"Tutti i miei pensier parlan d’amore (Todos mis pensamientos hablan de Amor)". Vita Nuova. Dante Alighieri.

martes, 22 de febrero de 2011

HUMANIZAR EL ACOMPANAMIENTO EN El DUELO, por José Carlos Bermejo






Elaborar el duelo supone no solamente integrar la pérdida, asumir la desaparición del ser querido, aceptar que murió, sino también integrar la propia mortalidad, cuya conciencia se hace más patente con ocasión de la muerte de la persona querida. También hay muerte, pues, en los supervivientes.


Para humanizar el acompañamiento en el duelo, proponemos algunas claves a continuación, sin pretensión de ser exhaustivos, que complementarían cuantas pistas han ido surgiendo ya más arriba.


Las lágrimas que sanan la herida


El llanto es una de las expresiones más frecuentes en el duelo. Es una reacción natural a la pérdida, que algunas personas viven con más naturalidad y facilidad y otras intentan esconder o se lo permiten únicamente en soledad.


Llorar tiene un efecto benéfico de liberación: relaja, desahoga, produce descanso y tranquilidad de espíritu, reconcilia consigo mismo y con los demás, repara, restablece orden y equilibrio en el pasado para permitir vivir el presente serenamente, ablanda, deja visible la debilidad o, si se prefiere, la fortaleza de los sentimientos y del aprecio por el ser querido. Y ablandarse es humanizarse…


Las lágrimas son palabras pronunciadas (¡las hay de muchos tipos!) sentimientos drenados. Acompañar a quien llora significa intentar recoger los significados de estas “palabras”, escucharlos y más veces responder con el silencio que hacer grandes discursos acerca de ellas. Comprender empáticamente pasa también por poner en alguna palabra propia o en algún gesto la expresión de haberse hecho cargo del significado. Y hacerse cargo del mundo ajeno libera y descarga un poco del peso del sufrimiento.


Permitir desahogarse, o incluso invitar expresamente a hacerlo llorando, puede ser el mejor camino, sencillo, pero comprometido emocionalmente, para acompañar a quien llora.


El contacto y el abrazo que consuelan

El contacto físico tiene mucho poder. A través de él somos capaces de comunicar mil significados. Tocarse puede ser también algo frío y rutinario: hay que saludarse. Pero tocarse puede ser comunicarse afecto íntimo y gozoso, acoger tangible y epidérmicamente la vida del otro que se hace próxima.


El abrazo sincero, el abrazo dado en medio del dolor (como en medio del placer) implica comunión, permite hacer la experiencia de romper la burbuja dentro de la cual nos podemos esconder o aislar. El abrazo auténtico, el que no deja agujeros entre uno y otro porque aprieta al darse, recoge la fragilidad, la descarga de su virulencia, mata la soledad que mata, sostiene en la debilidad, rompe la distancia que duele en el corazón.


Quizás sea este abrazo una de las experiencias más intensas de trascendencia y de vida. El que abraza y es abrazado está vivo, acoge y es acogido, sale de sí y es recibido, recibe y se deja acoger. El abrazo es un modo de contacto corporal denso, quizá dificil de vivir en medio del dolor. Puede resultar incómodo por dejarnos desprotegidos, por la desnudez que le suele acompañar, pero nos pone en relación íntima y acogedora y descarga sobre nosotros y sobre el otro emociones fuertes: la gran satisfacción de la cercanía y la reconfortante comunión.

Así también, apretarse las manos, acariciarse, es una experiencia que levanta el ánimo, reconstruye a la persona, sobre todo si en las manos está el corazón. San Camilo de Lelis, experto en la atención en el sufrimiento, les decía a sus compañeros hace cuatro siglos: “Más corazón en esas manos, hermanos”. Es que las manos, el contacto corporal, tienen mucho poder cuando en ellas está puesto el corazón. Acariciar, tocar en medio del sufrimiento por la pérdida de un ser querido, permite licencias que no se dan en otros contextos. Aquí el abrazo y la caricia están llenos de significado solidario, de comunicación generosa y libre.

La escucha que sana

Invitar a narrar y preguntar cómo han sucedido las cosas, cómo ha vivido los últimos días, suele ser una estrategia que desencadena fácilmente el drenaje emocional, a no ser que lo mismo lo hagan excesivas personas y se someta a quien vive el duelo a tener que contar siempre y a muchos lo mismo, lo cual se puede convertir en un peso más que en un alivio.


Escuchar activamente, si realmente se hace bien e inspira libertad y confianza, acostumbra a desencadenar la expresión de sentimientos y la narración de momentos significativos. Permite poner nombre a algunas elaboraciones interiores que acontecen no siempre de modo controlado. Es el caso del frecuente sentimiento de culpa.


La soledad será una compañera necesaria para aceptar e integrar el vacío y la ausencia generada, pero la soledad sola puede ser mortal. El equilibrio entre soledad y compañía no sólo ha de ser tarea de la persona en duelo, sino también de quien desea acompañar.

La escucha, la verdadera escucha es la herramienta principal de la buena compañía en el dolor. El que se siente solo «es como si fuese ʻúnicoʼ en todo el universo que, por su ajenidad, le desborda y le angustia. únicamente un cambio significativo en su ambiente psicológico podría aliviar su sufrimiento. Algo que le hiciera apreciar que 1 perteneceʼ a alguien y que sus posibilidades de despliegue en el cauce de un ʻotroʼ permanecen intactas`. La escucha es la herramienta con la que matar la muerte social, la soledad.


El valor terapéutico del recuerdo


El recuerdo es el presente del pasado. Cuando un ser querido muere, nos queda el recuerdo, que es más que la memoria. La memoria es una propiedad común al hombre y al animal, mientras que el reconocimiento de eventos pasados en cuanto pasados es propiedad exclusiva del hombre. También el recuerdo puede constituir un gran tesoro y puede ser terapéutico si es bien utilizado. Puede cubrir el vacío generado por la pérdida, constituyendo el presente de lo que fue y ya no es. Invitar a olvidar en la elaboración del duelo no es la indicación más adecuada. Quien no consigue, por otra parte, hacer que el recuerdo no pase a ser una obsesión, probablemente necesite ayuda profesional. Es normal, en todo caso, que en los primeros momentos el recuerdo se imponga con sus leyes y los sueños cumplan también su función adaptativa a la nueva situación de pérdida.

Acompañar a alguien que quiera recordar sanamente supone, una vez más, dar espacio a la narración del pasado, de su significado, utilizando la evocación de hechos, de imágenes, utilizando objetos, fotografías, etc., que contribuyan a colocar al difunto en un lugar adecuado del corazón, donde no haga daño, donde constituya -como tal recuerdo- un valor del presente.

El valor terapéutico de los ritos y de la fe Todos los ritos tienen una función en todas las culturas, tanto los individuales como los comunitarios. Dentro de los comunitarios, tanto los ritos de solidaridad como los de transición cumplen una función relevante en la vida de los grupos. En el caso del fallecimiento de un ser querido, la comunidad ha previsto siempre ritos apropiados para humanizar la experiencia compartiéndola. Durkheim, estudioso de los ritos, los considera como los que marcan los acontecimientos, diferenciando los momentos ordinarios de los especiales y haciendo penetrar lo sagrado en lo profano y expresando, de forma simbólica, la pertenencia del individuo a la comunidad.

En esta situación, los ritos pueden salir al paso de verdaderas necesidades. Si no están deshumanizados, contribuyen a vivir el paso, a adaptarse a la pérdida, a socializar sanamente lo que realmente es un acto social: la muerte de un ser querido. La sabiduría popular y la tradición secular han ido dando formas distintas a los ritos, pero siempre con el valor del soporte de la comunidad a los más heridos. El toque de las campanas (con su repercusión en la naturaleza y su código de comunicación), el acompañamiento en la casa, la liturgia desde la fe, son elementos que pueden realmente expresar el acompañamiento en los sentimientos y en el vacío que produce la pérdida.


No es que la fe sea un anestésico o ansiolítico de las humanas reacciones ante la muerte y el duelo. El mismo Jesús manifestó claramente sus sentimientos de tristeza. “La espantosa noche de terror «me muero de tristeza» es uno de los más valiosos relatos que tenemos sobre Jesús, porque nos lo revela en toda su humanidad. Ese miedo y esa angustia, tan difíciles de soportar, forman parte de la condición humana”. Así mismo, al enterarse de la muerte de su amigo Lázaro, Jesús no se ahorró la expresión de su tristeza llorando (Jn 11, 35). La clave es poder compartirlos con los demás y con el Padre, y aprender juntos a seguir creyendo y confiando.


La fe, como la oración, pueden ser purificadas al tocar el final de la vida de un ser querido. Las palabras y los signos han de ajustarse con fidelidad ala experiencia vivida, también las propias palabras del rito, porque si el rito humaniza, el rito deshumanizado es denigrante. San Camilo, patrono de los enfermos, enfermeros y hospitales, y cuyos seguidores han sido reconocidos durante tiempo como los Padres de la buena muerte», decía: «Yo no sé en mis oraciones andar por las copas de los árboles”. Su espiritualidad, como refiere Pronzato, no se asemeja al aire con que se llenan los globos de colores, tan hermosos a la vista, sino al aire que sirve para llenar los neumáticos. Es una espiritualidad que le resulta indispensable para caminar y doblar el espinazo y servir a los que sufren la pérdida de un ser querido.


El afecto sincero, comunicado entrañablemente con nuestros sentidos, mucho más que la razón, será el camino más apropiado para acompañar a quien vive la pérdida de un ser querido y elabora el dolor por la misma.

domingo, 20 de febrero de 2011

El perdón es un pensamiento de liberación, por Georgina Arteaga.


(fragmentos)


Perdonar no es olvidar el evento, es solo observar el evento desde otra perspectiva, una en la que no pedimos que cambie nada externo a nosotros, sino algo que está en nuestro interior, en nuestro pensamiento lleno de mensajes erróneos.

Para que el proceso sea observado diferente necesitamos llegar al punto de que estamos molestos o heridos porque inconscientemente queremos estarlo, porque así lo hemos decidido cada uno de nosotros, pero nadie allá afuera es nuestro enemigo, necesitamos reconocer en nuestra mente y en nuestro corazón que el problema, la causa de nuestro sentir, no es todo lo malo que pensamos nos han hecho, sino la forma en que hemos decidido observar y existir y que el modificar este malestar está en uno mismo.

Que se requiere reconocer que es el pensamiento de culpa oculta en la mente lo que no permite la relación de Unidad con Dios y Sus Creaciones, es decir, lo que origina la separación. Es decidir por la búsqueda de una perspectiva vital más suave, más tierna, en la que perdonar el pasado es un paso importante para experimentar el milagro del amor y la libertad que éste nos proporciona.

Lo único real del pasado es el amor que recibimos y el amor que dimos en ese momento, todo lo demás es ilusorio, ya que el pasado es una idea que tenemos en nuestra mente. Entregar el pasado al Espíritu Santo es pedir que en nuestra mente solo queden pensamientos de amor y que todos los de culpa y miedo, los de dolor y resentimiento, de ira y de odio desaparezcan. Al entregar el pasado lleno de grabaciones erróneas de culpa, vergüenza, desamor, rechazo y resentimiento, nos liberemos de los miedos que bloquean el amor que llevamos dentro, liberamos el presente y aseguramos un futuro de paz, felicidad y amor. Nos convertimos en instrumentos de Dios que es Amor.

Para poder modificar nuestra visión es necesario que primero tengamos claro en nuestra mente y en nuestro corazón lo que es el verdadero perdón, porque generalmente tenemos una visión errónea de él. Estamos acostumbrados a partir de la base de “me hiciste, me lastimaste” y desde ahí el perdón no se presenta en nuestro pensamiento y si se llega a presentar va a estar manejado como lo que se llamaría el falso perdón.

El verdadero perdón a los demás parte realmente del perdón a uno mismo, ya que es un pensamiento de culpabilidad que guardamos sobre nosotros mismos lo que vemos proyectado en otros. No perdonamos a los demás por lo que han pensado o han hecho, nos perdonamos a nosotros mismos por lo que hemos pensado o hemos hecho. Es solo bajo esta perspectiva que es posible deshacer el error de culpar a otros por nuestros errores de decisión y así poder observar que cada relación nos brinda la oportunidad de aprender una lección de perdón, que cada persona con quien nos encontramos nos ofrece la oportunidad de elegir entre la proyección o el perdón, entre la separación o la Unidad, entre el miedo o el amor incondicional.


El proceso de perdonarse a sí mismo no es tarea fácil, mas bien es una de las tareas más difíciles que podemos enfrentar, nos saca de nuestra zona de confort en la que hemos permanecido y de la cual no queremos movernos, no queremos revisarnos porque nos da miedo lo que vamos a descubrir en nuestra mente, nos da miedo explorar nuestras emociones. Generalmente cuando decidimos observarnos lo hacemos erróneamente, lo hacemos partiendo de sentirnos culpables y enjuiciándonos o bien de sentir que alguien nos ha negado algo, nos ha quitado algo que queríamos y consideramos que es esto en sí lo que nos hace sentirnos mal y, bajo esta perspectiva, el perdonarse a uno mismo puede ser doloroso, angustiante, porque lo queremos hacer bajo una perspectiva de elementos aprendidos en el pasado, de mensajes recibidos durante mucho tiempo.


El perdón es la única herramienta de que disponemos para liberarnos del pasado, de las emociones que hemos acumulado desde ese pasado en el cual se formaron las ideas erróneas que nos han atado a través de los años. Sin embargo ese pasado puede ser modificado en el presente proporcionándonos una liberación en el futuro, ya que somos lo que pensamos, son solo nuestros pensamientos los que nos atan, los que nos limitan, son estos pensamientos los que generan el que nos neguemos la felicidad.



Son esos mensajes equivocados que aprendimos en el pasado los que generan que en este presente que vivimos y que es lo único real que tenemos, nos privemos del gozo del perdón, del amor incondicional y con ello, de la felicidad y la paz. Son realmente nuestros pensamientos de juicio los que nos limitan, es desde nuestro pensamiento que nos enjuiciamos y enjuiciamos a los demás. Nos estamos negando la experiencia de vivir felices cuando nos enjuiciamos y no podemos perdonarnos y cuando enjuiciamos y no perdonamos a otras personas.

viernes, 18 de febrero de 2011

García de Andoain aboga por un laicismo incluyente y constitucional.




La religión ha vuelto a la política y con ella también la agenda laica. Carlos García de Andoin considera que los poderes públicos tienen que abrirse a la gestión del pluralismo religioso «si quieren anticiparse a procesos de disgregación social, exclusión o derivas fundamentalistas». Coordinador Federal de Cristianos Socialistas del PSOE, también es director adjunto del gabinete del ministro de Presidencia, departamento que se encarga de las relaciones con la Iglesia. Lo cuenta Pedro Ontoso en El Correo.


Ayer habló como cristiano socialista en Bilbao, en la Fundación Ramón Rubial, en una conferencia sobre 'Ciudadanía, religión y democracia', junto al teólogo F. Javier Vitoria, presidente de la Fundación EDE.

El inicio del siglo XXI ha roto muchas previsiones. Entre ellas, García de Andoin sitúa la cuestión de las creencias. «Creíamos que la modernización iba a significar la secularización de nuestras sociedades, pero nos ha sorprendido con la repolitización de la religión, con una vuelta de la religión a la vida pública», sostiene.

En ese contexto se refiere a la capacidad de representación que tiene en un mundo global. «Al Qaida legitima con argumentario religioso su estrategia de lucha sobre la base de un diagnóstico por el que el mundo occidental domina económica, política y culturalmente al mundo árabe».

Coincide con muchos pensadores en que el poder de la identidad ha supuesto la aparición de la religión como fundamentalismo y extremismo político. De ahí que apueste por la gestión de la diversidad religiosa, en sociedades cada vez más heterogéneas, desde las instituciones públicas, porque constituye «un desafío para la convivencia democrática».


García de Andoin cree «firmemente en el valor de la religión para la formación de ciudadanos virtuosos, aquellos que, frente al individualismo, son capaces de integrar en su proyecto personal de vida el bien común, la solidaridad y la justicia».


Habermas defiende que las comunidades religiosas puedan afirmarse en la vida política de las sociedades seculares como comunidades de interpretación. Cuando la religiones intervienen en cuestiones como el aborto, la eutanasia o la bioética ¿socavan la separación Iglesia-Estado?, se pregunta el filósofo alemán. Depende como lo hagan.


García de Andoin cree que la manera como la jerarquía católica española se ha posicionado en cuestiones como el matrimonio homosexual o el aborto «no han ido acordes con la cultura de la deliberación democrática. La apelación a la ley natural ha servido para bloquear el diálogo y para negar legitimidad a los legítimos representantes de la ciudadanía», censura.


Política y teología

El conferenciante sostuvo que a lo largo de la primera legislatura, para el Gobierno socialista la Iglesia católica fue «el primer partido político de la oposición. Y para la Iglesia, el Gobierno fue un adversario antropológico. El Ejecutivo ha mantenido su soberanía legislativa, pero tambien su cooperación con la Iglesia católica».

Esa tensión ha sido compleja para el objetivo de tender puentes enre el PSOE y el mundo cristiano. En ese contexto, García de Andoin, que advierte «un resurgir del neotradicionalismo católico», aboga por una «laicidad positiva y constitucional, un laicismo incluyente».

Javier Vitoria, por su parte, defendió una alianza entre política y teología que sea capaz de regenerar la vida pública «en favor de una universalidad de los derechos humanos, de la justicia y de la fraternidad». El catedrático de Cristología se mostró, sin embargo, pesimista ante la constatación de «una ciudadanía indolente, un catolicismo contrareformista y el vasallaje de los gobernantes ante los mercados».

Aún así, el teólogo vasco cree que «el cristianismo de Jesús, el genuino, puede aportar un impulso para cambiar la realidad y que los últimos dejen de serlo».

miércoles, 16 de febrero de 2011

El Ecumenismo del mensaje de Jesús a partir del relato de la curación del ciego de Betsaida.


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Evangelio según San Marcos 8,22-26.


Cuando llegaron a Betsaida, le trajeron a un ciego y le rogaban que lo tocara.
El tomó al ciego de la mano y lo condujo a las afueras del pueblo. Después de ponerle saliva en los ojos e imponerle las manos, Jesús le preguntó: "¿Ves algo?".
El ciego, que comenzaba a ver, le respondió: "Veo hombres, como si fueran árboles que caminan".
Jesús le puso nuevamente las manos sobre los ojos, y el hombre recuperó la vista. Así quedó curado y veía todo con claridad.
Jesús lo mandó a su casa, diciéndole: "Ni siquiera entres en la aldea".




Tomado de http://personal.auna.com/amores/ciego/evmac-2.htm



Jesús se hace guía del ciego («cogió su mano») y va a marcarle un itinerario, que consistirá en salir del poblado donde se encontraba. Para dilucidar el significado de la frase hay que tener en cuenta que ésta contiene una clara alusión al texto de Jr 38,32 LXX, donde dice Dios: «cogiendo yo su mano para conducirlos fuera de la tierra de Egipto», recordando el éxodo liberador. El paralelo entre la frase de Mc y la del profeta hace ver que la acción de Jesús realiza un éxodo que saca de una tierra de opresión, representada por «la aldea».

Converge así la imagen del éxodo con la de la ceguera como figura de la opresión. La acción de Jesús equivale, por ,tanto, a una liberación, y la aldea adquiere un sentido peyorativo, el de tierra de opresión o esclavitud. Incluso aparte de la alusión al texto profético, el hecho de que Jesús saque al ciego de la aldea y le prohíba luego entrar en ella (v. 26) indica el sentido peyorativo que Mc le atribuye.


« La aldea», en singular, se encuentra tres veces en Mc, las dos primeras en esta perícopa (vv. 23.26; cf. 11,2). En el evangelio, «la aldea», poblado sin autonomía propia, representa el ámbito popular judío sumiso a la doctrina impuesta por «la ciudad», Jerusalén, sede del poder y del templo y centro de la ideología del judaísmo.

Por el paralelo con el texto profético, el ciego aparece como una figura de Israel, obtuso de mente para comprender y que se encuentra en una situación de opresión. Dado que, para Mc, a partir de la constitución de los Doce o Israel mesiánico (3,13-19) el antiguo Israel ha dejado de existir como pueblo escogido y se equipara a los pueblos paganos (4,11: «los de fuera»), el ciego representa, sin duda alguna, al grupo de discípulos (= los Doce), que en la perícopa anterior ha sido objeto de la invectiva de Jesús: ,«¿Teniendo ojos no veis y teniendo oídos no oís?» (cf. Jr- 5,21).

De este modo, «la aldea» representa un ambiente donde los discípulos respiran los aires de la superioridad de Israel y el ideal de la restauración de su gloria, en detrimento de los pueblos paganos. La ideología mesiánica triunfalista vigente en «la aldea» es la que ha aparecido en los fariseos de Dalmanuta (8,11), la que propagan los círculos oficiales de la capital y es diametralmente opuesta al mensaje de Jesús. La profesión de esta ideología impide a los discípulos hacer suyo «el secreto del reinado de Dios» (4,11), el del amor universal de Dios que quiere dar vida a todos los hombres sin distinción, concretado en el mensaje universalista de Jesús. Los discípulos no pueden avanzar así en su desarrollo humano ni pueden dedicarse a procurar el bien de la humanidad, según la misión que Jesús les había anunciado (cf. 3,14s).


Con su acción, por tanto, Jesús quiere liberar a los discípulos del influjo de «la aldea», para que puedan darse cuenta de la situación en que se encuentran y perciban el contraste con el mensaje que él les propone. Quiere sacarlos de la estructura social que les impide secundar el designio de Dios. El paralelo de esta perícopa con la del sordo aparece de nuevo si se tiene en cuenta que también la perícopa del sordo tartamudo aludía a un éxodo liberador, el de la deportación a Babilonia (Is 35,5; cf. 7,33 Lect.). Mc indica una y otra vez la semejanza de sentido de las dos perícopas.


El Evangelio de Marcos, Juan Mateos y Fernando Camacho.

lunes, 14 de febrero de 2011

QUÉ ES LA MÍSTICA por la Hna. Fátima Gil, stj.



Una definición sencilla de mística es la del teólogo Juan Martín Velasco en el Congreso Internacional sobre el fenómeno místico como “la experiencia de una presencia inobjetivable en el centro mismo de lo real pero desde la absoluta trascendencia”.


Parece contradictorio y sin embargo es así de fascinante todo lo referido al misterio de Dios, un misterio trascendente y cercano a la vez, del cual no podemos casi decir nada pero si podemos tener la certezas muy hondas, tanto que sostengan nuestra vida.


Martín Velasco destaca que el encuentro místico no se queda en un estado de ánimo sino que da lucidez porque el amor -usando su expresión que creo que es preciosa-es vidente. ¿Por qué?

Pues por algo sencillo, porque el amor verdadero permite penetrar distintos niveles de la realidad más hondos, que a menudo ni siquiera descubrimos.


Nos ocurre con el corazón como con el cerebro: la mayoría de los estudios sobre el funcionamiento del cerebro coinciden en destacar nuestro desconocimiento ya que no usamos habitualmente toda la capacidad de nuestro cerebro, pues igual nos ocurre con el uso del corazón; ya que habitualmente no somos capaces de experimentar todas las posibilidades de un amor maduro y auténtico en el ser humano. A menudo, estas posibilidades que se abren en el encuentro místico no pueden ser descritas si no es, como dice Teresa de Jesús, por los “dejos” que son los efectos que se dan en el proceso de transformación-visión personal. La experiencia mística no es por tanto, contrariamente a lo que mucha gente pueda pensar una serie de fenómenos extraños que asemejan al místic@ a alguien visionario y fuera de este mundo, en absoluto. Los fenómenos a veces son ciertamente poco comunes pero sólo son uno de los aspectos más externos de ese proceso de visión- transformación mística que se va dando en la persona.

Martín Velasco y muchos otros autores, junto con los propios místicos coinciden en invitarnos a esta aventura que es para todos, a “estar atentos al eco que las lecturas místicas dejan en nosotros porque estamos hechos de la misma condición aunque no tengamos la misma experiencia”. En palabras de la propia Teresa de Jesús:

“¡ No sé qué mayor amor puede ser que éste! Y no dejaremos de entrar aquí todos, porque ansí dijo Su Majestad: No sólo ruego por ellos, sino por todos aquellos que han de creer en mi también”, y dice: “Yo estoy en ellos” (IVM 2,10)

Por tanto se nos invita a todos a entrar en la experiencia mística. De Karl Rahner el gran teólogo del siglo XX es la tan repetida y profética frase: el cristiano del futuro será místico o no será cristiano. Todos estamos llamados a ser místicos porque todos somos llamado a vivir en plenitud la experiencia personal con el Dios Uno y Trino. ¿Habéis vivido alguna vez una experiencia de Dios tan fuerte que es capaz de sostener una vida y de resituar todas nuestras relaciones y vinculaciones? ¿Una experiencia de encuentro con Dios tan fuerte que es capaz de enseñarnos a mirar de otra forma la vida y a los demás, empezando por nosotros mismos? Yo creo que esos son encuentros místicos. Ese encuentro con el Dios de la vida que se da en el ámbito de lo nuestro más personal, tal y como somos, sin tapujos ni máscaras; tomando la definición que dábamos antes en el centro mismo de lo real pero desde la absoluta trascendencia, esos encuentros son místicos. Dios nos ama en lo que somos, poco o mucho, en nuestra desnudez; esta certeza de saberme profundamente amada por Dios pone raíces firmes a la vida hasta el punto de cambiar el centro de mis deseos, de mis convicciones, de mis acciones y la visión de la vida y de la gente con la que me relaciono.

Y ante esta relación tan profunda con el Dios de Jesús, el Dios que es comunión y relación, Uno y Trino me surge la primera pregunta: ¿Cómo es posible que este encuentro cierre nuestros ojos y nos haga vivir en la intimidad y desviar la mirada de la realidad?, como menciona algún autor reciente sobre nuestros grandes místicos. No me parece probable ni teológica, ni experiencialmente

Ya en el siglo XII decía Ricardo de San Victor que el elemento incomunicable de Dios, su esencia, es el amor como salida hacia el otro. Esa es también nuestra esencia puesto que somos imagen de Dios. La aperturidad, la alteridad, la salida hacia otros, es nuestro sello trinitario y también la promesa de nuestra plenitud como personas creadas a imagen de Dios. ¿Será posible pensar o imaginar un encuentro hondo con el Dios trinitario, con el Dios encarnado, que nos lleve a cerrar los ojos para no ver a los otros ni la realidad, que no nos fortalezca precisamente en esa alteridad, en el olvido de si y salida hacia el otro? ¿No será que es así como hemos malentendido un encuentro que se da desde la absoluta trascendencia? ¿No será más bien que el encuentro con el Dios Trino, si es verdadero, nos capacita para la relación, nos arranca las escamas de los ojos y nos da una nueva visión para descubrirlo presente en todo lo creado?.

sábado, 12 de febrero de 2011

“La hermandad de los Iniciados” una novela de José A. Delgado, muy, muy interesante.


Muchos de los que nos movemos por este mundo de “lo espiritual” hemos oído hablar, e incluso leído, sobre el pensamiento de Jung, pero quizá sean menos los que conocen directamente lo que nos pueden aportar las intuiciones de este gran autor.


Para aquellos que están interesados en la búsqueda espiritual y humanista, y en especial, para los que sientan interés por ver la utilidad concreta del enfoque junguiano, es muy recomendable la novela, recientemente publicada, de José Antonio Delgado llamada “La Hermandad de los iniciados”.


Muchas son las aportaciones de esta novela didáctica. Por señalar algunas podríamos decir que Delgado, ante todo, nos abre con ella un acceso a las riquezas ocultas en las profundidades de nuestro interior, ofreciéndonos recursos e instrumentos para recorrerlo sin peligros (sólo esto haría atractiva la propuesta); pero además nos descubre la sabiduría oculta en tradiciones marginadas por el actual paradigma (astrología, alquimia) y nos señala la riqueza que “habita” dentro de nuestra tradición cristiana, no sólo en sus vías más ortodoxas, sino también en otras corrientes consideradas más heterodoxas por las instancias religiosas oficiales, pero que pueden enriquecer nuestra vivencia cristiana y tienen algo que decir tanto a cristianos como a no cristianos.


La novela se sitúa en el marco de un viejo monasterio donde un sabio cristiano, muy vinculado a la tradición gnóstica, va ayudando a un grupo de discípulos a “descubrir qué mito les habita”, a descubrirse a sí mismos. Así se lo señala el monje a uno de ellos “viniste para ser consciente de tu mito, para tomar consciencia del lugar que ocupas en el universo”.

A medida que avanza la lectura vamos recorriendo con los discípulos ese camino por el que, no sólo llegamos a descubrirnos a nosotros mismos, sino a descubrir también otro modo de ver las cosas y de interpretar la realidad, que hace que aumente nuestra consciencia paso a paso.

De este modo, el autor consigue hablarnos del camino de individuación que todo ser humano está llamado a realizar, a la vez que concreta los signos de los diversos arquetipos, que surgen en este proceso de individuación, y cómo se manifiestan en el aquí y ahora de nuestra sociedad y cultura.


Situados, por tanto, en la época contemporánea, desfilan ante nosotros tradiciones antiguas que son reavivadas y redescubiertas, haciéndolas válidas y fecundas para nuestros días. Lo que en otros libros aparece complicado y lleno de palabras grandilocuentes se simplifica y clarifica a través de la pluma de José A. Delgado, que nos demuestra estar en posesión de un conocimiento sólido del mundo junguiano, de las tradiciones esotéricas y espirituales, así como de la cultura actual.

Descubrimos así que el conocimiento de nosotros mismos nos abre el camino a la sabiduría, a la experiencia contemplativa del Cristo interno o Abraxas, guiados de la mano de los gnósticos cristianos. Y es que “los gnósticos, los alquimistas, los astrólogos y los seguidores de Hermes nos dicen que es necesario conocerse a sí mismo, dado que ABRAXAS reside en el interior de todo ser humano” como nos dice un personaje de la novela.


Realizado el camino se nos invita a dar la mano a otros y transmitir lo vivido a los demás, (pienso que quizá esta novela es el modo como el autor realiza este acto de solidaridad espiritual).

Puede que no en todo asintamos a lo que el autor a través de sus personajes expresa, da igual, de lo que no hay duda es que la novela será una experiencia enriquecedora para sus lectores, les va a aportar muchos datos interesantes y poco conocidos, y ,si conectan con su mensaje, evocará en ellos aspectos y experiencias que quizá habían olvidado o que desconocían y que van a poder integrar y comprender.

Por si queréis más información sobre el libro o sobre el autor os dejo un link a su blog “psicología profunda y espiritualidad” así como a sendos comentarios de la novela realizados, en un caso, por el escritor Ángel Almazán y, en otro, por la psiquiatra, experta en espiritualidad, Maribel Rodríguez, autora del prólogo del libro.



Espero que os animéis a leerlo y que disfrutéis con él.

Para saber más:




jueves, 10 de febrero de 2011

¿Miedo a la libertad?. Interesante reflexión de Luis Pesciallo.





En una charla amena ayer con un amigo estábamos hablando del éxito que tienen las iglesias evangélicas en el mundo. Aún las que tienen propuestas abiertamente sectarias y que logran de sus fieles una sumisión y entrega considerable. En ese momento comprendí algo en lo que vengo dando vueltas hace un tiempo y que tiene que ver con la aparente restauración que está apareciendo en la Iglesia y sus resultados.


Cuando el Concilio Vaticano decidió "abrir las ventanas" para dejar entrar un poco de aire fresco en la Iglesia, la propuesta tenía que ver con dejar pasar al Espíritu; atreverse a salir un poco de los rígidos marcos legalistas. Hacer una apuesta por escuchar lo que el mundo tiene para decirle a la Iglesia y no solamente lo que ésta tenía para decirle al mundo. Como dijo un amigo es la primera vez que la Iglesia hace una "antropología religiosa". Pone al hombre en el centro. Lo mira y le pregunta queriendo escuchar su propia y libre respuesta. De ahí el lugar que empieza a tomar la libertad y la conciencia. No en el sentido de erigirse en ley propia sino entendiendo que hay algo que no se sostiene si es impuesto desde afuera.

Esta apertura y humanización -me viene a la mente la frase "capitalismo con rostro humano", disculpen- fue alegre y entusiastamente recibida por mucha gente. Aún hoy cincuenta años después sigue significando mucho. Podríamos pensar que el resultado de esta propuesta tendría que haber sido un nuevo impulso para acercar la religión a la gente. Para que esta Alegría se desparramara y convocara, no ya desde la afiliación a la Iglesia, voluntaria o compulsiva -como tantas veces- sino desde las ganas de participar en la empresa de vivir más evángelicamente.

Cincuenta años después, ¿cual es el resultado? Disminución de vocaciones, abandono de la Iglesia por parte de los fieles, decrecimiento de la práctica religiosa. Los más conservadores y restauracionistas dicen que esto se debe a haber aflojado las tuercas, que eso permitió la aparcición de confusiones -litúrgicas, doctrinales- y que esta especie de libertinaje ha dejado el tendal. Que deberíamos volver a lo de siempre. Por otro lado los más liberales sostienen que en realidad esta situación actual de alejamiento del hecho religioso se debe más bien a que el Concilio Vaticano II y los trabajos que le siguieron deberían haber ido más lejos. Que tras un primer momento que generó expecativas y alegría los animos se apagaron por no haber podido avanzar más decididamente.

Debo darles la razón a los más conservadores y restauracionistas. El Concilio probablemente sea responsable en gran parte de estas situaciones. Y probablemente si hubiera ido más lejos el resultado hubiera sido peor.


El Concilio nos abrió la posibilidad de empezar a tomar nuestro crecimiento espiritual en nuestras manos. Orientados por el Magisterio pero no sometidos a éste. Y quiero dejar en claro este punto. Es grande la cantidad de veces que los documentos del Concilio hablan de la libertad para poder decidir lo correcto. Es extremadamente claro cuando dice que el ser humano en cuestiones de fe debe poder hacer una opción LIBRE de coacción. El asentimiento de fe debe ser libre para ser válido. Solamente con esto cambia completamente el sentido de la palabra sometimiento. Ya no es algo impuesto desde afuera, por la ley, la manipulación, la mentira o el interés. Sino que es un libre "entregarse a".

Y esta propuesta de tomar en nuestras manos -que eso quiere decir tomar una decisión sin coacción y libremente: ser responsables- tuvo los resultados que dije antes.

Cincuenta años después, cuando vuelve a soplar el viento de la ortodoxia yo hubiera esperado que esto tuviera un efecto más devastador todavía; que los menos que quedaban se fueran más rapido aún. Pero no. Las vocaciones vuelven a subir. Los "nuevos movimientos" cobran fuerza. Y yo me pregunto donde está el error? No lo hay. Es cierto. Donde aparece el conservadurismo hay un nuevo resurgir de las vocaciones y lentamente los fieles se vuelven a acercar.

Y aquí vino el descubrimiento en la charla con mi amigo:


Queremos ese restauracionismo.


Queremos dogmas fuertes y reglas claras. Queremos saber cuando estamos en falta y cuando no. Queremos saber hasta donde. Y aún cuando esto pueda ser sumamente frustrante, para muchos es preferible al pánico que tenemos a la entrega, al no saber hasta donde tengo que llegar, cuanto es suficiente, que es lo mío para disponer. La invitación evangélica a caminar sobre el agua nos sobrecoge -por lo menos a mi sí- de espanto.

En un mundo en el que no sabemos ni si vamos a volar en pedazos de un día para el otro, o si no vamos a tener que comer pasado mañana, o si nos van a pegar un tiro en la calle para robarnos necesitamos algo claro. No nos pueden decir que tomemos el riesgo de escucharnos. Por eso ganan los reglamentadores y legalistas. Simplemente. La propuesta del Concilio requiere más trabajo, da más miedo y no da certezas escritas en papel. Llegar a certezas requiere mucho más. Y tal vez no estamos dispuestos.

¿Hacia una secta de sectas?





Que existe una crisis muy grave en la Iglesia, tanto a nivel vocacional en presbíteros, religiosos, religiosas y laicos, como en el reconocimiento de la misma institución eclesial, es evidente; y para ello, no hay que ser un gran iluminado, para darnos cuenta. Y que esta crisis eclesial, nos llevará a ser cada vez menos, y tener menos presencia en el mundo, es palpable ya.

Ante este problema, la jerarquía eclesial, esta reaccionando con el fácil argumento, de que todo ha sido, producido por las ilusiones que despertó el Concilio Vaticano II, y que poco a poco, se han ido desvaneciendo, dejando a la Iglesia sin norte.

Como consecuencia, se está produciendo una marcha atrás en el conjunto de la vida eclesial. Creyendo, que posiblemente con una linea restauracionista, de que tiempos pasados fueron mejores, vamos a conseguir encauzar el barco.

Y prueba de ello, es el resurgimiento de nuevas órdenes religiosas, movimientos religiosos y laicales, de forma muy explosiva, que dejan algo de sospecha, para los tiempos que corren.

Órdenes y movimientos que la Iglesia, quiere presentar como un renacer de nuevo, proyectando para ello, eventos de gran marketing religioso.

Y prueba de ello, es el que se llevará a cabo, en la catedral de Burgos y por todo lo alto, el próximo sábado 12 de febrero.

Las monjas de Iesu Communio (más conocidas por veroniquesas, por el nombre de su fundadora, Sor Verónica) profesarán solemnemente en su nueva congregación, tras abandonar a las clarisas franciscanas. Las 177 monjas de Lerma-La Aguilera casi en bloque (sólo 4 han decidido permanecer fieles al carisma clariantino) rubricarán públicamente su decisión de abrazar las nuevas constituciones y reglas aprobadas por Roma, de una forma también fulminante y explosiva.

Lo que no entiendo, es como la mayoría de las órdenes religiosa, tienen escases de vocaciones y esta nueva órden tiene para empezar 177. Cuando lo normal, es que al nacer un grupo sea reducido. Hasta el mismo Jesús, empezó con 12.

Yo, desde luego, esto no lo veo muy normal.

Hans Kung, gran teólogo y compañero del Papa Benedicto, creé que la Iglesia se va a convertir en una sectas de sectas.

RAFAEL GONZÁLEZ MARTÍN

martes, 8 de febrero de 2011

El regreso salvaje de la espiritualidad o la necesidad de pertenencia flexible a una organización iniciática.


Hoy parece que muchos están interesados en esto de la espiritualidad y también parece que más que nunca esta espiritualidad se vive de formas muy diversas. Esto en principio debería alegrarnos, pero también me genera dudas.

Y es que creo que este fenómeno del regreso de la espiritualidad es, por ahora, una realidad ambigua, ya que puede dar lugar a diversos resultados; pienso que, por un lado, puede ayudarnos a vivir en plenitud saliendo de reduccionismos, pero sospecho que también puede llevar al renacer de la irracionalidad más delirante o del fanatismo fundamentalista más grosero. No creo que esto fuera para alegrarse.


En cualquier caso, lo que parece que cada vez es más evidente es que el modelo tecnocrático, logocéntrico y economicista en el que vivimos es insostenible y debe ser superado.


No es extraño, por tanto, que cada vez más personas tengan experiencias “espirituales” y busquen cómo integrarlas en sus vidas de un modo adecuado. Aquí hay diversidad de “soluciones”.

Para muchos está superado el tiempo de las instituciones religiosas o espirituales, sólo se fían de la búsqueda personal y de la propia experiencia. A partir de ella, interpretan las tradiciones religiosas, las mezclan, las alaban o descalifican según sus criterios.

Otros dicen estar ligados a una tradición sin ninguna práctica, sin atender a las mínimas reglas de pertenencia a esa tradición o sin aceptar los elementos fundamentales de la misma.


No dudo que puedan darse en algunos casos verdaderas experiencias espirituales humanas y humanizadoras entre quienes optan por esta vía, pero no creo que sea el camino más recomendable.


Recorrer el mundo “espiritual” exige tener un hilo de Ariadna para que el subjetivismo y el narcisismo no se traguen todo el “trabajo” y, sin la ayuda de una organización espiritual y una tradición, esto es muy difícil. Lo más fácil será caer en el “narcisismo espiritual”, lo que se llama en el zen la enfermedad zen (quietismo en el cristianismo), que se caracteriza por creerse ya uno “iluminado” por su experiencia y sin necesidad de someterse a las reglas y las enseñanzas de las instituciones y organizaciones espirituales tradicionales.


Otros huyendo de este peligro del narcisismo espiritual buscan evitarlo ingresando en organizaciones espirituales a las que consideran el único lugar válido para vivir la espiritualidad. La organización se ensalza por encima de todo y el sometimiento extremo a las autoridades de esa organización es para ellos el punto central para no equivocarse en su camino. El narcisismo espiritual se refleja aquí identificándose con la organización que tiene toda la verdad y no puede errar en ningún caso. Al identificarme con la institución, cuanto más la ensalzo, más me estoy ensalzando yo mismo. La organización nada tiene que aprender ni debe adaptarse a las personas y a los tiempos, sino al contrario. No se busca la espiritualidad como una experiencia personal transformadora sino como una forma de identificación personal, una ideología que les dé identidad y protagonismo frente a los demás que están en el error o nos persiguen (son inferiores). Se mata así la persona y su espiritualidad y se sustituye por el robot religioso uniformado bajo un mismo patrón, que obtiene el caramelo de creerse en la verdad y ser superior. Unos buscan su identidad comprando coches o mediante buena ropa, otros buscan llenar su vacío interior con etiquetas religiosas que los distingan.

También están aquellos que desprecian las religiones y buscan una espiritualidad más madura, el esoterismo. Para ellos, las religiones son todas expresiones de una misma Tradición Primordial y conducen a la misma experiencia. Las religiones viven la espiritualidad de modo deformado e inmaduro, son infantiles. Habría pues que unirse a un grupo esotérico que nos diera la verdadera experiencia sólo reservada a una élite.


Creo que esta forma de pensar olvida que cada religión es una experiencia única e intransferible, si bien haya elementos comunes y que permiten estar en armonía, enriquecerse mutuamente y entenderse.


Desde mi punto de vista, la división exotérico (externo y masivo) y esotérico (interno y elitista) debe ser superada. El centro de las tradiciones no es el esoterismo sino la mística (que nada tiene que ver con el misticismo sentimental) o dimensión monástica. La experiencia espiritual no es en último término la iluminación, aunque suponga una experiencia iluminadora, sino un estilo de vida que ve en lo cotidiano, en lo pequeño, en lo sencillo, en lo pobre y feo el lugar por excelencia del misterio. Es la llamada pobreza fecunda cisterciense.


Somos seres incompletos, fragmentados, “caídos” y por nosotros solos no podemos salir de nuestra situación. Necesitamos una “bendición”, la “gracia”, la “influencia espiritual” venida de más allá del mundo humano para salir de nuestra situación, pero que se “encarne” en nuestro mundo mediante una realidad física y material. Esto es lo que hacen las instituciones religiosas y espirituales, ser cadenas de esta influencia y encarnarla en el mundo. Naturalmente la influencia espiritual se daría también más allá de las instituciones religiosas o espirituales.


Creo, por tanto, en la necesidad de incorporarse a una institución religiosa u organización espiritual, haciéndolo de modo flexible, asumiendo lo esencial de su doctrina y de sus reglas y, a la vez, recreando la tradición recibida, sin traicionarla, a partir de la experiencia personal de la verdad espiritual que esta tradición porta.


Formar parte de una tradición nunca puede suponer perder la propia personalidad asumiendo un modelo prefabricado, ni renunciar al modo personal de vivir esa tradición. Las instituciones u organizaciones espirituales deben ser, por ello, plurales y, a vez, a través de una serie de referencias comunes, permitir vivir armonizadas todas sus sensibilidades. Querer uniformar demasiado será matar la tradición, tanto como olvidar los elementos comunes y caer en un puro subjetivismo narcisista. Ambos errores acechan al caminante.

lunes, 7 de febrero de 2011

La iglesia de la comunión frente a la antiiglesia de la uniformidad, por Mercedes Navarro



La eclesiología de comunión es la eclesiología del Pueblo de Dios. Pero hay distintas maneras de entender la comunión mirando a los centros sobre los que gira y se acomuna la iglesia. La eclesiología de comunión no tiene por qué rotar necesariamente sobre el gozne jerárquico, de modo que, de oponerse, habría de hacerlo al modelo vertical. Entiendo la eclesiología de comunión como un modelo de iglesia católica, universal por tanto, más horizontal y circular que vertical, a la luz de Mc 3,31-35. Este texto expresa principios de eclesiología de la comunidad a la que se dirige el evangelista inspirados directamente en el modelo propuesto por Jesús .


La vida de la iglesia en los últimos años adolece de serios problemas con respecto a la comunión, por eso deseo descubrir a los demonios que la disfrazan de otras cosas; que bajo su nombre introduce una práctica ajena a la comunión evangélica, que es la que suponemos que debe impregnar esta nueva eclesiología. El primer y más terrible demonio es el miedo. Con él se desatan otros dos, el control sobre la libertad y la imposición por la fuerza. Los tres suelen ir juntos, pues se escudan y se refuerzan mutuamente. Al disfraz del miedo, el control y la imposición lo llamamos frecuentemente comunión, de modo que bajo esta palabra se enmascaran otras realidades. No debemos dejarnos engañar, pues detecto demasiados signos en la institución eclesial que evocan a las dictaduras civiles como para aceptar tranquilamente que estamos en una eclesiología de comunión, aunque numerosos discursos lo formulen de este modo. Y es evidente que nadie que se encuentre presionado por un régimen dictatorial puede afirmar que en su institución se vive la comunión. Porque no es posible mantener el espíritu de comunión en una estructura que la ahoga permanentemente.


Es justo que mencione algunos indicadores de asfixia en la iglesia. El primero es el anhelo y la aspiración de uniformidad, escondido a menudo bajo el principio de la comunión. La uniformidad expulsa de sí todo lo que difiera de los criterios decretados como uniformes. Es uniformidad, que no comunión, perseguir a las y los distintos, ya sea por su manera de ver la vida, de formular y de vivir la fe, o por el pensamiento diverso y la libertad de expresión que se permiten. Hablamos sin cesar de pluralidad, pero no nos educamos en ella ni la hacemos viable. En el fondo nos puede el miedo.

Al miedo acompaña, por lo tanto, el control de las libertades y este control sólo se consigue imponiéndolo por la fuerza. Y donde no hay libertad no está el Espíritu del Señor, formulando la frase paulina en negativo (cf 2 Cor 3,17), pues es lógico que la libertad se exprese en la práctica de las libertades. En la iglesia -doy fe de ello- hay que mirar a todos los lados para decir lo que se piensa, lo que se cree, los resultados de la investigación teológica o de la propia experiencia de fe. Se imponen, bajo el régimen del miedo, el disimulo, la clandestinidad, el decir como si no se dijera, el confiar en que se leerá entre líneas, los recelos y sospechas sobre posibles chivatos/as... Facultades de teología, Institutos, revistas, catequesis, clases de religión, predicación dominical, artículos, libros, folletos, entrevistas en periódicos o en otros medios de comunicación civiles..., prácticas morales, prácticas cúlticas... todo está sometido al control de algunos . La comunión eclesial, desde luego, no se puede establecer sobre estos cimientos. Y, por lo que puedo observar, es bien difícil la libertad práctica y concreta para hacer frente a esta situación. No tanto, quizás, la libertad externa, cuanto la interna.


La fuerza para imponer el control y suscitar el miedo no es, por lo general, directa y bruta, sino que a menudo es tan sutil como eficaz. Basta, por ejemplo, con sembrar dudas sobre personas e instituciones. Basta con descalificarlas valiéndose, con frecuencia, de la autoridad y el poder que ciertos cargos les otorgan a algunos. O, sirviéndose del famoso divide y vencerás, que fragmenta grupos a los que ha costado décadas crear una difícil comunión en el respeto, el diálogo y la libertad evangélicas . También puedo dar fe de ello. Ningún tipo de comunión se impone jamás por la fuerza. Mucho menos la comunión de fe en Jesús que brota del espíritu del evangelio que sigue siendo un espíritu de libertad.

Jesús, que pudo detectar las trampas del miedo y su tremendo poder, lucha contra él en los evangelios, especialmente en el evangelio de Marcos, pues advierte que mina los cimientos de la fe . En los sinópticos, como es sabido, lo contrario de la fe no es la incredulidad, sino el miedo. La iglesia institucional sólo hará posible la comunión verdadera (y no la charada de la uniformidad) cuando en ella podamos todas y todos respirar el respeto y el diálogo que surgen del clima de libertad. Cuando la institución sea de verdad un cauce posibilitador de las libertades. Y es que la fe sin libertad es imposible. O es libre y para la libertad en Jesucristo, o no es fe (cristiana).


Un efecto del clima de miedo y de la presión (a menudo interiorizada) del control es el prejuicio moralista (y dualista) empleado a menudo en los discursos oficiales, que lleva a valorar como puro y verdadero lo interno y unificado, y como negativo, mentiroso, malo, impuro o, cuando menos, sospechoso, todo lo externo y diverso a la institución eclesial. Este prejuicio no puede ser más contrario al espíritu de Jesús en los evangelios, pues nadie como él se mezcló, contaminó... con la supuesta escoria humana, hasta el punto de que en el patíbulo se le podía confundir con dicha escoria. Uno de los resultados de su conducta fue que hizo visible la honestidad y los valores de esa supuesta escoria (las prostitutas os precederán... Mt 21,31) y la podredumbre de la supuesta santidad de los jerarcas (¡ay de vosotros... hipócritas...!, Mt 23,13ss) Tampoco del prejuicio moralista, que se disfraza de unidad moral cristiana, puede surgir la eclesiología de comunión, pues el prejuicio es, por definición, excluyente, mientras que la comunión es inclusiva...


Las paradojas de la comunión


La primera paradoja es positiva. Establece que a mayor diversidad mayor grado de comunión. Generalmente pensamos, con unos esquemas heredados de antiguo, que la diversidad dispersa e impide la comunión, mientras que, por el contrario, la uniformidad y la homogeneidad ayudan a mantenerla. La comunión no deja de ser un reto, pero sólo si lo que pretendemos poner en común, vivir en común y acomunar es diferente y plural. Lo diverso no tiene necesariamente que conducir a la dispersión ni a una malentendida tolerancia o a un relativismo cualquiera. Estos recelos forman parte de las estrategias disuasorias de quienes temen a la pluralidad. Lo que da miedo en realidad no es la dispersión que pueda derivarse de ella, sino la dificultad para controlar lo diverso. Pero la paradoja de la comunión de lo distinto, por el hecho de ser paradoja, ya indica que es preciso mantener la tensión entre los dos polos sin eliminar ninguno. Perder cualquiera de ellos la destruye y la hace imposible, mientras que mantenerlos promete creatividad y fuerza vital. Tengo para mí que la institución eclesial no es muy amiga de las paradojas...


En nuestro mundo lo diverso y plural se nos impone por doquier. Las democracias modernas no toleran mucho mejor lo diferente que la institución eclesial, e intentan el control de muchas maneras, la mayoría de ellas sutiles. La diferencia es que al menos los y las ciudadanas contamos con foros e instrumentos para expresar nuestra protesta y para exigir el respeto, ya que el derecho acompaña a esta forma de gobierno y, por lo tanto, puede exigirse. Si el Estado salta por encima de sus normas, los ciudadanos/as pueden y deben exigirles cuenta. Pero en la Iglesia, ¿con qué instrumentos legítimos contamos para expresar la protesta frente al control de las libertades, de las diversidades y la pluralidad ? La jerarquía suele apelar a que tenemos un Señor, una fe, un bautismo, un Dios Padre..., aunque sufre amnesia sobre su rica y difícil tradición de pluralidad.

La segunda paradoja es negativa. Se coloca en las antípodas de la primera: a mayor uniformidad mayor dispersión. Su contenido es psicológico, puesto que la homogeneidad uniforme exige mucho desgaste de energía, que se desperdicia para el mantenimiento del conflicto interior y de la represión, del control sobre toda realidad que no sea acorde con lo estipulado. Por eso no es extraño que la energía acumulada se encuentre dispuesta a salir explosiva y agresivamente en cuanto se presente la mínima oportunidad. Se diría que lo uno en realidad es muchos... sólo que reprimido.

Para un centro cuyo objetivo es controlar e imponer la uniformidad, la opción es explotar la segunda paradoja, la negativa, neutralizando la positiva. Debería de dar más miedo la negativa que la positiva y sin embargo nos sucede al revés, porque nos da pánico lo diferente.

viernes, 4 de febrero de 2011

Declaración de 144 teólogos pidiendo reformas en la Iglesia católica.




La revolución le llega desde su propia patria. Desde Alemania y en alemán, 144 teólogos (algunos de renombre) piden al Papa alemán, Benedicto XVI, un cambio de rumbo radical en el timón de la Iglesia católica. Un cambio en profundidad, que no sólo afectaría, según los firmantes del manifiesto, al celibato de los curas o al acceso de la mujer al sacerdocio, como subrayan los medios de comunicación, sino que apuesta por volver a recentrar el péndulo eclesial, por regresar a la Iglesia abierta, dialogante y samaritana. En definitiva, a la Iglesia de la Gaudium et Spes, a la Iglesia del vaticano II.


Un documento de calado, que está llamado a provocar todo tipo de reacciones. Con efecto contagio o sin él, es porevisible que otros muchos teólogos, en otras partes del mundo, se sumen al manifiesto. O hagan otros parecidos. Los que puedan y no teman represalias. Porque el clamor de un recentramiento eclesial ya no se puede parar. Por mucho que los ultracatólicos bramen y quieran seguir llevándonos a la extrema derecha, rayana en el fundamentalismo. La asfixia es tal que el Papa abre un repiradero (una ventana, mejor)o nos ahogamos todos.

Un clamor generalizado entre teólogos (la élite intelectual) y fieles al Papa teólogo e intelectual, que quizás sea el único preparado y capaz de operar esa reorientación sin traumas ni conflictos severos. Para volver a ilusionar a clérigos y fieles. Para inaugurar una nueva primavera eclesial. Para poner el reloj de la Iglesia a la hora actual y respetar dentro todos los derechos que proclamamos hacia afuera.


Tiempo habrá de examinar en detalle el manifiesto. Ahora, desde aquí y dentro de nuestra humildad, nos sumamos a este manifiesto. ¡Ojalá en la Curia no se le descalifique de entrada y sin escuchar su voz! ¡Ojalá Su Santidad lo tenga en cuenta y responda! Y sin tardar mucho. De lo contrario, la sal puede volverse insípida y el catolicismo dejar de tener capacidad de penetración e influencia en el mundo. Es decir, capacidad evangelizadora.


José Manuel Vidal

Un análisis de la situación en Egipto, por Yasmina Khadra.

Me llegan informaciones de la situación de extrema tensión que se está viviendo en estas horas en Egipto, según nos comentan las religiosas y religiosos que permanecen allí. Parece que en la próximas horas pueden darse situaciones muy duras. Que Dios, el clemente y misericordioso, ilumine los corazones de todos para lograr evitar violencias y muertes absurdas e irreparables. Salam.Pax.










Si los levantamientos que se encadenan en determinados países árabes tienen en común una misma motivación, a saber, la expresión ultrajada de un hartazgo y de una necesidad vital de emancipación y de libertad, los regímenes totalitarios contestados son muy diferentes los unos de los otros. En Yemen se trata de una dictadura estática, esclerotizada, sin proyecto real de sociedad y sin dinámica, basada exclusivamente en las alianzas tribales. Una dictadura virtual, sorda, opiácea, que ha instalado al pueblo en el estoicismo y la renuncia.



En la insurrección de 1988 en Argelia cometimos la torpeza de no contar con guías prevenidos
Túnez podría arreglárselas. En Egipto, se trata de las relaciones de fuerza de la región.



En Túnez, el régimen, nacido a partir de una esperanza de renovación y de progreso, cayó en la trampa de una espantosa estrechez de miras que condujo a Ben Ali a perder de vista la oportunidad de poder inscribir su nombre con letras de oro en la historia de su país. Ben Ali era, sin duda alguna, el más convincente de los presidentes árabes. Disponía de un pueblo magnífico, instruido, moderno, emancipado y no violento. Su reino era pan bendito. Pero, al no hacer la gloria estremecerse más que a las almas que son dignas de ella (Gogol dixit), el soberano de Cartago optó por la depredación bulímica y por una represión policial que no tenían ninguna razón de ser. Privilegió el reino de sus allegados y de su familia política en detrimento de su propio reino y acabó por verse superado por el giro de los acontecimientos. Podríamos decir que la dictadura de Túnez era sobre todo un poder crapuloso sobre el país, basado en el nepotismo, la corrupción y el tráfico de influencias.



En Egipto se trata de un régimen fantoche, deseado y alimentado por los intereses estadounidenses e israelíes. Considerado como la punta de lanza del mundo árabe, se ha convertido en su eslabón débil. Su incondicional alianza con los norteamericanos ha perjudicado mucho al destino de Palestina y dispersado considerablemente a la unidad árabe. Al concentrar en su seno a las principales instituciones árabe-africanas (políticas, económicas, culturales y deportivas), Occidente ha hecho de él su único interlocutor y su principal peón en la región. Valiéndose de ese privilegio, el régimen de Mubarak trocó deliberadamente su estatuto de hermano mayor por el poco brillante papel de cómplice y de traidor, actitud que el pueblo egipcio, considerado como el más intelectualizado del mundo árabe, no ha acabado de digerir. En la dictadura egipcia se da el ejercicio flagrante de una creciente injerencia de los intereses geoestratégicos occidentales, en particular los de Estados Unidos e Israel. Su vocación consiste esencialmente en amordazar el orgullo y la dignidad nacionales en beneficio de ambiciones vampirizantes exteriores.


Los levantamientos que tienen lugar en esos tres países responden también a una urgencia capital. En Yemen, como en Túnez y en Egipto, los pueblos reclaman la libertad, el honor y la posibilidad de acceder a una vida decente. Los regímenes denostados han sido, para nuestros pueblos, la causa principal del marasmo y de la descomposición socioeconómica que nos deniegan el derecho a poder ascender en el concierto de las naciones. Pero de ningún modo se trata de revoluciones. Se trata de una reacción espontánea, incoherente y sin orientación precisa, cuyo objetivo es el de expulsar al tirano sin prever ni preocuparse por lo que vendrá después. Una revolución es un acto pensado, maduramente articulado en torno a una hoja de ruta, de una estrategia, y conducido por actores identificados y determinados. No vemos a cabecillas titulares designados en las calles de El Cairo, de Túnez o de Adén. Privados de catalizadores eficaces, estos vastos movimientos de protesta van a tener que seguir hasta el final y desbaratar todos los ardides que los Gobiernos amenazados van a multiplicar para cambiar la situación a su favor. Nos hallamos ante la duda sideral, de ahí que se haga imperativo el recurso inmediato a conciencias intelectuales o políticas capaces de encarnar la cólera popular y la saludable alternancia exigida por el pueblo. Sería desastroso seguir sitiando las plazas públicas sin erigir en ellas tribunas y sin hallar para ellas una voz fuerte y creíble que desbanque los discursos falaces y las llamadas a la calma de los regímenes acorralados. Como sería desastroso aceptar un compromiso, que, con toda evidencia, no sería sino una trampa inesperada y una tentativa de ganar tiempo para los Mubarak y sus esbirros. Cometimos esa torpeza en Argelia con ocasión de la formidable insurrección de octubre de 1988. Al no contar con guías prevenidos que nos evitaran las trampas de la recuperación y nos precavieran de los fallos de nuestra inadvertencia, aplaudimos la proclamación de la democracia y del multipartidismo para desengañarnos algunos años más tarde bajo el tsunami islamista. No quisiera que esta catástrofe se operara en Túnez y en Egipto. Esa es la razón por la que resulta de extrema importancia, para esos dos países, escoger a hombres y mujeres aguerridos, vigilantes y dispuestos a erradicar toda traza de los antiguos aparatos represivos del Estado y a impedir las tentativas de instrumentalización y desviación ideológicas que reducirían a cenizas la instauración de una auténtica democracia laica y republicana.



Sin embargo, si el caso tunecino suscita la simpatía de Occidente, el de Egipto le quita el sueño. Porque en Egipto no se trata del porvenir del pueblo egipcio, sino de una nueva configuración de las relaciones de fuerza en la región. Si el régimen de Mubarak se hundiera, la "paz" de Oriente Próximo ya no estaría garantizada. Entendiendo por "paz" la estabilidad de Israel y su impunidad. Estados Unidos va a emplear todo su peso para mantener el régimen, a riesgo de sacrificar a Mubarak. Y los egipcios están viviendo las horas más peligrosas de su historia republicana. O aceptar la "transición" o la guerra civil. Personalmente, no soy nada optimista. Cada día que pasa lo hace en beneficio del régimen, que ha elegido la guerra de desgaste. Ya no es la calle la que gestiona el asedio. La economía está parada, la gente no percibe sus salarios y los estómagos empiezan a acusar el hambre. El régimen lo sabe y va a tratar de prolongar las manifestaciones pacíficas para volver a desplegarse, restablecer sus redes de propaganda y de disuasión y sembrar la duda en los ánimos. En el momento en que escribo, Mubarak habría confiado ya el destino de Egipto a los expertos del Pentágono. Esa "transición" que reclama Washington es la trampa mortal que destruirá toda oportunidad de recuperar su honor y su salvación al pueblo egipcio.



Hay dos preguntas que hacerse:



1. ¿Podrían extenderse estos levantamientos a Libia, Argelia, Marruecos y Jordania? Para Libia, la cuestión ni se plantea. Para los libios, Gadafi no es un dictador sino un líder iluminado. Tardaremos en ver sumidas en la cólera a las calles de Trípoli. Respecto a los otros tres países, a pesar de la corrupción generalizada, el desempleo, el empobrecimiento galopante y la falta de perspectivas para la juventud y los nuevos diplomados, no habrá insurrecciones en ellos. Los Gobiernos actuales prometerán la introducción de vastas y urgentes reformas para satisfacer las reivindicaciones de sus pueblos y seguirán sin comprender que es la alternancia lo que la nación exige. El brazo de hierro será flexible, pero nadie podrá prever la reacción popular a corto plazo. Una cosa es cierta, gracias a lo que ocurre en Túnez y en Egipto, los pueblos saben ya dónde están sus verdaderas fuerzas. Nada será ya como antes.



2. ¿Van a cambiar algo estos levantamientos? En Yemen, nada concluyente. Al régimen le bastaría con hacer algunas concesiones para dispersar a las multitudes. Las alianzas tribales están demasiado corrompidas como para renunciar a sus conquistas en beneficio de sus comunidades. Túnez podría arreglárselas. Tiene bazas reales de salir bien parado de la transición, pero los excluidos del aparato del poder no renunciarán a su parte del pastel. En cuanto a Egipto, se velan las armas, o, por seguir con la tradición musulmana, es "la noche de la duda". Se juega todo a una carta. Y todo lleva a creer que se va a armar una buena. Los envites geoestratégicos son de tal calibre que gustosamente aceptarían el sacrificio de algunas decenas de miles de muertos.



Yasmina Khadra es escritor argelino.
Traducción de Juan Ramón Azaola.

Las raíces judías de Europa, por Mario Saban.




MARIO SABAN/. Cuando alguien entra en una iglesia y reza ante la imagen de Jesús, le está rezando a un judío. Cuando le reza a la Virgen María, le reza a una mujer judía... Y de este modo podemos seguir en una lista interminable de santos judíos fundadores del cristianismo: el judío Saul de Tarso o San Pablo, el judío Simón Bar Yona o San Pedro, el judío Jacobo Ben Zebedeo o Santiago el Mayor.


Los primeros cristianos fueron judíos. Cuando leemos los salmos estamos leyendo una obra judía, cuando leemos el libro de los proverbios estamos leyendo otra obra de la Biblia hebrea.

¿Quiénes fueron los primeros en introducir en cristianismo en Europa? Dos judíos: Priscila y Aquila. Fue gracias a esta pareja de judíos romanos que se introdujo el cristianismo en Europa.


No hay dudas de que las raíces de Europa son cristianas, pero debemos pensar en cuáles son las raíces a su vez del cristianismo, porque esas raíces son esencialmente judías.

Si no podemos comprender la construcción de Europa sin el cristianismo, menos aún podemos comprender el cristianismo sin el sustrato hebreo. Aún después de la aparición de su religión-hija, el judaísmo encontró elementos de supervivencia interna que le permitieron continuar su camino histórico.

Durante siglos los rabinos se encerraron a discutir todos los pasajes de la Biblia Hebrea construyendo con su esfuerzo y dedicación uno de los edificios más importantes de la historia humana: el Talmud, cuya fecha de cierre en el caso de Babilonia fue en el año 499. A su vez esta obra enciclopédica fue posteriormente estudiada por miles de sabios en el transcurso de los siglos. El judaísmo no basaba su estructura en un dogma sino en la apertura a la libre crítica de los textos. Se creó una mentalidad intelectual de especulación teológica y de crítica constante al texto de la Torá. Durante los siglos siguientes, los judíos formaron generaciones y generaciones de estudiosos. En el siglo X, Saadia Gaon en Babilonia había alcanzado el racionalismo filosófico, siete siglos antes de la Ilustración en Europa. Las obras de Gaon se difundieron por todo el continente. Rabi Moisés Ben Maimon (Maimónides) culminó el proceso de coordinación entre la fe hebrea y la razón e influyó directamente sobre Santo Tomás de Aquino.

Miles de alumnos comenzaron a llenar las escuelas de las juderías, en Girona, en Barcelona, en Zaragoza, en Toledo, en Tudela, en Tarragona, en Roma, en Livorno... toda Europa asistió a la construcción de centros de estudios judíos.

Pero fueron los últimos siglos los que vieron la explosión intelectual de los judíos europeos. El primer modelo de judío librepensador es, sin lugar a dudas, Spinoza (1632-1677). No podemos pensar la filosofía de Europa sin el pensamiento de Spinoza.

Pero es durante el siglo XVIII con la Ilustración y la emancipación de los judíos que Europa abrió sus puertas a todas las ramas del saber.

Los judíos ingresaron en las universidades y los antiguos estudiosos del Talmud y la Torá comenzaron a estudiar todas las áreas de interés humano. Este fenómeno histórico aún no ha sido debidamente estudiado. Algunas universidades comenzaron a limitar el número de judíos que ingresaban porque el porcentaje de éstos no era comparable con su tamaño demográfico. Europa se vio desbordada por sus judíos porque éstos deseaban participar en todos los campos del pensamiento.

La lista de judíos sin cuya participación Europa no podría ser comprendida es muy extensa y excede las posibilidades de este artículo. Desde Sigmund Freud hasta Walter Benjamin o Martin Buber. También Franz Kafka, Stefan Zweig, Albert Einstein, Raymond Aron, Jacques Derrida, Primo Levi, Max Aub, Karl Krauss, Edgard Morin, George Steiner, Ernst Bloch, Rosa Luxemburgo, Charles Chaplin, Theodor Adorno, Cecil Roth y miles y miles de anónimos intelectuales judíos que participaron en toda la cultura de Europa.

Citas de Thomas Merton (monje, poeta y pensador norteamericao)





"Si en Occidente Dios ya no puede ser experimentado como ‘muerto’, es debido a una ruptura y autoalienación internas que han caracterizado la mente occidental en su dedicación mentalmente simple a sólo la mitad de la vida: la exterior, objetiva y cuantitativa. La ‘muerte de Dios’ y la consecuente muerte del auténtico sentido moral, del respeto por la vida, por la humanidad, por los valores, expresa la muerte de una cualidad de vida interior subjetiva: una cualidad que en las religiones tradicionales era experimentada en términos de conciencia de Dios; no en la concentración en una idea o concepto de Dios, y menos aún, en una imagen de Dios, sino en una sensación de presencia, de un fundamento divino de realidad y significado partiendo de los cuales la vida y el amor pudieran florecer espontáneamente".

Thomas Merton, Reflexiones sobre Oriente. La filosofía oriental a la luz del misticismo occidental. Cap. El hinduísmo. (traducción de Joaquín Adsuar Ortega). Ed.Oniro, Barcelona, 1997.


"Cualquier cosa que la India haya tenido que decirle a Occidente, se vio forzada a permanecer en silencio. Cualquier cosa que China haya tenido que decir, aunque algunos de los primeros misioneros le prestaron oídos y lo entendieron, el mensaje fue en general ignorado por inconcerniente. ¿Es que hubo quien escuchara las voces de los mayas y de los Incas, aunque tenían cosas profundas que decir? Viéndolo bien, su testimonio fue simple y llanamente suprimido. Nadie creyó que los Hijos del Sol pudieran esconder, después de todo, ningún secreto espiritual en sus corazones. Por el contrario se suscitaron discusiones abstractas para determinar, en términos de filosofía puramente académica, si era posible o no considerar al indio como animal racional. Uno se sobrecoge con sólo el eco de la voz del orgullo cerebral de Occidente -ya desde entonces encarnado por el racionalismo que hoy constituye nuestro patrimonio-, alzándose para juzgar el viviente misterio espiritual del hombre primitivo y condenarlo a ser excluido de aquella categoría de que exclusivamente se hacía depender el amor, la amistad, el respeto y la comunión".


Thomas Merton. Carta a Pablo Antonio Cuadra sobre los gigantes, 1962. Mutantia (zona de lucidez implacable), Ediciones del Psiconauta, Buenos Aires, 1981.


"El Gita ve que el problema básico del hombre es su endémica negativa a vivir por otra voluntad que no sea la suya (…) Es renunciando a una libertad falsa e ilusoria, a nivel superficial, como el hombre se une con el fundamento interno de la realidad y la libertad en sí mismo que es la voluntad de Dios, de Krishna, de la Providencia o del Tao. Estos conceptos no coinciden exactamente, pero tienen mucho en común. Es permaneciendo abierto a un número infinito de inesperadas posibilidades, que trascienden su propia imaginación y su capacidad de planificación, como el hombre en verdad realiza plenamente su propia necesidad de libertad. El Gita, como los Evangelios, nos enseña a vivir conscientes de una verdad interior que excede el alcance de nuestros pensamientos y no puede ser sometida a nuestro propio control. Si seguimos el simple afán de poder, seremos esclavos de ese afán. Si obedecemos esa verdad seremos, finalmente, libres".

Thomas Merton, Reflexiones sobre Oriente. La filosofía oriental a la luz del misticismo occidental. Cap. El hinduísmo (traducción de Joaquín Adsuar Ortega). Ed.Oniro, Barcelona, 1997.


"Creo que no debemos sentirnos muy seguros de haber hallado a Cristo en nosotros mismos hasta que no lo hallemos además en el sector de la humanidad más remoto del nuestro. A Cristo no se lo encuentra en altisonantes y pomposas declaraciones sino en el diálogo humilde y fraterno. Se encuentra menos en una verdad impuesta que en una verdad compartida".

Thomas Merton. Carta a Pablo Antonio Cuadra sobre los gigantes, 1962. Mutantia (zona de lucidez implacable), Ediciones del Psiconauta, Buenos Aires, 1981.


"El azar de la busca espiritual es, precisamente, que la determinación de su autenticidad no puede ser dejada a nuestro propio juicio aislado y subjetivo. el hecho de que yo la acepte no prueba nada, como tampoco lo haría el que la rechazara. No nos limitemos a crear nuestras propias vidas en nuestros propios términos. Cualquier intento de hacerlo así es una afirmación de nuestro yo individual como algo definitivo y supremo".

Thomas Merton, Reflexiones sobre Oriente. La filosofía oriental a la luz del misticismo occidental. Cap. El hinduísmo (traducción de Joaquín Adsuar Ortega). Ed.Oniro, Barcelona, 1997.


"Vivimos en un tiempo de malos sueños, en el que el científico y el ingeniero tienen el poder de darle forma externa a los fantasmas del inconsciente del hombre. Los relumbrantes proyectiles que cantan en la atmósfera, listos para pulverizar las ciudades del mundo, son sueños de gigantes sin centro. Sus circunvoluciones matemáticas son hieráticos ritos de chamanes sin credo. No es prohibido desear que sus sueños hubieran sido menos sórdidos".

Thomas Merton. Carta a Pablo Antonio Cuadra sobre los gigantes, 1962. Mutantia (zona de lucidez implacable). Ediciones del Psiconauta, Buenos Aires, 1981.


"Los mayores actos de inhumanidad han sido perpetrados precisamente en nombre de la ‘humanidad’, la ‘civilización’, el ‘progreso’, la ‘libertad’, ‘mi patria’ y, desde luego, ‘Dios’. Esto nos recuerda que en el cultivo de una conciencia espiritual interna existe un peligro de autoengaño y narcisismo, una rigurosa evasión de la verdad fomentada por uno mismo. En otras palabras: la tentación para las gentes de mente religiosa y espiritual es cultivar un sentido interno de lo correcto o de la paz, y hacer de esta sensación subjetiva la prueba o test final de todo. Mientras este sentimiento de lo justo siga con ellos, serán capaces de hacer cualquier cosa. Pero esta sensación interna (como han demostrado Auschwitz y el caso de Eichmann) puede coexistir con lo más definitivo de la corrupción humana. El azar de la busca espiritual es, precisamente, que la determinación de su autenticidad no puede ser dejada a nuestro propio juicio aislado y subjetivo. El hecho de que yo la acepte no prueba nada, como tampoco lo haría el que la rechazara. No nos limitemos a crear nuestras propias vidas en nuestros propios términos. Cualquier intento de hacerlo así es una afirmación de nuestro yo individual como algo definitivo y supremo".

Thomas Merton, Reflexiones sobre Oriente. La filosofía oriental a la luz del misticismo occidental. Cap. El hinduísmo (traducción de Joaquín Adsuar Ortega). Ed.Oniro, Barcelona, 1997.

"Desgraciadamente el amor que ha de nacer del odio no nace nunca. El odio es la esterilidad; nada procrear sino la imagen de su furor vacío, su propia nada. Es imposible que del vacío nazca el amor. Este está lleno de realidad. El odio destruye el verdadero ser del hombre, puesto que hace la guerra a una ficción que es ‘el enemigo’. El hombre es concreto y viviente, pero ‘el enemigo’ no es sino una abstracción subjetiva. La sociedad que mata hombres reales para librarse del fantasma de una ilusión paranoica, es porque está posesa del demonio de la destrucción desde el momento en que se ha hecho incapaz de amor. Rehusa, a priori, amar. No tiene por objeto la relaciones concretas del hombre con el hombre, sino sólo abstracciones concernientes a la política, la economía, la psicología y aun, a veces, la religión. Las palabras y los símbolos constituyen la única realidad que nuestra época respeta, aunque se ufane de estar absorbida en la técnica y el progreso. En realidad a nadie le importa el progreso, sino solamente lo que de éste se dice, qué precio puede dársele, qué ventaja política se le puede sacar. Gog representa el amor al poder. Magog está absorbido por el amor al dinero: sus ídolos difieren, y aunque se ven las caras con gestos agresivos, su locura es la misma: son en verdad las dos caras de Jano mirando hacia el interior y dividiéndose con furor crítico el envilecido santuario del hombre deshumanizado".


Thomas Merton. Carta a Pablo Antonio Cuadra sobre los gigantes, 1962. Mutantia (zona de lucidez implacable). Ediciones del Psiconauta, Buenos Aires, 1981.

jueves, 3 de febrero de 2011

Islam y Democracia. La sheija Amina Teslima Al Jerrahi analiza la aportación islámica a la geopolítica internacional.


Tomado http://www.webislam.com/?idt=8499


Y consulta [Oh, Mujámmad] con ellos en todos los asuntos de interés público. (Qur’an III, 159). En verdad, Dios no cambia la condición de una gente mientras éstos no se cambien a sí mismos, Qur’an XIII 11.

Ya son muchos los estudios realizados que exploran si el Islam tiene o no cabida para la democracia como sistema político de organización social, y ya ha quedado claro que la gran mayoría de los musulmanes prefiere la democracia como sistema de gobierno para participar en las decisiones que afectan a las sociedades donde viven, según muestra, desde 2003, una amplia encuesta realizada por el centro de investigaciones Pew de Washington.

Sin embargo, las tradiciones sagradas en general, y el Islam en particular -universos orgánicos que abarcan todos los aspectos inmutables de la existencia- no pueden ser en realidad comparadas con sistemas de organización política, que sólo abordan aspectos variables y relativos.

Con esta aclaración asentada, podemos decir que el vínculo de eso que llamamos democracia -y los valores que ésta representa- con el Islam, tiene raíces profundas. Sin duda, en el terreno de la organización social comparten los principales postulados: inclusión social, equidad en la pluralidad, justicia social, la práctica de la tolerancia ante la diferencia, defensa de los derechos humanos, estimulación de la participación social en todos los asuntos de la comunidad, respeto a las minorías, etc.

No es de extrañar esta incesante búsqueda de certeza respecto a algo tan obvio. Los numerosos acontecimientos violentos que surgen de la cada vez más extensa variedad de movimientos extremistas en países islámicos, en sociedades no islámicas desinformadas y absolutamente desconocedoras del Islam, crean una confusión atroz. Pero también es igualmente evidente que muchas de estas polarizaciones, en algunas (¿demasiadas?) sociedades islámicas, son producto, precisamente, de las violaciones sistemáticas de esos valores que están en la raíz misma del sistema de organización social que propuso la revelación del Islam a la humanidad cuando ni siquiera existía el término «democracia», y que se atribuyen demasiado a la ligera al «Islam», con la ilícita licencia que ofrece la ignorancia.

De "país islámico" a simple transgresión

Las transgresiones de las oligarquías del Golfo Pérsico contra la ley sagrada del Islam, que han impuesto sistemas monárquicos de corte feudal -donde el poder está en manos de una minoría que utiliza la religión como instrumento de control ideológico-, son ejemplos dramáticos de cuánto han podido deformarse los sistemas sociales en países islámicos, distanciándose de la revelación del Islam y creando así este muro de niebla.

Sin embargo, los hechos, por sí mismos, revelan tendencias insoslayables de las poblaciones (cuando están en libertad de opinar), en cuanto a la conciencia que expresan espontáneamente (a pesar del alto grado de analfabetismo que mantienen muchos regímenes, especialmente entre las mujeres) del vínculo primario entre el Islam y el sistema democrático: en Malasia, la democracia se practica desde hace más años que en España; en Indonesia, donde viven 180 millones de musulmanes, una mujer, Megawatti Sukarnoputri, fue elegida presidenta; y en Pakistán, una mujer tan -en apariencia al menos- occidentalizada, como Benazir Bhuto ganó dos veces las elecciones generales.

Además no se puede olvidar que más allá de la insoslayable perspectiva de género al abordar el tema que nos incumbe, en Irán, Bani Sadr fue el presidente elegido por sufragio universal tras la revolución de 1979, y que su triunfo laico y liberal contra el candidato de los ayatol-lahs demostró que los revolucionarios iraníes no buscaban, desde ese entonces, instaurar una teocracia.

Actualmente en Iraq los llamamientos a la democracia proceden del consejo shía de la escuela de Nayaf. Como sabemos, el Ayatol-lah Ali al-Sistani defiende que sea un órgano electo -y no un consejo designado por EEUU-, el que redacte la constitución de todos los iraquíes. En Bagdad son muchas las manifestaciones que ya han pedido el fin de la ocupación y el principio de una democracia legítima.


Datos frente a rumorología

Es un hecho irrefutable que a pesar de todas las dolorosas deformaciones que traicionan e ignoran la propuesta divina a la hora de organizar el gobierno comunitario en su propia cuna, a principios del siglo XXI la gran mayoría de los musulmanes del mundo eligen a sus gobernantes por la vía electoral. Con esto no se pretende afirmar que los países musulmanes constituyan hoy por hoy ejemplos democráticos a seguir en el mundo, ni que todos estos gobiernos hayan logrado cimentar sus políticas sobre un terreno libre, plural y democrático fiel a los principios islámicos revelados. Tal es el caso de Argelia, Nigeria, Marruecos, Egipto, Mauritania y Turquía, donde existe un régimen democrático mediatizado por una oligarquía militar. Pero es necesario recordar que ni el sagrado Qur’an ni la Sunna profética proponen un modelo unívoco exportable de gobierno.


Qu'ran y Democracia

Lo que llamamos «democracia» es un valioso sistema de organización social cuyas ideas principales son universales y vienen de tiempos remotos. La democracia liberal moderna que tiene su origen en las revoluciones de América del Norte (1776) y en la francesa (1789-1799), está en continuo desarrollo, revisión y perfeccionamiento con el fin de contrarrestar los desequilibrios en su manifestación. Su aplicación es variable de acuerdo a las circunstancias de la comunidad en la que se practica.

El Islam, en cambio, ha establecido principios que trascienden por mucho lo variable, lo temporal, lo transitorio, y no excluye de su luz a todo asunto temporal y relativo de la organización comunitaria: la no discriminación por raza, color, edad, nacionalidad o rasgos físicos («Todas las gentes son iguales como son iguales los dientes de un peine»); el poder yace en la verdad, no la verdad en el poder; la justicia social y el estado de derecho; libertad de creencia y el derecho a la vida, a la propiedad privada, a la reproducción y a la salud son libertades declaradas inviolables por la escritura sagrada; nadie puede ser sentenciado por una violación sin evidencia, o acusado y castigado por violaciones cometidas por otro; un sistema de consejo para la administración de los asuntos de la comunidad.

Ya que el Islam considera a los individuos y a las sociedades responsables por sus decisiones, a las comunidades concierne el ejercicio de auto-gobernarse, es decir, de escoger el mejor sistema posible para su organización social basada en la luz de la revelación. Si le llamamos democracia, sociocracia o shurá, es secundario. Lo importante es determinar y ejercer «lo absolutamente necesario, lo relativamente necesario y lo recomendable», en armonía con los principios fundamentales que delinea la revelación: paz, justicia, equidad, unidad en la diversidad, amor, misericordia extrema, compasión infinita y solidaridad.

El principio de la Shura (la consulta mutua) es en realidad el precepto raíz del Islam sobre el modelo de organización social, que, como órgano de participación de todos los miembros de la comunidad islámica en las decisiones colectivas, constituye el punto de partida para un diálogo fructífero entre el modo de organización social islámico y el modelo democrático: «...[los creyentes] tienen por norma consultarse entre sí» (Qur’an, 42, 38). En otro verso, Al-láh se dirige al Profeta Muhámmad en los
siguientes términos: «Y consulta con ellos en todos los asuntos de interés público» (Qur’an 3, 159).

Debido a que en la mezquita de Medina se reunían todos los miembros de la comunidad -mujeres incluidas- para discutir y buscar soluciones de consenso a los problemas que se planteaban en un círculo de escucha activa, en donde todos opinaban y todas las opiniones se tomaban en cuenta, resulta evidente que el sistema de gobierno llamado democracia participativa es afín a los principios del Islam. Incluso, se conocen decisiones tomadas de forma colectiva en contra de la opción defendida por el propio Profeta, paz y bendiciones para él. Debido a que el creyente musulmán tiene la obligación de escuchar al otro y optar por el camino de la sabiduría, del equilibrio, y no por el de la opresión, del Islam proviene la metodología para hacer que los frutos de tal madurez social se reflejen en la sociedad. Sin el ejercicio de la tolerancia no se puede lograr la paz en una sociedad plural, como han sido todas las sociedades islámicas desde el principio.
Por si fuera necesario recordarlo, si Al-láh, Lo Más Alto, no hubiera querido crear un mundo plural, ni la palabra plural existiría. Por tanto, cómo convivir dentro de la diversidad es un legado del Islam del que la modernidad puede servirse e iluminarse.


La llamada «democracia», en el Islam se encuentra en sus orígenes en el hecho mismo de que cada creyente, en su relación con la Soberanía divina, tiene la capacidad de recibir la revelación y de aplicarla en su vida según su percepción y entendimiento. De cada muslim y muslima se espera que haga uso de un ejercicio que podríamos llamar sin empachos democrático, para elegir entre la libertad de interpretación y de conciencia, o la dependencia de aquellos que gustan de llamarse guardianes de la tradición...
Re-unificando conceptos

La pregunta esencial hoy es: ¿Por qué eso que se desprende de forma tan evidente de la tradición sagrada del Islam -la compatibilidad intrínseca del sistema democrático con los principios revelados del Islam- se ha vuelto una ogante? ¿Por qué algo tan obvio se pone en duda? Y más aún: ¿qué factores provocan que muchos declaren al sistema democrático en evolución, del todo incompatible con una sociedad auténticamente islámica?


Las respuestas presentarán con claridad los graves problemas que las sociedades islámicas deben enfrentar hoy si su propósito es que el Islam auténtico, la sabiduría que mana de su revelación y del ejemplo de su profeta, brillen por ellas. Cuando eso ocurra, para todos, en todos los continentes, se volverá igualmente claro que es el sistema democrático o cualquier otro sistema de organización social, el que resultará beneficiado de su contacto con la luz clara del Islam y no al revés.


Amina Teslima es maestra de la orden sufi Jerrahi en México.

martes, 1 de febrero de 2011

Un “nuevo cristianismo” como condición y como tarea, por Emilio Alberich (salesiano).


¿Tiene futuro el cristianismo? Podemos responder tranquilamente que si, y no solo por razones de fe. Claro que con ciertas condiciones y, ciertamente, con rasgos muy distintos de los del pasado. No, por ejemplo, como aparecía en la situación de «cristiandad», ni con muchos aspectos institucionales heredados de los siglos pasados. Pensamos en un cristianismo que no se presente solo como patrimonio histórico y cultural en nuestros pueblo; o como legado europeo que los misioneros difunden por el mundo.


El cristianismo del futuro podemos imaginarlo con al menos estos rasgos característicos:


- Cristianismo en un contexto plural: El pluralismo hace que no pueda hablarse ya de hegemonía o de control social, pues la propuesta cristiana se encontrará como una entre tantas, emplazada para demostrar su propia validez y credibilidad. Se encontrara en condición continua de diálogo intercultural a interreligioso, y seriamente comprometida en la causa ecuménica.

- Cristianismo con una nueva relación con la cultura. Esta relación está pidiendo una seria reformulación de la fe, una valiente revisión del mensaje moral, un esfuerzo de discernimiento y revitalización de las tradiciones cristianas.


- Cristianismo con profundos cambios estructurales a institucionales. Pensamos en cambios relacionados con la realización de la eclesiología conciliar de comunión y de servicio, con todas sus consecuencias: superación del eclesiocentrismo y del centralismo romano; abandono del clericalismo y de toda forma de discriminación intraeclesial (en especial de los laicos, las mujeres, los pobres); conversión evangélica de la autoridad (en relación sobre todo con el ejercicio del papado y la actuación de la colegialidad); promoción de las iglesias locales y particulares; etc.

El rostro de un nuevo cristianismo parece que ya empieza a aflorar en no pocas experiencias y realidades del mundo actual. Podemos observar que, mientras asistimos al desmoronamiento implacable de un modelo de Iglesia y de cristianismo, lentamente aflora y se afirma un nuevo cristianismo y una Iglesia nueva que crece desde la base, en multitud de pequeñas o grandes realizaciones, las más de las veces calladas, humildes, pero cargadas de futuro. Son realidades prometedoras de las que, por lo general, no se habla mucho y que no llaman la atención. Pero ya se saber «hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece».


La actitud pastoral no debe ser de desconfianza o de condena del mundo y de la cultura actual, sino decididamente de simpatía, de comprensión, de esfuerzo sincero por captar sus dinamismos de fondo y los valores del nuevo tipo de racionalidad que encarna. En definitiva: actitud de fe, de confianza en el poder de Dios, que «tanto amó al mundo...» (Jn 3,16). No debemos dudar de que Dios sigue amando al mundo, también al mundo de hoy.

Hola, Bienvenid@s.


Este Blog quiere ser un lugar de encuentro para todos aquellos que queremos ayudar a transformar la sociedad para convertirla en un lugar más fraterno, más libre, más justo y, a la vez, somos conscientes de que todo cambio social sólo es posible si hay un cambio personal e interno y no se olvida lo que nos enseña la Tradición Espiritual de la Humanidad, intentándo actualizarla creativamente en cada época.


Mi camino...

el camino que sigo es el camino de la mística del amor, no un amor sentimental, sino un amor inteligente o consciente (amor iluminado decían los antiguos) y solidario, que no olvida el sufrimiento y la injusticia.
Guiado de la mano de de la mística monástica cisterciense (la primera mística moderna del amor), el esoterismo cristiano, la mística de san juan de la cruz y el zen... y animado por ideales progresistas y solidarios os invito a caminar juntos hacia un mundo y unos hombres y mujeres nuevos.