"Tutti i miei pensier parlan d’amore (Todos mis pensamientos hablan de Amor)". Vita Nuova. Dante Alighieri.

lunes, 22 de marzo de 2010

“Pretendemos que la riqueza se distribuya democráticamente”. Entrevista a Susan George, presidenta de Honor de ATTAC.





por Isaac Pons de Rosa

Durante los dos últimos días se han celebrado las XII Jornadas del Fons Menorquí de Cooperació, un evento que este año ha llevado por título “La crisis de la globalización: ¿oportunidad o fracaso?”.

Si el viernes se contó con la participación del ex director general de la UNESCO, Federico Mayor Zaragoza, en la sesión de ayer intervinieron otros ponentes. Fue el caso de Susan George, doctora en Ciencias Políticas y licenciada en Francés y Filosofía, y que es la presidenta de honor de ATTAC, una organización internacional que pretende organizar la sociedad civil para frenar la “dictadura de los poderes económicos ejercida a través de los mecanismos de mercado”, una tarea a escala internacional que exige organizarse localmente para actuar a escala local y global. Susan George (Ohio, Estados Unidos, 1935) adquirió la nacionalidad francesa en 1994. Es presidenta del comité de planificación del Transnational Institute de Amsterdam, y entre 1999 y 2006 fue la vicepresidenta de ATTAC Francia.

¿Cómo se puede definir la situación de crisis mundial actual?


Yo explico la situación actual como si fueran varios círculos concéntricos. Hoy en día, el círculo mayor y más importante son las finanzas, que es el que dictamina todo lo demás. El segundo círculo es la economía, la economía real, la que produce bienes y servicios y que depende de la financiación. El 80 por ciento de la economía se destina a financiación, a producir dinero. En cambio, éste no va a parar a la producción real de bienes y servicios. Las empresas están subfinanciadas, una de las principales causas del crecimiento del paro. Después de la crisis, los bancos no están prestando dinero a las empresas para que produzcan bienes y servicios reales. Al contrario, se guardan el dinero, no conceden créditos o, en todo caso, piden muchos requisitos para prestarlos con unas condiciones draconianas.

¿Y en qué circulo se ubica la sociedad?

La sociedad es el tercer círculo, que realmente depende de la economía y las finanzas, de manera que, al final, la sociedad se convierte en la subsidiaria de la economía. Y por debajo de la sociedad, el cuarto círculo concéntrico, el de menor importancia, es la tierra, el planeta, la biosfera. Para la economía es vista, simplemente, como el lugar de donde se extraen las materias primas y donde se dejan los residuos.

Una sociedad que, según los científicos, está destruyendo el planeta. ¿Es irreversible?

El tiempo que llevamos aquí en estas jornadas se ha perdido biodiversidad, unas veinte especies definitivamente. ¿Irreversible? ¡Seguro que sí! Lo es, aunque a priori parezca que la pérdida de pequeñas especies, de insectos, no tenga mayor importancia. Es irreversible porque la conjunción de las pérdidas de todas esas especies altera el ecosistema.

¿Se puede decir que la tierra tiene fecha de caducidad?


El planeta tendrá capacidad para salvarse. Es el ser humano el que no sobrevivirá. La tierra seguirá girando sobre sí misma y alrededor del Sol. Si lo ha hecho durante cuatro millones y medio de años, lo seguirá haciendo. La cuestión es con quién y cómo.

Si es así, ¿qué se puede hacer para frenar esta tendencia en la que priman las finanzas y la economía?


Una de las Soluciones Nuestras que proponemos se refiere a lo más difícil que se le pide a la Humanidad, que desde la sociedad civil se invierta el orden de estos círculos concéntricos. Así, la naturaleza, el planeta sería el círculo más importante. Para sobrevivir hay que aceptar varios condicionantes que nos propone el entorno, climáticas. El ser humano depende de la biodiversidad del entorno, hay cuestiones a las que no puede responder la tecnología. Luego, en el mundo que esperamos poder construir, la sociedad sería el segundo círculo. La sociedad debería tener el derecho y la capacidad de decidir democráticamente su funcionamiento, bajo qué criterios, con qué reglas y normas. Luego, el siguiente círculo sería la economía, para que desde la sociedad emanen las normas de la economía, porque sin la economía ninguna sociedad puede gestionarse. A fecha de hoy, la riqueza está concentrada en un grupo muy minoritario de gente. Nosotros pretendemos que se distribuya democráticamente. El desajuste entre los que tienen menos y los que tienen más es de uno a cien. Se sabe cual es el subsuelo de la pobreza, pero nunca se ha puesto un límite para la riqueza. Deberían reducirse las diferencias para que éstas nunca fueran superiores de uno a quince. Por último, las finanzas que ahora dirigen la sociedad deberían convertirse en una herramienta de gestión económica al servicio de la sociedad. Sería el cuarto círculo.

¿Para llevar a cabo estos cambios será necesario el trabajo de todos los países?


En mi intervención en estas jornadas no profundizo en la gestión del G-20, tan sólo digo que todas las propuestas que hacen son falsas e insuficientes.

¿Qué soluciones hay?

La primera que proponemos es que en la sociedad civil, que está fragmentada, haya alianzas. Primero hay que identificar al enemigo común, el neoliberalismo. En los últimos treinta años el neoliberalismo ha definido la economía y las finanzas. Hace falta que la sociedad haga un trabajo en común, asociaciones que ya existen, ecológicas, en defensa de la mujer, de la paz, para la cooperación, sindicatos, asociaciones agrarias, ATTAC … juntas deberían constatar que el neoliberalismo es el único enemigo.

Siempre se ha dicho que el poder está en manos de unos pocos…

Hay un pequeño grupo, la clase Davos, que se empeña en mantener su “status quo”. Recibe el nombre de la ciudad suiza donde esa gente se reúne cada mes de enero. Es un grupo selecto, internacional, que tiene unos intereses de clase diferentes a los del resto de la sociedad. No es que hagan una conspiración, sólo defienden sus intereses y están mucho más organizados. Al contrario del grupo de Davos, nosotros, el resto de la gente, y aunque somos más numéricamente y tenemos la tecnología y el conocimiento necesario, e incluso disponemos de dinero entre todos, no estamos organizados para actuar juntos.


¿Cómo se puede superar el poder del grupo de Davos?


Aunando todas las fuerzas es posible. Una de las soluciones es que estén socializados todos los bancos que han recibido dinero. Deberían estar obligados a dar préstamos con intereses muy bajos, sólo los necesarios para cubrir gastos, a pequeñas empresas que prioricen proyectos verdes y a aquellas iniciativas con un componente ecológico, casas de autosuficiencia energética o para comprar coches ecológicos. Y para superar el problema del paro se pueden hacer inversiones relacionadas con energías alternativas y proyectos ecológicos encaminados a reducir el CO2, iniciativas que, de por sí, ya crean empleo.

Usted decía que existe excesiva diferencia entre ricos y pobres. ¿Podrían contribuir los ricos en la mejora de la situación global?

Proponemos instaurar una tasa sobre las transacciones internacionales y sobre las operaciones de cambio de moneda. Significaría poner una tasa a todo el sistema financiero, que es el que invierte su dinero para crear más dinero pero que nunca recae sobre la economía real y productiva. En 2009, sólo en la bolsa de Nueva York se hicieron 46.000 millones de transacciones. Sólo que cogiéramos esa tasa al 1 por mil tendríamos unos 46 millones de dólares. Eso sin contar los cambios de moneda, que suponen más de 3.000 millones de dólares al día. Todo lo que se recaudaría con esta tasa se repartiría entre las necesidades sociales de los países donde se hacen esas transacciones, en fondos de desarrollo que servirían para evitar que se creen paraísos fiscales, y en la lucha contra el cambio climático. Porque nunca hemos sido tan ricos, hay mucho dinero. Es falso que no lo haya para invertir en educación y sanidad. Hay dinero pero se decide no invertirlo ahí.

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