocupado de este asunto y comentan la gravedad de las palabras que ha utilizado el obispo Martínez Camino. Pero ocurre que los periodistas no son teólogos. Y tienen el peligro de utilizar sin la debida precisión las palabras que ha dicho el obispo. Por eso me ha parecido que podrá ayudar, a quienes entran en este blog, saber algo más preciso sobre los términos tan fuertes y severos que ha utilizado el portavoz de la Conferencia Episcopal.

El Código de Derecho Canónico dice que "se llama herejía la negación pertinaz, después de recibido el bautismo, de una verdad que ha de creerse con fe divina y católica, o la duda pertinaz sobre la misma" (can. 751). Por tanto, la herejía no es un acto de "desobediencia" a una decisión del papa o del obispo. Ni coniste en la "insumisión" a las orientaciones o preceptos morales que impone la jerarquía eclesiástica. La herejía es algo mucho más grave. No se refiere a la "obediencia a los obispos", sino a la aceptación de la "fe divina y católica", es decir, lo que Dios nos ha revelado y la Iglesia lo propone como tal. Esto exactamente es lo que dijo (a. 1870) el concilio Vaticano I (Denzinger-Hünermann, nº 3011).


Por tanto, el aborto podría ser motivo de herejía sólo si se considera como una verdad de fe divina y católica. Es verdad que Dios prohíbe matar. Pero no sólo a los no nacidos, sino a todo ser humano. Sin embargo, la Iglesia no amenaza con la herejía a quienes admiten la pena de muerte. Y, durante siglos, los clérigos enseñaron que matar a herejes, infieles, homosexuales y otras gentes rechazadas por la religión, eso no era pecado, sino un deber.


Así las cosas, un católico tiene que estar en contra de la muerte. Pero de la muerte de todo ser humano. Y aquí habría que aclarar dos cosas:


1) a partir de qué momento un embrión empieza a ser un "ser humano", un asunto sobre el que no hay un consenso ni en la comunidad científica, ni en la comunidad creyente.

2) por qué los obispos son tan exigentes en el tema del aborto y no lo son en otras agresiones mortales a la vida humana, como es el caso de la guerra o de la pena de muerte.


Por lo demás, no olvidemos que el problema que se plantea no es que el Parlamento vaya a imponer la obligación de abortar, sino que va a regular las cosas de manera que las mujeres que consideren que pueden o deben interrumpir su embarazo, lo hagan en condiones humanas y sanitarias menos peligrosas e inhumanas. Y siempre dentro de los márgenes que permitan las leyes, que el Parlamento dicta para todos los ciudadanos, creyentes y no creyentes.


La excomunión es la privación de la comunión sacramental y de la participación en cualquier ceremonia de culto sagrado, así como desempeñar oficios o cargos eclesiásticos (can. 1331). Por tanto, es un castigo que se refiere directamente a la Eucaristía y, por eso, a la vida cultual de la Iglesia en todas sus manifestaciones.


Aquí es conveniente recordar que, según cuentan los evangelios, Jesús no excluyó jamás nadie de su mesa. Ni siquiera excluyó a Judas en la Cena en que instituyó la Eucaristía. Es más, sabemos que a Jesús se le acusaba de que precisamente solía compartir sus comidas con pecadores y gentes de mala fama (Lc 15, 1 ss), lo que era motivo de escándalo para los observantes de entonces.


Pasado el tiempo, se introdujo la costumbre de prohibír la comunión a los pecadores "escandalosos". Esta práctica se mantuvo hasta finales del s. VII. Pero, si el problema estaba en los pecados "escandalosos", eso quiere decir que eran hechos "públicos" y "notorios". No hay datos que demuestren con seguridad que la "vida privada" de los cristianos fuera motivo de exclusión de la Eucariatía. Como es lógico, la interrupción del embarazo, si se practica en los comienzos de la gestación, parece que se sitúa en el ámbito de la privacidad de la persona.


En cualquier caso, yo me limito a exponer el sentido de los térimnos teológicos. Soy teólogo y no quiero hablar sino de lo que puedo entender. En este asunto tan complejo, hay que escuchar sobre todo a los entendidos en biología, medicina, derecho y otros saberes que inciden en el problema. Yo me limito a exponer mi punto de vista, en lo que puedo entender sobre el tema. Respeto los puntos de vista de los demás.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Entrevista a Leonardo Boff


Autor: Jesús Bastante.
Tomado de http://www.periodistadigital.com/religion/mundo/2009/11/11/-la-iglesia-jerarquica-no-convive-bien-con-la-democracia-.shtml


Entrevistar a Leonardo Boff es una experiencia peculiar, pues el interlocutor te exige algo más que unas preguntas y una grabadora. Y es que Boff no se limita a contestar (no elude cuestión alguna), sino que dialoga con el periodista, le obliga, en cierto modo, a reaccionar ante sus palabras, y posteriormente a hacer un ejercicio de abstracción para que el protagonista de la entrevista no sea otro que el entrevistado. El teólogo brasileño, que esta semana se encuentra en Madrid, recibió ayer a RD en el Colegio Calasancio, donde impartió una conferencia sobre ética y espiritualidad ante la crisis. Hoy, recibirá un homenaje en la Carlos III y, por la tarde, visitará la parroquia "roja" de Entrevías.

Leonardo Boff, Hans Küng... Amigos del actual Papa y, sin embargo, "castigados" por el mismo...
Küng y yo somos distintos. Él es un gran escritor para el gran público, yo soy un teólogo que habla con la gente. Küng dialoga con la sociedad, es un maestro en la tolerancia, las relaciones con el judaísmo. A él le dolió mucho que le quitaran la cátedra y el título de "teólogo católico", yo simplemente me fui, sin irme.


¿Cuál es su relación con Benedicto XVI?
Simbolizamos otro tipo de Iglesia. Existen dos tradiciones en pelea: la del Concilio Vaticano II, la del diálogo y abierta al mundo; y la de Juan Pablo II y Benedicto XVI, la del testimonio. Ellos no dialogan, no se abren al mundo: hacen críticas duras a toda la modernidad, se enfrentan con los no católicos, diciendo que no son iglesia... Siguen la tesis de la única religión verdadera y eso, en una perspectiva de globalización y encuentro de pueblos, no es viable ni inteligente. Es una postura muy cerrada y dogmática. Roma no acepta aprender, sólo enseñar en imponer sus tesis.


¿Llega el mensaje de la Iglesia oficial a las masas?
El problema es que la base de su teoría parte del convencimiento de que en la Iglesia tienen que ser pocos pero puros e intachables. Pero lo cierto es que hay pedófilos, corruptos... Es una Iglesia de conversos, de élites, no es una Iglesia para la humanidad. Benedicto XVI tiene como modelo los doce apóstoles: cree que Cristo creó una pequeña comunidad de elegidos, y el resto son una masa difusa, sin nombres. Pero el Cristianismo está abierto a todos los que quieran, se puede encarnar en muchas culturas. Y el Papa tiene dificultades para aceptar eso. En su opinión, la Iglesia resultó del encuentro de la cultura judía, griega y romana, y ahí se termina... No incorpora, no acepta el Iluminismo, la Tradición democrática moderna, o socialista. De ahí la dificultad que tiene de aceptar la entrada de Turquía en la UE.


¿Dónde está la raíz del problema?
La raíz es política. La Iglesia jerárquica no convive bien con la democracia. Son instituciones totalitarias, centralistas, machistas... y la democracia no. La Iglesia, lamentablemente, es una institución piramidal, autoritaria, que no acepta la democracia como forma de gobierno o como estilo de vivir. En España lo están viviendo ahora: los obispos no van a aceptar nunca que en la sociedad se discuta el aborto o la homosexualidad. Se imaginan portadores de la verdad única para todos, y quiere imponérselo a los demás. La Iglesia tiene derecho a decir su mensaje, pero respetando otras opiniones: somos una entre tantas. Y no reivindicar el monopolio.

En Europa, estamos viviendo una polémica sobre la retirada de los crucifijos de las escuelas...
Yo pienso que la decisión no tiene que venir directamente de un juzgado, sino que tiene que madurar en la sociedad. Si dice que no nos identificamos, pues muy bien. Los símbolos tienen que ser universales, de todos. Dicho esto, yo creo que el Crucificado es más que un símbolo, y no sólo para el cristiano. La cruz no es monopolio de la Iglesia: hoy, media humanidad vive crucificada. Por la industrialización, por el medio ambiente, por la pobreza, el cambio climático...

La Iglesia, ¿ha desterrado el Concilio Vaticano II?
El Vaticano II fue aprobado por los obispos del mundo entero, pero el aparato eclesiástico nunca lo aceptó. Siempre se opuso, y se resistió con dureza a Pablo VI. Cuando después llegó un Papa de Polonia, naturalmente conservador y con dificultades para aceptar el Vaticano II, encontró sonoros aliados en Roma. La Curia vaticana boicoteó por dentro el Vaticano II. Y el propio Ratzinger opina que hay que leer el Vaticano II a la luz del Vaticano I. Esto es: desde el principio de la infalibilidad del Papa. Ahí se vacía todo el concepto de Iglesia como pueblo de Dios. Hay infinidad de casos en la historia de la Iglesia de Papas que se equivocaron, que pecaron, que no hicieron el bien...


Da la sensación, además, de que mientras Roma es implacable con los teólogos "progresistas", es más condescendiente con los grupos más tradicionales. Se está viendo con la vuelta de los anglicanos o el diálogo con los seguidores de Lefebvre...
Hay un clamoroso caso de desigualdad en el trato. El Papa trata a los conservadores con guantes de seda, y a nosotros con puño de hierro. Dialogan como si fueran viejos amigos, y en realidad lo son. Benedicto se entiende bien con ellos, mientras que a nosotros nos pone al lado de los subversivos de los socialistas, de los que no tienen que estar en la Iglesia. Pero somos nosotros los que estamos con los pobres, los marginados, los empobrecidos... somos los únicos que tenemos mártires, torturados, muertos, asesinados, mártires por la fe... Son signos de una Iglesia que puede mostrar su verdad, porque ha entregado sus vidas. A Balaguer lo santificaron enseguida, mientras que todavía esperamos por Romero o Ellacuría.

¿Tiene futuro la Iglesia de Romero o Ellacuría hoy?
Es la única iglesia que tiene futuro. Porque no se puede globalizar una institución occidental, porque es accidental. La única Iglesia que se puede globalizar es la que tiene una red de comunidades... Ahí sí puede surgir una iglesia universal, hecha de una red de comunidades. Romero y Ellacuría son símbolos, considerados santos por el pueblo, como en la primitiva Iglesia. Los cristianos somos herederos de un torturado, de un perseguido político. El cristiano, en Jesús, tiene un ejemplo fantástico, y eso en Latinoamérica se siente. Sin embargo, cuando uno escucha en Europa la predicación de un obispo, llega a dudar si Jesús moriría en la cruz, o tumbado en una cama acompañado de los obispos. Jesús sufrió porque luchó, porque se puso en la piel de los que sufrían, y no en la de los poderosos.


¿Cómo se siente Leonardo Boff dentro de la Iglesia?
Yo me siento dentro de la comunidad cristiana, como lugar espiritual. Pero vivo esto desde la perspectiva latinoamericana, que ha intentado traducir el Vaticano II en sus propias condiciones. Abiertos al mundo, que significa abiertos al submundo, a las personas modernas, a los pobres, a los indígenas, los aplastados... Hemos hecho una traducción dentro de nuestras condiciones. Eso ha permitido la salida de una iglesia de base. Esa es la reflexión de la Teología de la Liberación. Yo estoy dentro de esa tradición, en comunión activa y crítica con la Iglesia universal. La vemos muy eclesiocéntrica. El gran problema no es la Iglesia, sino la humanidad amenazada, la globalización. La Iglesia romana no tiene ningún discurso en ese sentido. Benedicto XVI lo toca en su encíclica, pero sólo al final, pidiendo la reforma de ONU, es un paso interesante. Pero si uno lo lee todo, en el fondo dice que la crisis es de funcionalidad del sistema, y no ve que es el sistema el que produce la pobreza, la devastación de la naturaleza

martes, 10 de noviembre de 2009

la espiritualidad y la mística, lejos de ser alienantes, son una verdadera revolución. Fragmento de un texto de Victorino Pérez Prieto, teólogo.


Autor: Victorino Pérez Prieto. Tomado de http://www.atrio.org/?p=1901



El reto que la mística y la espiritualidad hacen a las religiones es vivir de una forma nueva el núcleo más hondo de cada religiosidad, de experimentarlo y profundizarlo. Pero, como ha dicho Willigis Jäger, “la cosmovisión del s. XXI requiere una espiritualidad global adecuada a este tiempo”. Creo que actualmente, tanto las autoridades como la gran masa de cristianos tradicionales y aún los grupos que quieren vivir un compromiso desde la utopía evangélica, siguen padeciendo de algo que se les echa en cara desde hace siglos: que no vivimos ni transparentamos en nuestras vidas esa experiencia de Dios que debería caracterizarnos como una forma de estar en el mundo. La mejor Teología de la Liberación lo comprendió muy bien, por eso ha sido y es una teología que valora sobremanera la espiritualidad.


Espiritualidad y mística tuvieron en las décadas pasadas mala prensa entre la gente progresista, que quería huir del espiritualismo alienante… Pero la espiritualidad y a mística, lejos de ser alienantes son una verdadera revolución de la mirada, incluso más allá del mismo fenómeno religioso. Por eso, tienen en los últimos tiempos cada vez más aceptación, aunque por caminos a veces muy discutibles. La trampa que se hizo repetidamente en el pasado, y que pervive hoy, fue decir que esto de la mística es una cosa de unos pocos, de “almas sublimes”, de monjes alejados del trasiego de la vida diaria, protagonistas de fenómenos extraordinarios (arrobo, éxtasis…).


Pero esto no es así, lo propio del fenómeno místico está en una conciencia aguda de comunión profunda con la realidad. Para los teístas, de sentimiento de presencia divina, que sitúa a Dios como la base del conocimiento de esa Realidad y de mi mismo. Esto lo manifiestan tanto los/as místicos/as contemplativos cristianos Francisco de Asís “Mi Dios y todas las cosas”), Meister Eckhart, Catalina de Siena, Juan de la Cruz (”El alma ve las cosas… en Dios con su fuerza, raíz y vigor, tanto… que las conoce mejor en su ser que en ellas mismas”), Teresa de Jesús…, como los sufíes musulmanes (Al-Hallaj decía “Mi ‘yo’ es Dios”, frase que le costó el martirio), los cabalistas (Ibn Gabirol) y hasidíes judíos, los mahatma [alma grande] o los jâvanmutka [alma liberada] hindúes, los budhistas practicantes del zen o del Vipassana, del yoga, etc.


Del mismo modo, hoy necesitamos una espiritualidad y una mística que nos lleven a asombrarnos y a sumergirnos en la profundidad de la Realidad, en el Misterio que envuelve toda nuestra vida, en el Dios que habita todo. Una mística que desate nuestro espíritu y nos lleve a vivir sin miedos ni ataduras, más allá de intimismos individualistas, íntimamente vinculada simultáneamente al amor, a la sabiduría que rompe fronteras y supera esquemas dualistas, y la profecía para saber ver la realidad y comprometerse en su transformación.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Política y espiritualidad



Algunos de los que se interesan por el camino de la espiritualidad sienten una verdadero “horror” por eso de mezclar la espiritualidad y la política. Es una forma curiosa de dualismo, la postura ideológica más alejada de la espiritualidad, que tiende siempre a ser inclusiva e integradora, respetando las diferencias y la pluralidad.


Parece que es San Agustín el responsable de establecer los primeros gérmenes, en Occidente, de esta visión puramente “profana” de la política. No será, sin embargo, hasta el triunfo de la Reforma Gregoriana, que el poder político será considerado algo puramente profano y, por lo tanto, sometido a la institución eclesial, el Papado. Esta teoría, poco tradicional aunque ahora parezca serlo, generará una lucha entre la Iglesia y las instituciones políticas, que todavía es posible rastrear hoy. Las consecuencias de este enfrentamiento son la reducción de la política al ámbito de la pura lucha por el poder y la politización ( en este sentido de búsqueda del poder) de la Iglesia, que se convierte en una institución que busca el dominar a otros poderes y no ser dominada, es decir, que termina convirtiéndose en un grupo que intenta dominar la sociedad.


Desde el punto de vista espiritual la política no es simplemente la búsqueda del poder, es el ámbito de desarrollo de la ética en la dimensión social. Entendiendo por ética, no un mero conjunto de obligaciones sino la expresión práctica, la expresión en actos (actualización), de nuestro ser más profundo.


La mística nunca puede ser una mera búsqueda interna, desencarnada y descomprometida, tiene que tener una dimensión ética, y por lo tanto, política. No hablo aquí de búsqueda de poder sino de compromiso con los demás seres humanos, en especial, con los más débiles y excluidos.


Necesitamos de un nuevo discurso político que incluya la espiritualidad como una dimensión esencial de la antropología. Vamos a un mundo plural e interconectado, que puede convertirse en un mundo uniformado, paneconómico y tecnocrático, que nos lleve al desastre ecológico global. O bien, estamos en el umbral de una nueva etapa de la historia humana, un mundo más humanizado, más respetuoso con los otros y con la naturaleza, más justo y fraterno, más allá del patriarcado, el logocentrismo, la tecnocracia y el capitalismo salvaje.


Un mundo en el que la cultura de la guerra dé paso a la cultura de la paz, que no es sólo la ausencia de guerras, sino la admisión de la pluralidad y la interconexión de todo con tod@s. Si la espiritualidad, la mística, es precisamente la experiencia de esta comunión, la espiritualidad, en toda la variedad de expresiones que tiene (hay una espiritualidad no teísta e incluso una espiritualidad laica y no creyente) es algo fundamental para caminar hacia ese mundo de diálogo, pluralismo y convivencia en la diversidad.


Hola, Bienvenid@s.


Este Blog quiere ser un lugar de encuentro para todos aquellos que queremos ayudar a transformar la sociedad para convertirla en un lugar más fraterno, más libre, más justo y, a la vez, somos conscientes de que todo cambio social sólo es posible si hay un cambio personal e interno y no se olvida lo que nos enseña la Tradición Espiritual de la Humanidad, intentándo actualizarla creativamente en cada época.


Mi camino...

el camino que sigo es el camino de la mística del amor, no un amor sentimental, sino un amor inteligente o consciente (amor iluminado decían los antiguos) y solidario, que no olvida el sufrimiento y la injusticia.
Guiado de la mano de de la mística monástica cisterciense (la primera mística moderna del amor), el esoterismo cristiano, la mística de san juan de la cruz y el zen... y animado por ideales progresistas y solidarios os invito a caminar juntos hacia un mundo y unos hombres y mujeres nuevos.