Hola, Bienvenid@s.


Este Blog quiere ser un lugar de encuentro para todos aquellos que tenemos una visión progresista, es decir,aquell@s que queremos ayudar a transformar la sociedad para convertirla en un lugar más fraterno, más libre, más justo y, a la vez, somos conscientes de que todo cambio social sólo es posible si hay un cambio personal e interno y no se olvida lo que nos enseña la Tradición Sapiencial de la Humanidad, intentándo actualizarla creativamente en cada época.

Mi camino...

el camino que sigo es el camino de la mística del amor, no un amor sentimental, sino un amor inteligente o consciente (amor iluminado decían los antiguos) y solidario, que no olvida el sufrimiento y la injusticia.
Guiado de la mano de de la mística monástica cisterciense (la primera mística moderna del amor), el esoterismo cristiano, la mística de san juan de la cruz y el zen... y animado por ideales progresistas y solidarios os invito a caminar juntos hacia un mundo y unos hombres y mujeres nuevos.

martes 1 de diciembre de 2009

Existe un Islam feminista y reformista. Conocerlo nos vacuna contra la Islamofobia. Extracto de un artículo de J. J. Tamayo.


Tomado de http://www.iglesiadebasedemadrid.org/TEOLOGIAISLAMOCRISTIANA.htm


Desde hace varias décadas se desarrollan en el islam importantes corrientes reformistas y feministas que denuncian el monopolio tradicional de los varones, y más en concreto de los "clérigos", en la exégesis de El Corán, así como su interpretación patriarcal, contraria al espíritu originario y a su defensa de la igualdad entre hombres y mujeres. Estas corrientes pretenden liberarse de la casta de los intermediarios y de la burocracia de los ulemas, pues creen que el islam se basa en la relación directa de los creyentes con Dios y no necesita clérigos. Reclaman el derecho de las mujeres a acceder directamente a dichos textos y a interpretarlos desde la perspectiva de género. Perspectiva que las lleva a considerar El Corán como un importante instrumento en favor de la liberación de la mujer. ¿Son así las cosas o dicho planteamiento es fruto de una lectura demasiado interesada?

Ciertamente, el islam constituye un avance significativo en el reconocimiento de la dignidad de las mujeres. Más aún, como observa certeramente Jadicha Candela, sustituye el sistema sociocultural sexista vigente en la Arabia preislámica por un sistema humanitario capaz de integrar a las distintas minorías discriminadas: a las mujeres, a las niñas huérfanas, a los esclavos, etc. Numerosos son los textos de El Corán, sobre todo los de la época de La Meca, que reconocen igualdad de derechos y deberes a los hombres y a las mujeres.

De entrada cabe constatar que no existe relato alguno de creación de la mujer a partir de una costilla del varón, como lo hay en la Biblia judía (Génesis 2,21-22). Relato éste que es asumido por el cristianismo y está muy presente en el imaginario de los cristianos y de las instituciones eclesiásticas para justificar la superioridad del hombre sobre la mujer y las relaciones de dependencia y sumisión de ésta al varón. Según el texto coránico, hombre y mujer son creados iguales sin subordinación ni dependencia de uno a otro. La relación entre los creyentes y las creyentes es de amistad y protección mutua. En El Corán aparece 25 veces el nombre de Adán, que no es árabe sino hebreo, y en 21 de ellas tiene el significado de humanidad, no de hombre-varón. Tampoco se encuentra en el libro sagrado del islam un relato que responsabilice a la mujer del pecado y de la expulsión del paraíso, como aparece al comienzo de la Biblia judía (Génesis 3, 6).

En la situación de discriminación, e incluso de desprecio hacia su vida, en que se encontraban las mujeres en la sociedad árabe preislámica, El Coran supone un avance importante. Era tal la ofensa que suponía el nacimiento de una niña en aquella sociedad, que algunos padres llegaban incluso a matarla al nacer, como constata El Corán, que condena rotundamente esa práctica: "Cuando se le anuncia a uno de ellos una niña, se queda hosco y se angustia. Esquiva a la gente por vergüenza de lo que se le ha anunciado, preguntándosele si lo conservará, para deshonra suya, o lo esconderá bajo tierra… ¡Qué mal juzgan" (16,58-59).

El Corán reconoce igualdad de derechos y de deberes con respecto a la religión a hombres y mujeres, como demuestra el siguiente texto que utiliza un lenguaje claramente inclusivo de hombres y mujeres: "Dios ha preparado perdón y magnífica recompensa para los musulmanes y las musulmanas, los creyentes y las creyentes, los devotos y las devotas, los sinceros y las sinceras, los pacientes y las pacientes, los humildes y las humildes, los que y las dan limosna, los que y las que ayunan, los casos y las castas, los que y las que recuerdan mucho a Dios" (33,35). La recompensa y la buena vida por las buenas obras alcanzan a los hombres y a las mujeres creyentes por igual (16,97).

Tradiciones patriarcales en el Corán y hermenéutica de género

Hay, con todo, textos claramente patriarcales que defienden la superioridad del varón, su función protectora de la mujer y la dependencia de ésta. En ellos la virtud de las mujeres se vincula esencialmente a la devoción, a la obediencia y a la actitud sumisa hacia los maridos. La rebeldía se considera una falta de respeto para con ellos que debe ser castigada. Leemos en El Corán: "Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres en virtud de las preferencias que Dios ha dado a unos más que a otros y de los bienes que gastan. Las mujeres virtuosas son devotas. Y cuidan, en ausencia de sus maridos, de lo que Dios manda que cuiden. ¡Amonestad a aquéllas que temáis que se rebelen, dejadles solas en el lecho, pegadles! Si os obedecen, no os metáis con ellas" (4,34).

¿Cómo interpretan las teólogas feministas y los teólogos reformistas dentro del islam este texto y otros similares? Todos coinciden en que reflejan la mentalidad de la época, en la que estaba muy arraigada la inferioridad de la mujer. Hay quienes creen que los textos que justifican el sometimiento de la mujer al varón deben entenderse en sentido metafórico. En general se tiende a afirmar que la traducción es incorrecta. Dáraba es una palabra polisémica. A raíz del juicio contra el imam de Fuengirola, los filólogos árabes creen que el imperativo de dáraba de 4,34 no puede traducirse por "pegadlas" o "dadles una paliza". La traducción correcta sería "dadles un toque de atención". Hay incluso quienes creen que puede traducirse por "haced el amor".

Algunas tendencias feministas islámicas tienden a explicar la misoginia y la estructura patriarcal de muchas de las sociedades musulmanas apelando a la influencia que en el islam ejerció la misoginia del mundo mediterráneo, cuando esa religión entró en contacto con la cultura mediterránea. La propia evolución de la tradición del Hadiz parece confirmar dicha tendencia, ya que las primeras compilaciones, basadas en las informaciones de A’isha, la viuda del Profeta, defienden, generalmente, la igualdad entre hombres y mujeres, mientras que las compilaciones posteriores no reconocen tanta importancia a A’isha e introducen una serie de reglas que restringen la libertad de las mujeres.

Las tendencias islámicas reformistas y feministas suelen convenir en que El Corán debe interpretarse a la luz de los derechos humanos y no viceversa. Eso es aplicable a los textos sagrados de todas las religiones. En esa línea va la Declaración Islámica Universal de los Derechos Humanos proclamada el 19 de septiembre de 1981 en la sede la UNESCO por el Secretario general del Consejo Islámico para Europa, que defiende "un orden islámico en el que todos los seres humanos sean iguales y nadie goce de ningún privilegio ni sufra una desventaja o una discriminación, por el mero hecho de su raza, de su color, de su sexo, de su origen o de su lengua".

Pero esta interpretación no se queda en el terreno de los principios. Hay personas musulmanas que la llevan a la práctica, como Shirin Ebadí, abogada iraní y profesora de Derecho en la Universidad de Teherán, que recibió el Premio Nóbel de la Paz el año pasado por su lucha a favor de los derechos humanos. Ella es una practicante musulmana que ha levantado la voz en las aulas y en su despacho contra la discriminación de las mujeres en un país musulmán como Irán donde sigue aplicándose la Shari´a. Su actitud viene a mostrar y a demostrar no sólo la compatibilidad entre la creencia en Allah y la defensa de los derechos humanos, sino la relación intrínseca entre ambos .

domingo 22 de noviembre de 2009

El aprendizaje de la laicidad es necesario para la convivencia de los españoles. Entrevista a R. Díaz-Salazar, autor del libro "España Laica" .


Aquí os dejo esta entrevista con Rafael Díaz-Salazar, un experto en estos temas, creyente y defensor de la laicidad desde ópticas cristianas. Es un buen exponente de la visión de muchos católicos en estos temas, marginada y silenciada por los grupos con otra óptica, que en ocasiones quieren aparecer cómo la única visión católica de estas cuestiones. La realidad, sin embargo, es más plural.



- ¿Por qué el laicismo forma parte del debate político y cultural en nuestro país?
- El laicismo es un movimiento que toma fuerza cuando en una sociedad se intenta reforzar el pluralismo cultural y moral y otorgar derechos a minorías….

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¿Cuáles son las señas de identidad del laicismo?
- El laicismo es un movimiento humanista que ha aportado grandes valores morales. Se basa en la defensa del pluralismo religioso y moral y en la autonomía de la política respecto a la teocracia y el clericalismo. Reivindica la libertad de conciencia con fundamento ético, la neutralidad del Estado respecto a las ideologías y religiones, la igualdad jurídica de los ciudadanos y las organizaciones, la centralidad de la escuela pública para corregir desigualdades, otorgar capacidades y generar ciudadanos éticos. El laicismo no es constitutivamente antirreligioso y antieclesial. Se opone a la religión y a la Iglesia sólo en la medida en que éstas sean obstáculos a su defensa del pluralismo y a la necesaria distinción entre leyes, ética y religión…

- Algunos de los ideales del laicismo aparecen en algunas religiones, especialmente en el cristianismo originario, que es antiteocrático, anticlerical y antifundamentalista. Históricamente, los primeros defensores del laicismo son minorías religiosas perseguidas por Estados basados en una única confesión religiosa. Grandes personalidades religiosas, como Gandhi, han sido laicistas religiosos. Los misioneros cristianos en países musulmanes piden que el Estado sea laico.

Es cierto que en Europa históricamente el laicismo ha sido anticlerical y, en bastantes corrientes, antirreligioso. En gran medida, se debió al tipo de religión e Iglesia imperantes.

Actualmente hay cuatro tipos de laicismos: religioso, neutral respecto a la religión, excluyente de la religión e incluyente de lo religioso.

Muchas personas religiosas son laicistas: defienden el Estado laico, la autonomía del orden jurídico y político siempre que se ajuste a la moral del orden constitucional, el diálogo entre éticas plurales, la enseñanza laica y no confesional de la religión, la autofinanciación de las iglesias, el rol público de la religión en la sociedad civil, la acción conjunta con laicistas no religiosos.

- ¿Es la Iglesia católica un obstáculo para la construcción de la laicidad en España?-
Una parte de la jerarquía de la institución eclesial y los movimientos neoconservadores que difunden su estrategia son un claro obstáculo. Pero la Iglesia española es amplia y plural y en ella hay una cultura de la laicidad mayor que en muchas otras instituciones y asociaciones.

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¿Son incompatibles el catolicismo y el laicismo?
- Depende del tipo de catolicismo y de laicismo. En el libro expongo la afinidad de la propuesta de Pablo VI en la «Ecclesiam Suam» con un modelo basado en el laicismo inclusivo de la religión. Este modelo se realizó en la revolución americana y se está abriendo paso en Italia e incluso en Francia. Los obispos franceses han valorado positivamente los cien años de laicismo en su país.

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En el libro se propone una Alianza de Culturas Cívicas para la laicidad, ¿en qué consiste este proyecto?
- Para construir laicidad en España tenemos que instaurar una cultura nacional del diálogo basada en una apertura de unas culturas a otras con el fin de encontrar puntos comunes para el bien del país. Tiene que acabarse de una vez por todas el «guerracivilismo» y por eso recuerdo tanto a Azaña. En nuestro país existen culturas cristianas, liberales, conservadoras, socialistas, comunistas, anarquistas, nacionalistas. Activemos el encuentro y el diálogo entre ellas. E intentemos realizar un trabajo conjunto en algunos ámbitos. Al menos, que nunca cese un diálogo razonable y el cultivo de la amistad cívica entre adversarios frente al odio político e ideológico.

He propuesto diez objetivos concretos para una Alianza de Culturas que tienen como común denominador la educación moral y espiritual para una ciudadanía socialmente activa. Pretenden, además, ser un conjunto de indicadores para ver qué aporta cada una de las culturas citadas a la consecución de esos objetivos.

El trasfondo tiene que ser la laicidad, sin ella no saldremos de la guerra de unas culturas contra otras a través de un uso de las leyes desde convicciones ideológicas o religiosas.

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¿Una España más laica favorece o dificulta la convivencia nacional?-
El aprendizaje de la laicidad es necesario para la convivencia de los españoles plurales y diversos. Cuanto más compleja y variada es la ciudadanía, se requiere más laicidad; es decir, más independencia en el ámbito político-jurídico, más deliberación entre éticas plurales y más diálogo entre quienes somos distintos por nuestras identidades ideológicas, morales y religiosas.

Articular nuestro pluralismo para vivir juntos y bien comunicados los diversos es un objetivo que tenemos que conquistar en España

martes 17 de noviembre de 2009

El Carisma Cisterciense y el zen: ¿Hacia un zen cisterciense?.


Es curioso cómo, de manera más o menos espontánea, se ha ido produciendo el encuentro entre el Zen y la espiritualidad cisterciense a lo largo del siglo XX. Aunque, bien mirado, el Zen y Císter son dos espiritualidades que sin tener un contacto histórico tienen una perspectiva, en muchos aspectos, similar: sencillez, austeridad, búsqueda de la experiencia contemplativa… lo cual puede facilitar mucho el diálogo y comprensión mutuos.



No hay duda que ha sido T. Merton el primero que ha difundido el zen entre los cistercienses y que ha sido bajo su influencia que los encuentros entre monjes cistercienses y monjes zen se han ido propiciando. Merton nos dejó dos libros muy conocidos sobre zen y cristianismo: Místicos y maestros zen y El Zen y los pájaros del Deseo, que son prueba de su comprensión del zen y de la tradición cristiana.



Más reciente es la relación del zen y del monje cisterciense Thomas Keating, quien conoció el zen a través del maestro Sasaki Roshi, que acudía al monasterio cisterciense de Spencer (EE.UU) para dar retiros o sesshin a los monjes que estaban interesados.



Hoy los contactos son muy numerosos, muchos monjes cistercienses acuden a sesshin zen y también monjes zen visitan monasterios católicos. Pero me interesa fijarme en estos dos monjes, Merton y Keating, porque son representativos de dos actitudes que los cristianos han asumido habitualmente tras el encuentro con el zen.



Merton mantiene al zen y al cristianismo en diálogo, sin unirlos pero en mutua relación. Ahora bien, no quiere hacer mezclas o sincretismos que deformen el zen y el cristianismo, falseándolos. Zen y cristianismo están llamados a dialogar e influirse mutuamente sin pretender explicar el zen desde el cristianismo o el cristianismo desde el zen. En la práctica esto supone conservar el rostro occidental del cristianismo y el rostro japonés u oriental del zen. El cristiano que conozca el zen será “profeta de dos lenguas” dicen algunos, hablará dos lenguas espirituales diferentes aunque con equivalencias entre ellas que permiten la traducción de la una a la otra y que enriquecen a quien conoce ambas experiencias, que en lo profundo son una.



Keating, representa otra de las actitudes cristianas ante el zen, aquella que se inspira en sus prácticas y estilo para dar un nuevo impulso a la mística cristiana. La oración centrante de Keating no pretende, en absoluto, ser zen pero está muy influida por el zen. Aquí, por lo tanto, se trataría de ser enriquecidos con el zen para redescubrir la mítica cristiana, sin abandonarla ni integrarse en el zen de forma completa.



Ambas son posturas legítimas y dan frutos valiosos. Sin embargo, no agotan todas las posibilidades que surgen del encuentro entre el zen y el cristianismo. Existe también en occidente un zen que no quiere limitarse a repetir más o menos el zen japonés sino que quiere adaptarse plenamente a Occidente y a la espiritualidad cristiana sin dejar de ser zen. Willigis Jäger podría ser un ejemplo de esta línea de zen occidental o secular, que no se limita a reproducir el zen japonés.



No se trata de mezclar y confundir sino de crear algo nuevo pero plenamente legítimo, un zen cristiano u occidental. Un zen diferente al japonés y budista, pero plenamente zen. Un zen impulsado por cristianos o por laicos que descubren un rostro zen oculto en el cristianismo o en la mística occidental (por ejemplo, con la existencia de auténticos koan en los evangelios y en la tradición mística occidental) y un rostro cristiano (o humanista) en el zen japonés, con la existencia de algunos maestros japoneses más o menos marginados por al corriente principal del zen, que emplean un lenguaje más personalista en su descripción de la experiencia zen. Y es que el diálogo, si es un auténtico encuentro, siempre transforma a los que lo viven y produce cambios, algo nuevo. Esto nuevo sería este zen occidental, laico y cristiano.



También el carisma cisterciense puede participar de este movimiento. Y en esta dirección es en la que también algunas personas vinculadas al carisma cisterciense y al zen queremos ir trabajando, intentando que pueda ser posible un zen cisterciense, respetuoso con ambas tradiciones, que renueve e impulse el carisma cisterciense y el zen para que, en unión, puedan ser, para quienes se sienten identificados con ambas espiritualidades, una de las vías de difusión de la experiencia espiritual en la sociedad actual, en vistas a trabajar por el Reino en términos cristianos o a vivir desde la mente compasiva original, en términos zen.

FE DESDE LA FRONTERA (O PERTENENCIA ECLESIAL DESDE LOS MÁRGENES). Juan José Tamayo, teólogo.


Tomado de http://www.redescristianas.net/2007/01/31/fe-desde-la-frontera-o-pertenencia-eclesial-desde-los-margenes-juan-jose-tamayo/


Uno no elige, generalmente, vivir en frontera. Son las circunstancias las que nos ponen colocan en esa tesitura. Suele suceder en el terreno político, en regimenes dictatoriales. Cuando una persona se exilia y abandona su país, no suele hacerlo por gusto o por deseo de buscar aventuras, sino obligado por las restricciones impuestas a la libertad e incluso por el peligro a perder la vida.
También en las sociedades democráticas, son las situaciones de corrupción generalizadas, la injusticia estructural, los límites impuestos al ejercicio de las libertades y a la práctica de los derechos humanos, las promesas incumplidas, las que llevan a situarnos en la frontera del sistema. Y ello como expresión de solidaridad y sintonía con quienes son excluidos del sistema, desde la conciencia de una ciudadanía no excluyente.
El funcionamiento rígido de no pocas instituciones de las sociedades democráticas, como partidos, sindicatos, asociaciones profesionales, conduce también no pocas veces a vivir en frontera, en el límite, con sentido crítico, ejerciendo la protesta y la denuncia contra los abusos antidemocráticos en organizaciones supuestamente democráticas y cuestionando las perversiones que se producen en el terreno ideológico, en las mismas estructuras, en el funcionamiento y en la organización con frecuencia autoritaria. Quienes permanecen acríticamente dentro de las instituciones y se adaptan al sistema no crean problemas a quienes controlan el poder y lo ejercen abusivamente.
Los críticos son arrojados a los márgenes, con el veto para asumir puestos de responsabilidad. La frontera es el lugar de paso, la “patria de los viajeros”, de los viandantes, de los peregrinos, que llegan en son de paz, con voluntad de convivencia y en actitud de diálogo. Es el espacio donde hay que acoger a los que llegan, sin preguntarles de dónde vienen y a dónde van: refugiados políticos, emigrantes, trabajadores, mujeres desplazadas. Es el lugar donde ejercer la solidaridad. Viviendo en la frontera, estamos en condiciones para la apertura a la universalidad, para practicar el cosmopolitismo, para el reconocimiento de la alteridad, para la acogida del prójimo, para la práctica de la hospitalidad sin discriminaciones ni exclusiones.

La frontera, los márgenes, son el lugar más creativo, más consciente, la forma de expresar la disconformidad con el sistema. Vayamos al cristianismo en sus orígenes. Jesús de Nazaret nació en la frontera, Galilea. Es ahí, en tierra de gentiles y de movimientos revolucionarios contra el Imperio, no en Jerusalén –tampoco en Roma- donde nace el cristianismo como experiencia de la mesa compartida, de la comensalía superadora de las jerarquías. Vivió siempre en los márgenes de la sociedad, en solidaridad con los marginados y excluidos. Se movió en los límites de la religión, compartiendo mesa con los empobrecidos y desarrapados.

Fue un transgresor de la ley en solidaridad con los pecadores. ¿Qué pasa en el cristianismo histórico, en las iglesias? En su libro The Church in the Round la teóloga Letty Russell define la Iglesia como una comunidad de fe y de lucha, solidaria con todos los que están en los márgenes de la sociedad y de la Iglesia. Me parece una definición muy certera, en sintonía con su fundador, Jesús de Nazaret, y en el proseguimiento de su causa, la liberación de los oprimidos. El cristianismo en la frontera no es un fenómeno que haya surgido en nuestro tiempo.

En la historia del cristianismo siempre hubo grupos de creyentes que vivieron su fe en la frontera, fuera de los marcos oficiales y en conflicto con la institución eclesiástica.

Las historias de la Iglesia ofrecen numerosos ejemplos, en los que ahora no puedo detenerme: anacoretas, monjes, mendicantes, beguinas, movimientos laicos, iglesia de los pobres, reformadores, profetas, mártires, místicas y místicos, teólogos doctrinalmente heterodoxos y críticos del sistema eclesiástico y político, etc. Sin embargo, la ubicación en la frontera no les llevaba a abandonar la Iglesia ni a sentirse incómodos dentro de ella. Todo lo contrario.. Era otra forma de vivir la fe, ciertamente más afín al movimiento igualitario y marginal que se agrupó en torno a Jesús de Nazaret.

Viviendo en los márgenes los movimientos cristianos alternativos denunciaban las alianzas entre el trono y el altar, asumían la pobreza como estilo de vida y se hacían portadores del grito de los pobres por una vida digna. Hoy existe también un cristianismo de frontera vivo y activo cada vez más numeroso. Cuanto más involuciona la institución eclesiástica, más creyentes y movimientos eclesiales son arrojados a los márgenes. En la medida en que se dogmatiza, se erige en “Absoluto” y se cierra sobre sí misma, más espacio hay para la disidencia, e incluso para la heterodoxia. Tres son los grupos que mejor representan, a mi juicio, el cristianismo de frontera, la Iglesia en los márgenes: los movimientos cristianos de base, los colectivos de teólogos críticos, el movimiento feminista dentro de las iglesias.

Los movimientos cristianos de base se caracterizan por su sentido crítico de las instituciones religiosas, por el cuestionamiento del orden eclesiástico establecido, por el rechazo de la “razón de Estado” que impera en la organización. Se encuentran en los márgenes del poder. Su lugar social es el mundo de la marginación. Su opción radical son los excluidos, no los poderosos. Su alianza es con los movimientos que luchan contra la marginación. No son Iglesia paralela, ni clandestina – aunque a veces tengan que vivir en la clandestinidad-.

Es desde los márgenes como se sienten Iglesia, sin complejo de superioridad, pero tampoco de inferioridad. Los colectivos de teólogas y teólogos críticos no quieren ser correa de transmisión de la ideología oficial del magisterio eclesiástico, ni desean legitimar la actual organización de la Iglesia, jerárquico-piramidal y patriarcal. Ejercen, más bien, una función crítica de las desviaciones ideológicas y organizativas del sistema eclesiástico. Como los movimientos cristianos de base, se ubican en los lugares de marginación y de exclusión, donde viven más de dos terceras partes de la humanidad. Y convierten el lugar social en lugar epistemológico. Los pobres dan que pensar a los teólogos y a las teólogas, cambian sus esquemas mentales, modifican sus prioridades hermenéuticas.

Su teología ayuda a interpretar el mundo en clave de solidaridad y a transformarlo en clave de fraternidad-sororidad. Para ellos, la opción por los pobres es una verdad teológica, que tiene su base en el verdadero misterio de Dios, que es ser Dios de los pobres. Es una verdad teológica, que tiene su fundamento en Jesús de Nazaret, hombre libre, que realizó prácticas de liberación, por eso lo mataron y Dios lo resucitó haciendo triunfar la vida sobre la muerte y a la víctima sobre el verdugo. El movimiento feminista es otro de los ejemplos emblemáticos luminosos del cristianismo ubicado en los márgenes. Diría más: es el más luminoso y emancipador, porque se pone del lado de las grandes olvidadas –incluso por los teólogos- de la historia, las mujeres, silenciadas, invisibilizadas, “domesticadas”.
Se ubica dentro de los movimientos cristianos de liberación, ya que lucha contra todas las discriminaciones y esclavitudes a las que son sometidos los seres humanos, pero muy especialmente de la discriminación de género. Ofrece resistencia organizada al patriarcado y sus estrategias de dominación. Da voz a las mujeres doble y triplemente oprimidas,. Aporta razones contra la opresión de género y a favor de la igualdad (no clónica). La teología feminista ayuda a las mujeres a recuperar su subjetividad, negada con frecuencia por las iglesias, y las reconoce como sujetos morales, religiosos, teológicos, y como interlocutores en igualdad de condiciones que los varones.
Importante contribución de los movimientos feministas cristianos es la abolición de todos los dualismos. A la división entre público y privado, el feminismo responde afirmando que “lo personal es político”. Frente al dualismo entre cuerpo y espíritu, propone que “la sexualidad es espiritualidad”. A la oposición entre lo cotidiano y lo extraordinario, responde: “lo cotidiano es el lugar de la experiencia humana, de la vivencia cristiana y del quehacer teológico”.
(*) Juan José Tamayo es Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones. Universidad Carlos III de Madrid. Artículo publicado en el Nº 107 de Tiempo de Hablar-Tiempo de Actuar

lunes 16 de noviembre de 2009

¿La biblia es homófoba?, por Rafael S. V. Rivera, filólogo bíblico.


Tomado de http://www.cristians-homosexuals.org/paginas/documentos/biblia%20y%20homosexualidad.htm

Consideraciones generales
Para la comprensión de la sexualidad desde un punto de vista cristiano no debemos tomar citas aisladas, sino intentar hacer una comprensión global basando toda apreciación en criterios evangélicos:

- no excluir a ninguna persona o grupo en razón de ninguna diferencia: racial, lingüística, social, económica, religiosa, y naturalmente sexual. Jesús no excluyó a nadie.
- no convertir Ia ética cristiana en un legalismo sin sentido, lo cual sería volver a la Ley judía (Torá), que Jesús y las primeras comunidades abandonaron.

- basar toda ética en el precepto del amor al prójimo: no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti.


Debemos considerar que Jesús dio muy poca importancia a la ética sexual y familiar, nunca habló contra las prostitutas, relativizó la importancia de la familia como institución, perdonó a las adúlteras -única actividad sexual que parece considerar pecaminosa-. No habló nunca de la homosexualidad; era un tipo de relación que no afectaba a intereses sociales o humanitarios: no producía viudas o mujeres abandonadas sin sustento, no generaba huérfanos o hijos sin padre, ni tampoco provocaba otros problemas sociales. Convertir el sexo en el eje fundamental de la moral, como se hace con frecuencia, es una gravísima traición al mensaje liberador de Jesús...
La raíz de la homofobia no es la Biblia; hasta el siglo XII la homosexualidad fue admitida plenamente por las iglesias europeas hasta el punto de celebrar liturgias de unión entre personas del mismo sexo. Pero desde el siglo XII los detractores de los homosexuales buscaron justificación a sus ideas en todas las fuentes que tenían a su alcance, también en la Biblia y contribuyeron de este modo a generar la creencia de que la Biblia condena la homosexualidad. Afortunadamente hoy el método histórico-crítico devuelve a la exégesis bíblica la racionalidad que tanto tiempo le ha faltado y nos devuelve a los creyentes la Biblia como historia de una liberación comunitaria y experiencia de una liberación personal.


La Biblia no es un libro mágico, no es un amontonamiento absurdo de normas éticas contradictorias, no puede ser reducido a un almacén de citas aisladas para justificar los prejuicios sociales, religiosos, étnicos, sexuales raciales, etc.
La Biblia es un patrimonio religioso, humano y cultural universal también de los homosexuales, consistente en la experiencia religiosa de 2000 años, desde que Abrahán salió de Ur abandonado a sus ídolos hasta que las primeras comunidades cristianas se organizan para dar testimonio de la resurrección de Jesús. Para nosotros los cristianos, Jesús de Nazaret es la cumbre de la Biblia y la luz que le da todo su sentido.
Quienes condenan la homosexualidad, además de justificar la homofobia social, en la práctica excluyen a los homosexuales de la comunidad cristiana; para una persona homosexual no tiene sentido que le digan "la condición homosexual no es pecaminosa, su práctica sí lo es", porque la sexualidad afecta a la raíz más profunda de la psique humana e involucra numerosas facetas de la personalidad de heterosexuales y de homosexuales: nadie puede separar condición de sentimientos. Quienes excluyen a los homosexuales excluyen también a Jesús, que anduvo en compañía de leprosos y prostitutas.

Siete razones por las que las mujeres pueden ser ordenadas sacerdotes, por John Wijngaards, teólogo


Tomado de http://www.womenpriests.org/sp/default.asp





1. Un solo sacerdocio en Cristo
A través del bautismo las mujeres y los hombres comparten igualmente el nuevo sacerdocio de Cristo.Esto incluye apertura a las Ordenes Sagradas.

2. Con poder de presidir
En la Ultima Cena Jesús dio el mismo poder tanto a los hombres como a las mujeres. Ambos pueden ser ordenados para presidir la Eucaristía

3. Desviaciones culturales
La practica de la Iglesia de no ordenar mujeres para el sacerdocio se basaba en tres tipos de prejuicio en contra de las mujeres(las mujeres eran consideradas inferiores, eran consideradas pecadoras e impuras por ello debía apartárselas del altar). Esto afectó el juicio de los líderes de la Iglesia.

4. Las mujeres han sido diaconisas
Hasta el S. IX la Iglesia consagró sacramentalmente diaconisas. Esto prueba que las mujeres pueden ser ordenadas.

5. La posibilidad de que las mujeres sean ordenadas ha estado presente en la Tradición latente de la iglesia.

Un ejemplo es la antigua devoción a María como sacerdote. Esto demuestra que, de acuerdo con el sentido de los fieles (sensi fidei), en María la prohibición contra las mujeres se ha superado.

6. La Iglesia amplia acepta las mujeres en el sacerdocio.
Después de estudios muy serios y mucha oración, otras Iglesias Cristianas ahora ordenan mujeres para el sacerdocio. Aunque no todas estas Iglesias sean aceptadas por la Iglesia Católica, este creencia convergente consensuada de los creyentes cristianos, confirma que, ordenar a las mujeres está de acuerdo con el deseo de Cristo.

7. Las mujeres son también, de hecho, llamadas a ser sacerdotes.
El hecho de que muchas mujeres católicas responsables, sientan que están llamadas por vocación al sacerdocio es un signo del Espíritu Santo que no debemos ignorar.

Conclusión: No hay argumentos validos contra el sacerdocio de las mujeres, y muchos argumentos verdaderamente Católicos en su favor.

Mártires de la UCA, por Juan José Tamayo

Tomado de http://blogs.periodistadigital.com/religion.php/2009/11/16/martires-de-una-iglesia-perseguida
La Asociación Pro Derechos Humanos de España (APHE) y el Centro de Justicia y Responsabilidad de San Francisco (CJA, EE UU) presentaron el pasado 13 de noviembre una querella en la Audiencia Nacional contra catorce militares del batallón Atlacatl que participaron en el diseño de la operación de ejecución de seis jesuitas y dos mujeres salvadoreñas hace diecinueve años y contra el entonces presidente de El Salvador, Alfredo Cristiani, por encubridor de tan horrendo y calculado crimen.

La querella se acogía al principio de Justicia Universal por crímenes de lesa humanidad que no prescriben nunca ni pueden quedar impunes. La decisión de estimarla, hecha pública ayer por la Audiencia Nacional -aunque rechaza inculpar al ex presidente salvadoreño -, supone un paso hacia la esperanza de que aquellos hechos no quedarán impunes, tras los juicios-farsa celebrados en el país centroamericano y tras la ley de amnistía de 1993 que dio el Gobierno de Alfredo Cristiani poco antes de hacerse público el informe de la Comisión de la Verdad y que no permitió la realización de procesos judiciales por los casos de asesinatos y violaciones de los derechos humanos perpetrados entre 1980 y 1992.

Aquel asesinato fue la crónica de una muerte anunciada. ¿Razón? El compromiso de las comunidades cristianas, sacerdotes, religiosos y religiosas en favor de la justicia y de la paz en un país sometido a la injusticia estructural y a la violencia institucionalizada, ambas legitimadas política y militarmente por los Estados Unidos. Pronto empezarían la represión y el martirio. En la campaña electoral de 1977 circularon pasquines con la siguiente leyenda: ‘Haga patria, mate a un cura’. Ese mismo año fueron asesinados en Aguilares el jesuita Rutilio Grandes y dos campesinos que le acompañaban. ¿Delito? Trabajar por la promoción y la concientización de los campesinos frente a la explotación salvaje a la que eran sometidos por los terratenientes.

Era el comienzo de la persecución contra decenas de sacerdotes, religiosos, religiosas, líderes de comunidades cristianas, asesinados en la cruzada anticomunista para la defensa de la civilización cristiana. Una cruzada que buscaba el apoyo del Papa, quien recibió informes contra Oscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador, a quien se acusaba de apoyar a la guerrilla.

«¡Cuidado con el comunismo, que está entrando en la Iglesia católica!», dijo Juan Pablo II a Romero durante la visita que hizo al Vaticano para informar de la persecución de que era objeto la Iglesia católica en su país «¡Santidad, quien persigue a la Iglesia en El Salvador no es el comunismo sino los gobernantes cristianos!», le respondió Romero. En otra visita el Papa le pidió: «Trate de estar de acuerdo con el Gobierno». La reacción de Romero fue de desolación: «El Papa no me ha entendido, no puede entender, porque El Salvador no es Polonia».

El 24 de marzo de 1980 fue asesinado monseñor Romero mientras celebraba la eucaristía en la capilla de un pequeño hospital de la ciudad por orden del mayor Roberto d’ Abuisson, dirigente del partido ARENA, acusado de crímenes de lesa humanidad e identificado por la Comisión de la Verdad de las Naciones como uno de los líderes de los Escuadrones de la Muerte.

El domingo anterior el arzobispo salvadoreño había pedido a los militares que cesara la represión y que no dispararan contra sus hermanos. Monseñor Romero se había convertido al Dios de los pobres ante el cadáver de Rutilio Grande y era la conciencia crítica y la voz profética que denunciaba la represión llevada a cabo por el Ejército con el apoyo del Gobierno presidido por el político demócrata-cristiano Napoleón Duarte contra poblaciones enteras, que caían inermes bajo el impacto de las balas militares salvadoreño-estadounidenses.

En diciembre de 1980 fueron secuestradas, violadas y asesinadas por miembros de la Guardia Nacional las misioneras estadounidenses Ita Ford, Maura Clarke, Dorothy Kazel y Jean Donovan. ¿Reacción de Estados Unidos? Suspender la ayuda militar al Gobierno militar para reanudarla un mes después. La embajadora en Naciones Unidas acusó a sus compatriotas de estar implicadas en actividades subversivas contra el Ejecutivo salvadoreño.

Por esas mismas fechas la Universidad Centroamericana ‘José Simeón Cañas’ (UCA), dirigida por los jesuitas, iniciaba una nueva andadura bajo el signo de la opción por los pobres con el objetivo de iluminar y transformar la sociedad desde una pedagogía de la liberación. «La Universidad -dijo Ignacio Ellacuría, rector de la UCA cuando recibió el doctorado ‘honoris causa’ en la Universidad de Santa Clara, California, en 1982- debe encarnarse entre los pobres intelectualmente para ser ciencia de los que no tienen ciencia, la voz ilustrada de los que no tienen voz, el respaldo intelectual de los que en su misma realidad tienen la verdad y la razón, aunque sea a veces a modo de despojo». En un mundo donde reinan la falsedad, la injusticia y la represión, proseguía, una universidad así «no puede menos de verse perseguida».

El acto de barbarie que conmocionó al mundo entero se consumó la noche del 16 de noviembre de 1989 con la ejecución de ocho personas de la Universidad Centroamericana ‘José Simeón Cañas’ (UCA). Seis eran jesuitas: Ignacio Ellacuría, rector de la Universidad, filósofo y teólogo de la liberación; Ignacio Martín-Baró, profesor de psicología social, vicerrector de postgrado y director del Instituto de la Opinión Pública; Segundo Montes, estudioso de la situación social de los desplazados salvadoreños en Centroamérica y EE UU y fundador del Instituto de Derechos Humanos de la UCA; Joaquín María López, fundador de la UCA y director de la obra latinoamericana de promoción social ‘Fe y Alegría’; Amando López, teólogo y formador de sacerdotes; Juan Ramón Moreno, director de ejercicios espirituales de San Ignacio y alfabetizador en Nicaragua. Dos eran mujeres: Elba Ramos, que trabajaba en la residencia de los jesuitas, y Celina, su hija de quince años.

Cinco de ellos eran españoles y tres salvadoreños, personas pacíficas todas ellas que trabajaban por la reconciliación y la justicia en su país. Unos días antes la UCA había sido objeto de un cuidadoso registro. La tarde anterior a la matanza una vecina había oído decir a un soldado: «Esta noche vamos a matar a Ellacuría y a todos esos hijos de puta que están ahí dentro». La mujer no dio crédito a tales afirmaciones por considerarlas bravuconadas soldadescas.

Durante al menos tres lustros la Iglesia de los pobres en El Salvador fue una Iglesia perseguida, y los líderes de comunidades, sacerdotes, religiosos, religiosas asesinados deben ser considerados mártires porque murieron por dar testimonio de la fe cristiana a través de la lucha por la justicia. Sin embargo, ni la jerarquía católica salvadoreña ni el Vaticano los reconocen como tales. Peor aún, los jesuitas asesinados fueron acusados por la propia institución eclesiástica de haberse alejado de su misión evangelizadora y de ser políticamente subversivos.

La jerarquía católica no ha dado un solo paso para su rehabilitación. A esto cabe añadir que las actuaciones judiciales que se han sucedido hasta ahora han fracasado y que la Ley de Amnistía de 1993 fue en realidad una ley de impunidad.La decisión de la Audiencia Nacional da aliento a quienes, con la presentación de la querella, pretenden reavivar la memoria histórica, rehabilitar, reparar y hacer justicia a ocho víctimas inocentes que no pueden caer en el olvido.

La decisión de la Audiencia Nacional de investigar el asesinato de seis jesuitas y dos mujeres en 1989 en El Salvador permitirá «hacer justicia a ocho víctimas inocentes que no pueden caer en el olvido» y a las que, según el autor, ni la jerarquía católica salvadoreña ni la Iglesia reconocen como tales