"Tutti i miei pensier parlan d’amore (Todos mis pensamientos hablan de Amor)". Vita Nuova. Dante Alighieri.

lunes, 8 de febrero de 2010

Raimon Panikkar, un monje sin monasterio.





Desde muy joven se sintió monje, pero un monje sin monasterio. Está interesado en el monje que hay en cada uno de nosotros. Defiende el arquetipo de monje estudiando la quintaesencia del monaquismo para abrir camino a los “nuevos monjes”.

Entiende por monje aquella persona que aspira a conseguir el supremo objetivo de la vida con todo su ser, mediante la renuncia y despego de todo aquello que no sea necesario para poderse concentrar en un único y singular objetivo. Tiene el deseo de ser libre y liberado. Todo aquello que no sea escalera para subir es ignorado y todo aquello que no es camino es marginado. Ser monje es una cosa muy personal.

El monje no llega a ser monje por un proceso de reflexión o por el deseo de Dios sino como resultado de un impulso, de una llamada fruto de una experiencia que le lleva a hacer un cambio para llegar a tener aquella “cosa” que trascienda toda cosa y que solo puede articular sirviéndose de la praxis de su propia vida. La búsqueda de la perfección supone la búsqueda de una vida llena de sentido y de gozo. El monje dentro de un marco institucional sufre del hecho de que sus impulsos vitales hacia la plenitud humana quizás acaban siendo absorbidos por la institución totalizante a menudo sacrificados en bien de la institución. Afirma que es posible la santidad i la búsqueda del absoluto fuera de toda institución monástica.

Todo monje busca la perfección que consiste en encontrar el centro donde está el equilibrio. Si buscase la periferia no podría conseguir aquella indiferencia equidistante de todo. Ser monje para Panikkar es buscar este centro, anhelarlo. En tanto intentamos unificar nuestras vidas en torno al centro ya tenemos algo de monje. El monaquismo cristiano que no es el único está obstinado en la búsqueda del Absoluto pronto a romper todos los obstáculos que se le puedan poner en el camino en su peregrinar hacia Dios.

Raimon Panikkar es una autoridad internacional en espiritualidad, historia de las religiones y diálogo intercultural. Su obra, traducida a varios idiomas aparece en las bibliografías de las más importantes universidades del mundo. Nacido en Barcelona en 1918 (ahora 83 años), hijo de un industrial indio radicado en Cataluña y de madre catalana amante de las artes. El padre fue a Inglaterra a estudiar ingeniería química, y en 1916 fue a trabajar a Barcelona donde se casó y se quedó. Panikkar es un título nobiliario del sur de India, designa la casta malabar más alta, en Kerala. Salvador Pániker (en castellano) es su hermano, otro de los grandes pensadores españoles, filósofo, industrial, editor y escritor.

Doctor en Filosofía (Madrid), en Química (Madrid) y en Teología (Roma). ha enseñado en las principales universidades de América, Europa y la India. En 1966 fue nombrado profesor de la Universidad de Harvard y durante las dos décadas siguientes dividió su tiempo entre la India y Estados Unidos.

Amigo de Habermas, de Hans Küng y de algunos de los más importantes filósofos actuales con los que coincide a menudo en simposios internacionales es un pensador experto en conciliar posiciones aparentemente inconciliables. Su estudio se basa en la cultura India, en la historia y en la filosofía de las religiones. Se ordenó sacerdote en 1946 y fue uno de los miembros relevantes del Opus Dei, institución que posteriormente abandonó. Hoy se considera, además de católico, hinduista y budista.

Es autor de más de 40 libros en diversos idiomas y de unos mil artículos que abarcan desde Filosofía de la Ciencia a Metafísica, Religiones Comparadas e Indología. Es fundador y presidente de Vivarium, una fundación dedicada a promover el diálogo intercultural. Actualmente reside (desde 1982) en una zona rural de Pre-pirineo catalán, desde donde continua desarrollando su obra.

En castellano ha publicado entre otras: La trinidad y la experiencia religiosa (1989); El Cristo desconocido del hinduismo (1994), Ecosofía (1994), Paz y desarme cultural (1993); El silencio de Buda. Una introducción al ateísmo religioso (1996), La experiencia trantropocósmica. Filosofía y Mística. Invitación a la Sabiduría. La plenitud del hombre. Elogio a la sencillez (1993). La experiencia religiosa de la India (1997). Iconos del misterio.

En catalán ha publicado Benaurada Senzillesa (1988). Es un estudio básico del monje como arquetipo universal basado en el concepto de que la dimensión contemplativa es innata a todo ser humano.

viernes, 5 de febrero de 2010

Tentaciones de la nueva espiritualidad,por J. A. Heredia Otero o. p.






Si la espiritualidad se sitúa fuera del ámbito de la vida deja de ser espiritualidad. De aquí que sea normal que la vida espiritual tenga sus propias tentaciones, las cuales casi siempre van en la línea del desentendimiento de la realidad intramundana o del otro, para refugiarse en un espiritualismo desencarnado. En general, podemos decir que es sospechosa una espiritualidad sin incidencia en la realidad histórica y sin compromiso ético. Sería una especie de "hedonismo místico".

En este sentido, la presencia de la dimensión moral en la vida cristiana es lo que permite avisar a la espiritualidad de esos peligros que la acechan y convertir de ese modo la experiencia religiosa en fuerza de transformación histórica. Entre otras "tentaciones" se han destacado las siguientes:Tentación del "dualismo". Ésta ha sido una tentación permanente en la antropología cristiana, el utilizar esquemas de carácter dualístico. De este modo se ha distinguido y separado lo "corporal" de lo "espiritual". Es más, el dualismo normalmente se ha deslizado hacia el maniqueísmo: sólo es bueno lo espiritual, mientras que lo corporal es despreciable. Plantear la espiritualidad cristiana según este esquema, es negar, prácticamente, la bondad de lo creado por Dios e introducir una fisura en la unidad integral del ser humano y cristiano.Contraposición entre "lo humano" y lo divino". El dualismo antropológico tiene su correlato en el dualismo teológico. Lo divino en el hombre no se opone a lo más valioso y profundamente humano que existe en él. Adentrarse por los caminos de la espiritualidad no supone "alejarse" cada vez más de la realización humana. Las "nadas" de San Juan de la Cruz no llevan a la negación de lo verdaderamente humano, sino a su iluminación y a su realización más elevada.

Individualismo y elitismo. Son otros dos peligros en los que con frecuencia ha caído la espiritualidad cristiana. Al interpretar la espiriualidad como obligación y como camino de salvación, es normal enfatizar el ámbito individual como el lugar de ese dinamismo de obligación y de salvación. Por otra parte, la exigencia de "interiorización" puede ser comprendida y vivida como una retirada necesaria a las zonas meramente individuales. El elitismo añade al individualismo la connotación de "perfeccionismo de segregación". La comprensión de la espiritualidad cristiana como perfección se ha deslizado, a veces, hacia la distinción (y separación) entre perfectos e imperfectos (entre "consejos" y "preceptos") y hacia la arrogancia del elitismo.

Espiritualidad comprometida

Una manera de superar estas tentaciones creo que podría ser una espiritualidad de la lucha por la justicia. Si la espiritualidad es vida, la vida ha de ser para todos. La justicia como sinónimo de vida es lo contrario a la injusticia, que es sinónimo de muerte.Cristo es fiel al Padre y fiel a los pobres y marginados. He ahí la síntesis de la vida cristiana: paso de la muerte a la vida, y pasamos de la muerte a la vida en la medida en que amamos, sobre todo cuando amamos a los más pobres. Los pobres son el sacramento de Dios, luego amar a los pobre es amar a Dios y es también amarnos a nosotros mismos. Por eso en la lucha por la justicia tenemos un cauce adecuado para vivir una espiritualidad auténtica.Ahora bien el justo es el que conforma su ser y su hacer a la voluntad de Dios: en el culto a Dios, en las relaciones comunitarias, en el uso de las cosas. La justicia no se limita a las relaciones económicas, sino que es también deuda de fe de fidelidad, de adoración y culto, de respeto y observancia de los mandamientos de Dios. Es deuda de amor, de respeto, de servicio, de perdón, de reconciliación, de comunión con los demás miembros de la comunidad, según el modelo de la Alianza.

Pero la justicia y el amor no son simples emociones o sentimientos que acontecen en nuestra intimidad, sino que tienden a manifestarse, a hacerse evidentes. Así los bienes de la tierra no son solamente para nosotros, sino que son para ser compartidos, comunicados. Por tanto, la justicia y el amor que deseamos para nosotros y para los demás, es decir nuestra espiritualidad, tiene su prueba de fuego en la comunicación de los bienes materiales. Creo que es por ahí por donde habrá que expresar la viviencia de nuestra fe, y la comunión con Dios y con nosotros mismos, pues haciendo el bien y promoviendo la justicia es como estaremos bien con nosotros y aumentará también nuestra autoestima hasta limites cada vez más amplios .

El compromiso político del cristiano está en la izquierda, por Benjamín Forcano, sacerdote y teólogo.





El compromiso político del cristiano está en la izquierda. En otros momentos, esta frase hubiera levantado polvareda. Hoy, la sigue levantando, pero menos. Las cosas han cambiado. Se puede ser cristiano sin renegar del socialismo y se puede ser de derechas a sabiendas de rebajar el cristianismo. Si antes la herejía era "cristianos por el socialismo", hoy es "cristianos por el capitalismo”. Ha muerto, es cierto, el socialismo real ¿Entonces? "Viva el socialismo utópico", escribe el obispo Casaldáliga.

Ser de derechas es ser reaccionario, egoísta, con ética disyuntiva' "Yo o el Otro”. Por contra, ser de izquierdas es luchar contra la desigualdad, armonizar el bien particular con el bien común, combatir la marginación, constituir en causa propia la dignidad y derechos humanos, buscar la propia realización desde una ética conjuntiva "Yo y el Otro".

Cierto clima actual admite que se puede ser cristiano, pero sin traspasar la intimidad, es decir, como una vivencia subjetiva de ilusión, neurosis, alienación o proyección irreal. La talla humana, desde un cierto horizonte de la cultura moderna, se la considera desmerecida si se la cobija bajo la sombra de la religión. La religión saca del mundo real, desnaturaliza e incapacita para la transformación social. Progreso y libertad, derechos humanos y tolerancia, ciencia y modernidad, revolución y democracia, son incompatibles con la fe. Esta nos exilia de la historia, de la sociedad, de la razón y de la realización humana.

Venir, por tanto, ahora a reivindicar la izquierda como lugar propio del cristiano, no deja de ser una ingenuidad.

Está claro que todo esto es como tocar un clavo ardiente. Es un hecho que el cristianismo histórico se ha prostituido, registrando en su haber abusos de poder, machismos, antimodernidad, negación de derechos humanos. Pero, también es un hecho que el cristianismo originario ha sido en la historia fuente de inspiración y espoleta de revoluciones, de defensa de la dignidad humana, de entrega amorosa hasta el límite por los últimos de la sociedad, de resistencia hasta el martirio contra abusos del poder y de particularismos idolatrados.

Se trata, por tanto, de discernir de qué cristianismo o socialismo hablamos. Y veremos que no siempre hay concordancia automática entre teoría y praxis y que es posible aquello de que ¡Una mala realización no invalida un buen proyecto!

El socialismo, en su proyecto, es más ético y consonante con el cristianismo que el capitalismo. La diferencia es básica: el socialismo apuesta por la igualdad, va de menos justicia y libertad a más justicia y libertad, de lo establecido a lo utópico, de la discriminación a la identidad humana universal. El capitalismo lleva en su entraña otra filosofía y otros objetivos.

Si hablamos del cristianismo originario, en el origen está Jesús de Nazaret. El no fue un quietista, ni un maestro académico, ni un guerrillero zelote. Fue un profeta, un revolucionario, que habló de un Dios nuevo, de una humanidad sin fronteras, de unas relaciones fraternas, libres de orgullo, tiranía e hipocresía, de una religiosidad inseparable de la justicia y del amor, de una utopía (reino de Dios) donde los primeros son los últimos y los últimos los primeros. Esta "demasía" llevó al poder -sinagoga e imperio- a exterminarlo, por blasfemo y subversivo.

Esa es la vertiente pública del mensaje del Nazareno, prendida como chispa en la hoguera de la historia, que puede calcinar alianzas, mercados, globalizaciones, totalitarismos. Si la pasión de Jesús se convierte en pasión de los cristianos, y esa pasión pasa por la justicia, perseguida desde los últimos, queda encendido el motor para una renovación de la izquierda y una refundación del socialismo. Hoy la economía está sin alma, la política con apenas ciudadanía. ¿De dónde recabar fuentes para levantar un nuevo sujeto humano?

Esa es la cuestión. La hegemonía de la cultura burguesa hace imposible una nueva sociedad, más democrática, igualitaria y fraterna. O creamos un nuevo sujeto posburgués, o continuaremos con unas democracias formales, sin alma. El alma es lo que la economía, la tecnocracia o la planificación neoliberal no busca o trastueca en una suerte de antiutopía. "La posmodernidad niega la radica¬lidad espiritual, el compromiso, la espiritualidad, la utopía; sustituye la ética por la estética, lo utópico por lo agradable; ignora a los pobres y deja de lado a la justicia; renuncia a los grandes 'relatos'; es narcisista: dicen incluso que hemos pasado de Prometeo a Narciso", escribe el obispo Casaldáliga.

Es necesaria la política y la economía, los programas y las leyes, los presupuestos y las estrategias, pero si no hay mística, si no hay valores, si no hay pasión en torno a un proyecto de justicia, solidaridad y paz, la vida pública será el meandro oscuro donde actuará el sujeto burgués, neurotizado por su complejo de individualismo posesivo. La democracia no viene de arriba, por arte de magia política, organizativa o institucional. La democracia la funda y se funda en la persona, llamada a ser protagonista y artífice del quehacer histórico, y no marioneta. Pero, ese quehacer no se improvisa. Es la tarea, lenta y ardua, de una cultura nueva, única capaz de crear el sujeto apto para la nueva izquierda. Y es, en esa área, donde el cristianismo puede desempeñar una labor ingente de reactivación y fecundación del socialismo.

Desde esta perspectiva, me atrevo a concluir (haciendo mía la tesis del profesor Rafael Díaz Salazar en su libro La Izquierda y el Cristianismo): " El socialismo sigue siendo la perspectiva política y económica que mejor puede asegurar a resolver los problemas sociales".


Un giro a la izquierda, por Nicolás Mengual.





"No explotarás al jornalero pobre necesitado, ya sea uno de tus compatriotas, o un extranjero que vive en alguna de las ciudades de tu país. Págale su jornal ese mismo día, antes que se ponga el sol, porque está necesitado y su vida depende de su jornal."


Si el Presidente Zapatero se cree de verdad la cita del capítulo 24 del Deuteronomio que ha mencionado en su discurso de hoy durante su plegaria en el Desayuno Nacional de la Oración ante Obama no le queda más remedio que hacer lo que millones de españoles esperamos, un giro en su política hacia la izquierda. Si fue valiente para sacar las tropas de Iraq con la decisión que demostró en su momento y de impulsar las políticas sociales de la primera legislatura debe serlo ahora, pero mucho más ante el reto que tiene planteado. Los españoles necesitamos de su arrojo y de su coraje. A no ser que lo que pretenda sea regalarle al PP de Rajoy la presidencia del gobierno sin necesidad de elecciones.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Aprender a ser laicos. RAFAEL DÍAZ-SALAZAR






RAFAEL DÍAZ-SALAZAR 07/12/2009

España necesita una cultura de la laicidad para mejorar la convivencia nacional. Nuestra división ideológica, cultural y moral constituye un reto para aprender a resolver ciertos problemas de forma civilizada. Los antagonismos existentes pueden afrontarse de dos maneras: mediante el enfrentamiento cultural con implicaciones políticas que refuerza el cainismo de las dos Españas o a través de la deliberación ética y el diálogo razonable que hagan posible establecer la amistad cívica entre ciudadanos con identidades diversas.

Hoy conviene retomar el discurso de Azaña en el Ayuntamiento de Barcelona en julio de 1938. En él recomendaba para el futuro paz, piedad y perdón por "si alguna vez sienten los españoles que les hierve la sangre iracunda y otra vez el genio español vuelve a enfurecerse con la intolerancia y con el odio y con el apetito de destrucción". Nuestro país necesita darle cuerpo a una cultura de la paz, la piedad y el perdón para cerrar de una vez por todas la crispación como medio de afrontar nuestras discrepancias.

La cultura de la laicidad crea las virtudes de tolerancia activa, libertad de conciencia y diálogo intercultural e interreligioso, y, por eso, debe extenderse con mayor fuerza entre nosotros. Pero el aprendizaje de la laicidad no es fácil en un país que lleva siglos enfeudado en dogmatismos e intolerancias de diverso signo. Tenemos que aprender a ser laicos, lo cual requiere la predisposición previa a ponerse en el lugar del otro. En este sentido, Habermas ha afirmado que "el reconocimiento recíproco significa que los ciudadanos religiosos y laicos están dispuestos a escucharse mutuamente y a aprender unos de otros en debates públicos". En esta misma línea, Norberto Bobbio nos ha dado un gran testimonio de civismo: "He aprendido a respetar las ideas ajenas, a detenerme ante el secreto de cualquier conciencia, a intentar comprender antes de discutir, a discutir antes de condenar".

Los antagonismos culturales e ideológicos tienen entre nosotros varios orígenes, pero quienes más han activado en los últimos años el enfrentamiento cultural y ético con claras repercusiones políticas han sido la Conferencia Episcopal y el sector católico que sigue sus recomendaciones. Sin embargo, no ha logrado impedir que millones de católicos sepan distinguir entre el seguimiento de Jesús de Nazaret y la obediencia a los obispos en cuestiones discutidas que no pertenecen al núcleo de la fe cristiana.

Para intentar superar el enfrentamiento existente me parece que es útil seguir las recomendaciones de Habermas para ver qué aprendizaje podemos realizar para articular una cultura nacional de la laicidad. La tolerancia activa es la piedra angular, pues se basa en el reconocimiento del límite de cada identidad y en la apertura a los valores positivos de otras identidades.

Los ciudadanos religiosos deben respetar la autonomía del Parlamento y desechar cualquier intento de eclesiastizar la política y el ordenamiento jurídico. Tienen que aprender a distinguir entre ley y moral, pues las leyes tienen una finalidad específica que las diferencia de los imperativos éticos. Sería conveniente que reconocieran el valor de la moral autónoma. La libertad religiosa no puede impedir el desarrollo de la libertad de conciencia de quienes no son religiosos.

En una sociedad que busca espiritualidad y se plantea temas de fondo sobre la vida y la muerte, resulta paradójico contemplar cierta incapacidad eclesial para desempeñar roles espirituales y responder a preguntas metafísicas, mientras algunos obispos se convierten en guardianes de la recta política, la correcta legislación y la verdadera moral.

Los ciudadanos no religiosos también tienen que aprender a ser laicos. La proclamación de la identidad laica no vacuna contra la intolerancia. El fundamentalismo laicista es tan rechazable como el integrismo religioso. Por esto, Regis Debray afirma que hemos de pasar de una laicidad de ignorancia o desprecio del hecho religioso a una laicidad de comprensión y reconocimiento de las aportaciones de las religiones a las culturas. Desde esta posición, se entiende su defensa de una enseñanza laica de la religión en las escuelas públicas y su afirmación de que la libertad religiosa es más que libertad de cultos.

Hay que superar la concepción de la religión como un asunto privado que no ha de tener ningún papel en los debates sociopolíticos y culturales en las democracias. La religión es una cuestión pública y las confesiones religiosas tienen todo el derecho a participar en estos debates. No debe despreciarse la demanda de sectores cristianos de incrementar la precaución moral a la hora de legislar sobre algunos problemas sociales. Ese mundo es plural y es de justicia reconocer el rol positivo de bastantes comunidades cristianas. Desde la lógica de la laicidad, cabe apelar a una apertura a aportaciones éticas de las religiones, como hizo Aranguren, y una mayor atención a la racionalidad de las convicciones religiosas, como hace Habermas.

El diálogo entre las diversas culturas cívicas es escaso y este hecho tiene un reflejo en el clima incivil en el que se desarrollan las relaciones políticas. Para revertir esta situación necesitamos aprender la gramática de la laicidad.


Rafael Díaz-Salazar es profesor de Sociología en la Universidad Complutense y autor de "España
Laica".

El gobierno debe reflexionar su política económica y exigir un esfuerzo patriótico, por Javier Bouzas.






Cuatro millones de parados está costando el mantenimiento de la actual estructura económica española. Cuatro millones de parados por no saber crear la alternativa al ladrillo, cuatro millones de parados por la especulación urbanística, cuatro millones de parados por congelar las ayudas a la educación y a la investigación cada vez que el panorama económico se nubla (y cuando no, también). Cuatro millones de parados junto al robo de millones de euros y recursos económicos por la corrupción, la especulación y la comodidad de la clase política.


Ya no se puede vivir en las bases dadas por Solbes en 1993-1996 que dieron vida al ciclo económico alcista de 1996-2008, ese ciclo ha llegado a su fin. Ahora se trata de crear uno nuevo, por lo que la nueva ley de economía sostenible debería ponerse en vigor inmediatamente. Pero esa ley es insuficiente, ya que se requiere un cambio revolucionario y una nueva estructura moral.


Se debe acabar con la idea de resolver los problemas económicos en base al abaratamiento del despido o la reducción de los salarios. Los trabajadores no tienen la culpa de querer vivir, comer y desarrollarse con bienestar, que es un derecho inalienable. Como tampoco la mayoría de empresarios tienen la culpa de la crisis ni que les sea cada vez más difícil evitar que las pérdidas se coman las ganancias.


Grecia, con un Gobierno socialista, va a subir los impuestos a los carburantes, a la propiedad inmobiliaria y a eliminar las exenciones fiscales, así como a subir la edad de jubilación… a los 65 años. Como debe ocurrir en España, a los ciudadanos con rentas más altas se les debe exigir un esfuerzo patriótico, ya que en los países mediterráneos de la Unión es donde los impuestos son más bajos en comparación con el norte.


Hemos de cambiar de moral. La solución de los más ricos no puede ser la huída fiscal a los paraísos de Suiza, Luxemburgo o las preciosas islas del Caribe, eso es deleznable y, en la actual situación económica la peor traición a la patria: el egoísmo y la insolidaridad para con el resto de ciudadanos.


Pero la solución no pasa por pedir más, que es lo justo, a los más ricos. No se trata de exprimir lo que ya existe, sino de crear para el futuro. La inversión en la educación no sólo nos hará más cultos y más responsables de nuestros actos y de la defensa de nuestra libertad, sino que contaremos con mejores trabajadores, mejores científicos, mejores médicos… y mejores empresarios.


Ésta es la única respuesta positiva de la socialdemocracia frente al fracasado neoliberalismo.

Espiritualidad y sexualidad, por Cosme Puerto Pascual o. p., sexólogo.





Yo como educador sexual suelo decirles a mis alumnos, que un buen educador, es aquel que del pasado sabe diferenciar lo bueno y malo que le aporta. Mejor educador es aquel, que sabe discernir lo positivo y negativo que le aporta en este campo el presente. Que a su vez sabe unir lo positivo del pasado y del presente para vivir el momento concreto del hoy. Pero es todavía mejor educador, aquel que sabe intuir algo de lo mucho positivo que nos va a aportar el futuro y adelantarlo a nuestro presente. Por tanto es un hombre prudente el que sabe vivir su vida sexual y espiritual abierto a lo positivo que le da el pasado, el presente y lo que intuye del futuro mañana, que rápidamente se hace hoy.


Intentando unir lo positivo del pasado, presente y futuro que intuyo en el campo sexual y espiritual, la teología espiritual cristiana tiene como objetivo prioritario vivir el dinamismo sexual y el dinamismo espiritual de la persona integrados en la unidad del ser personal que nos permite vivirlos de una manera realizadora y gozosa ambos dinamismos.


El hombre es un ser unitario, una realidad armónica, a la vez esencialmente espiritual y sexuado. Debemos de una vez por todas, al hablar de estas realidades, dar por superado el dualismo griego. El hombre es un espíritu corpóreo sexuado, sexual y erótico, un espíritu encarnado o la encarnación de un espíritu. Corporeidad sexuada y espiritualidad son dimensiones constitutivas del ser humano. Por lo mismo todo en el hombre está marcado por la corporeidad y lleva un sello corporal de nuestra sexuación en todas sus instancias o áreas; aún la dimensión de su vida espiritual. El hombre es espiritual hasta en su misma corporeidad sexuada, sexual y erótica. Ese cuerpo sexuado es la cara visible de su espíritu, transparencia, acabamiento y plenitud del alma, medio de encuentro, relación comunicación con la realidad. El hombre sólo se realiza a sí mismo incluso en el ámbito espiritual, en ese cuerpo y ese mundo sexuado y, por lo mismo, en su propia corporeidad sexual.


Nuestra sexualidad es un don de Dios que hemos de integrar plena y gozosamente en nuestra espiritualidad y hoy nuestro mundo lo exige a los cristianos como una de los signos proféticos que más necesita.

Es imposible establecer adecuadamente una perspectiva cristiana de nuestra vida espiritual sobre la sexualidad sin volver primero al valor de que Dios ha hecho para siempre de la carne humana y de los cuerpos sexuados el lugar privilegiado de encuentro divino con nosotros.

Estoy persuadido en el campo de nuestra vida espiritual de que muchos creyentes simplemente tienen demasiado miedo de tomarse en serio el misterio de la encarnación y de actuar con madurez y libertad en el campo de su vida espiritual sexuada y sexual.

Si Dios ha puesto su confianza en el cuerpo humano y lo ha honrado al tomar forma humana y aceptar la sexualidad humana como una forma de entablar relación con toda la humanidad, cuánto más tenemos que esforzarnos por imitar el modelo de espiritualidad y sexualidad que nos ofrece la Palabra hecha carne. Dios eligió libremente hacerse cuerpo sexuado, sexual y erótico como nosotros.

La vivencia de la sexualidad humana dentro de la perspectiva cristina de un proyecto de vida espiritual de seguimiento a Jesús en la construcción del Reino de Dios recibe un nuevo enriquecimiento, la abre a nuevos horizontes, si se la vive y inserta conscientemente en una visión cristiana de la vida.

Ya no se identifica la espiritualidad cristiana simplemente con el ascetismo sexual, el misticismo, la práctica de las virtudes y de los métodos de oración. La espiritualidad cristiana, la capacidad humana de autotranscendencia, relación y compromiso libre, abarca toda la vida, incluida nuestra sexualidad humana.

La espiritualidad cristiana implica la actualización de esa trascendencia humana a través de la experiencia de un Jesús hecho carne sexuada, sexual y erótica, puesto que la experiencia de Dios Jesús la tiene a través de un cuerpo sexuado, sexual y erótico como el nuestro.

El dualismo espiritualista tiene sus raíces en la dicotomía de cuerpo y espíritu, que todavía abunda mucho en la filosofía cristiana y en la cultura occidental.

Una espiritualidad desexuada, desencarnada ha sido, y sigue siendo, una limitación central de nuestra espiritualidad cristiana.

El Movimiento del Trabajador Católico y Dorothy Day, un movimiento pacifista y solidario vinculado a Thomas Merton.





Autor: Acción Cultural cristiana (Revista Cultura para la esperanza).


Dorothy Day es una conversa, inmersa en una sociedad concreta a la que trató de llevar los valores del Evangelio y toda la riqueza de la Iglesia. Dorothy nos invita hoy a seguir el camino de la santidad en medio de lo cotidiano, como Santa Teresita de Lisieux de la que tanto aprendió. Como aprendió de Dostoyevsky, la práctica del amor activo; de los Maritain, la revolución del corazón y la necesidad de mantener la fe en tiempos atribulados; o de Mounier, la responsabilidad personal en la historia. En su oficio de periodista vivió y se comprometió en los acontecimientos centrales del siglo XX. Participó en una delegación en la última sesión del Vaticano Segundo donde apoyó la objeción de conciencia y habló a las novicias de la Madre Teresa sobre el hecho de ir a la cárcel por el Evangelio. Escribía para consolar al afligido y afligir al comodón y promovía el retiro periódico como "tratamiento de choque". Su espiritualidad está marcada por las enseñanzas de la Iglesia, la vida litúrgica y sacramental, el amor a las Escrituras, la convivencia con los pobres y la lucha contra una sociedad que les quita la vida, la dignidad y la libertad aún cuando se burlaran de ella por esto.
En su autobiografía "La larga soledad", define su trayectoria vital en tres etapas:
La época de la búsqueda

Nacida en Brooklyn en 1897, hija de un periodista de deportes que amenizaba los artículos con citas de Shakespeare y de la Biblia, de niña practicaba una "piedad insoportable y autocomplaciente". La familia se trasladó a Chicago en pésimas condiciones y fue entonces cuando comenzó a interesarse por la realidad social, en vísperas de la Primera Guerra Mundial. Leía las descripciones de la miseria de Jack London y las teorías anarquistas de Kroptkin. No entendía cómo, "si Dios quiere a los hombres felices, deja tan solos a los pobres". Con una beca empezó a estudiar en la universidad e ingresó en el partido socialista. Para ella los compañeros cristianos eran poco luchadores. ¿No se refugiaban ante los gritos de los desgraciados en una dicha celestial falaz?, a la par que cuestionaba porqué se ha hecho más por curar las heridas que por no haberlas causado antes. A Dorothy le sedujeron más las ideas anarquistas que las comunistas y le repugnaba el Estado de bienestar- ella lo llamaba Estado de esclavos- prefiriendo la participación y responsabilidad de todos en la propiedad de los medios de producción. Pero tanto socialistas como anarquistas eran doctrinarios que mantenían conversaciones dialécticas interminables. Ella admiraba más el ingenio de las madres de las miserables viviendas alquiladas para sacar adelante a la familia.

Por primera vez conoce la cárcel cuando se manifestó contra el trato brutal a unas feministas en huelga. Allí "no podrá olvidar la profunda depresión en que puede caer el hombre por el trato de sus semejantes... la dignidad del hombre no era más que una frase y una mentira". Habría de estar en prisión más veces, por manifestarse contra la guerra del Vietnam, por permanecer sentada en los bancos del parque durante los simulacros de ataques nucleares, y la última vez, a los 76 años, por manifestarse junto con Cesar Chavez y el sindicato de agricultores. La cárcel le hizo evolucionar de la observación a la participación, de ser una idealista apasionada a la acción.
Alegría natural
Sólo acierta a explicarse la Fe por un "instinto ciego" que secundaba con voluntad. Dorothy anduvo indecisa entre el deseo de vivir según sus leyes, "no nos gusta admitir que los hombres no nos bastan", y la aspiración a un Otro que mereciera absolutamente su amor y le correspondiera sin límites. " La conversión es una experiencia solitaria. No sabemos lo que está pasando en el fondo del corazón y del alma del otro. Apenas lo sabemos de nosotros mismos".
Se casó y abandonó a su marido; después convivió con otra persona, que consideraba ingenuas las ideas de Dorothy de vislumbrar a Dios en el amor y en la naturaleza. Cuando quiso bautizar a la hija de ambos, la ruptura parecía inevitable y finalmente se produjo cuando Dorothy, a los 30 años, recibió el bautismo en la Iglesia Católica. "Precisamente mi experiencia como radical y mi pasado político me inducían a desear unirme a los otros para amar y alabar a Dios".

"El amor es la medida"
Eran los años de la Gran Depresión en América. En el católico "Commonweal", escribió sobre la "Marcha del hambre" de los parados. Pedían puestos de trabajo, leyes sociales y apoyo para las mujeres y niños que pasaban hambre mientras en Washington les esperaba la policía con ametralladoras. "¿Dónde están los católicos que se pusieran al frente para poner en práctica las obras de caridad verdaderas?". Los cristianos y sus iglesias se mantenían lejos y Dorothy comprendió que debía hallar su propio camino.
El encuentro con el padre Maurin fue fundamental. El le abrió los ojos a la pobreza voluntaria de San Francisco, a la historia y la doctrina social de la Iglesia, a los Santos Padres, a los filósofos personalistas franceses... En el primero de mayo de 1933 -mientras 50.000 personas recorrían Nueva York pidiendo trabajo y pan y los nazis en Alemania asaltaban las centrales sindicales- apareció el primer número del "Catholic Worker" ("El trabajador católico"), que costaba un centavo (aún hoy se edita a ese precio) para que todo el mundo pudiera adquirirlo. Contenía informes de fácil lectura sobre las huelgas, el paro, el trabajo infantil en las fábricas, los salarios ínfimos de los negros, arremetía contra el antisemitismo que se iba extendiendo... A medida que el número de los colaboradores y la distribución crecían, se convirtió también en un movimiento para ayudar a los parados y se empezaron a construir casas de hospitalidad, donde nunca existió la segregación racial.
Los católicos burgueses se opusieron desde el principio. Los Workers se ocupaban del derecho de propiedad de los obreros y de un cambio de la distribución social del poder. Es verdad que esto se podía leer también en las encíclicas sociales pero aquí se practicaba, y eso parecía peligroso. Se les expulsó de una casa en Harlem porque el propietario se escandalizada con su orientaciones pacifistas... aunque los negros del guetto, durante una algarada, respetaron la casa porque era "decente". En una escuela dirigida por monjas católicas, renunciaron a la adquisición de 3000 periódicos cuando las alumnas quisieron salir a la calle para solicitar condiciones humanas de trabajo y pidieron a sus padres que no compraran productos de la National Biscuit Company, estimuladas por el periódico. Este tipo de acciones formaban parte de las obras de misericordia para Dorothy.

Los objetivos del movimiento iban más allá de la política "Quiero ser santa aunque sé bien que sólo puedo ser una pequeña santa, y eso supone tomarse en serio el Evangelio, cambiar radicalmente la vida". El lema de Dorothy era la frase de Catalina de Siena "Todo camino hacia el cielo es cielo", y ese camino es difícil, fatigoso e incómodo. La vida acomodada y confortable no es el modelo del cristianismo, sí lo es el ideal del Sermón de la Montaña.
Dorothy viajó por media América durante 40 años hablando en escuelas, parroquias, visitando a huelguistas, ayudando a arrendatarios expropiados... "Hay que vivir con los pobres y tomar parte también en sus sufrimientos. Hay que renunciar a la vida privada y a todas las comodidades intelectuales y espirituales juntamente con las corporales".

Cuando la amenaza atómica se hizo apremiante, el pacifismo ocupó el primer lugar de temas del "Catholic Worker" que ya, en la Segunda Guerra Mundial, había apoyado a los que se negaban a ir al servicio o a pagar impuestos. "Toda guerra es un crimen contra los más pobres y la crueldad de la guerra moderna ha de incitar a desenterrar de nuevo la tradición pacifista olvidada por los cristianos".

En el último período de sus 83 años de vida siguió luchando contra la mentalidad de consumo que utiliza el capitalismo: -"Uno de los mayores pecados es instilar en el corazón del trabajador el ansia compulsiva de vender la libertad y el honor para satisfacer los deseos promovidos por la publicidad. Las guerras tienen que ver con la promoción de nuestro estilo de vida consumidor" e intentó animar a los jóvenes a vivir con la Iglesia a menudo tan difícil de comprender. Su propio movimiento era un ejemplo de la libertad que es posible dentro
de ella.

martes, 26 de enero de 2010

Un artículo que puede ayudar a entender el "Caso Munilla", publicado por El Plural.





Autor:JOSÉ MARÍA GARRIDO

El pasado mes de diciembre, Antonio María Rouco Varela decidió nombrar al prelado ultraconservador José Ignacio Munilla nuevo obispo de San Sebastián. Con esta designación se ponía fin a un período de 30 años de obispados próximos al nacionalismo vasco. Como era de esperar, muchos fieles del País Vasco mostraron su preocupación ante el ascenso de Munilla, persona que se formó en un seminario de Toledo, siempre estuvo alejado del nacionalismo vasco y creó el Movimiento Loiola -grupo ultracatólico conocido por actuar al margen de la Iglesia oficial guipuzcoana-.

Es posible que muchos de los 110 curas que, mediante una carta pública, cargaron contra el nombramiento de Munilla lo hicieran motivados por la actitud que el nuevo obispo de San Sebastián mantuvo como cura de Zumárraga. Allí, además de fundar el Movimiento Loiola, se rebeló contra el noviazgo entre el príncipe Felipe y Eva Sannum, llamó a crear un partido católico y cargó contra los homosexuales.

Ni nacionalistas ni liberación

En concreto, Munilla dirigió la Iglesia de Zumárraga entre los años 1986 y 2006. Tal y como recuerda la revista Interviú. Munilla edificó allí las bases de una iglesia tradicionalista, muy distinta a la que construían el resto de los curas guipuzcoanos. Y es que el nuevo obispo de San Sebastián no quería oír ni hablar de los postulados nacionalistas ni te la teología de la liberación.

Movimiento Loiola


De hecho, apoyándose en Radio María, Munilla no dudó en crear un movimiento juvenil paralelo que contraloría las incipientes vacaciones religiosas y evitaría el contacto con el sector mayoritario. Hoy en día hay más de 40 miembros forman parte del Movimiento Loiola, que fue registrado en 1992 ante el Gobierno vasco como “una asociación sin ánimo de lucro y privada de fieles, que quiere ser un movimiento que trabaje con niños, jóvenes y matrimonios.

“A Madrid”


“A través de su movimiento, Munilla creó en su entorno una iglesia paralela, de corte tradicionalista”, lamenta el sacerdote de Lasarte y director del Instituto de Ciencias Religiosas Pío XII, Xavier Andonegui. Según este párroco, Munilla impide que los jóvenes del grupo Loiola con vocación sacerdotal estudien en el seminario donostiarra. “Los envía a Toledo o Madrid porque en el seminario de San Sebastián estoy yo”, lamenta.

Principios de Munilla

Andonegui tampoco olvida que a través del Movimiento Loiola, Munilla lanzó una campaña contra los laboratorios que fabrican la píldora del día después, promovió la creación de un partido político auténticamente católico, mostró su simpatía por la Falange Española y Comunión Trdicionalista Carlista, se opuso a que “una señorita protestante -en referencia a Eva Sannum- se hiciera católica para casarse con el príncipe Felipe”, y defendió que “cuando el sexo no está ligado al amor, condena a quien lo práctica a un bajón y una soledad muy grandes después de haberlo consumado”.

Estrategia política


Sea como sea, lo que está claro es que su nombramiento ha levantado enorme malestar entre numerosos párrocos vascos, convencidos que la designación obedece a una “estrategia política” de la Conferencia Episcopal para evitar que los templos de Guipúzcoa continúen desmarcados de la línea de Rouco Varela.

Diferencias

En declaraciones a Interviú, Jesús María Arrieta, uno de los 11 arciprestes vascos que impulsaron la carta contra Munilla, lo deja claro: “Nuestras diferencias están en el modo de entender el evangelio. No queremos una Iglesia llevada sólo por los presbíteros, sino que todo aquel que se sienta miembro pueda ejercer la responsabilidad que le corresponde”.

jmgarrido@elplural.com

domingo, 24 de enero de 2010

La Iglesia episcopal norteamericana elige a la Revda. Mary Glasspool (lesbiana) como Obispa. La visión de Miguel Zavala, presbítero anglicano.





¿Pecado?
¿Atrevimiento?

La elección de la Revda. Mary Glasspool como Obispa Sufragánea en la Diócesis anglicana de Los Angeles.


Pbro. Miguel Zavala-Múgica+





Referencia oficial de la Diócesis de Los Angeles: http://episcopalnews.ladiocese.org/dfc/newsdetail_2/109




Mary Glasspool (55, hasta ahora residente en la Diócesis de Maryland) -una sacerdote abiertamente homosexual (lésbica)-, ha sido elegida como Obispa Sufragánea, en Los Angeles, cargo en el que sucede a Charles Talton, quien, con Sergio Carranza (Obispo Auxiliar para Ministerio Hispano), se jubilará en breve. No es la Iglesia Episcopal (como provincia) como algunos entienden, el cuerpo que ha elegido a la Revda. Glasspool, sino la Diócesis de los Angeles, ya que no se trata de la elección de un(a) Primado(a) , sino de una elección local.
Algunos laicos inquietos por esta noticia, preguntan y quieren saber más. Voy a intentar responder como pastor y maestro en la fe (misión de cualquier sacerdote), tratando de ser fiel a mi opinión, pero también a la forma en que ha ido perfilando su magisterio nuestra Iglesia, y a la manera en que el pueblo de Dios ha ido caminando. No necesito recordar -pero lo hago-, que lo que yo enseño aquí no es voz oficial de la Iglesia Anglicana de México, pero tampoco ambas cosas están opuestas, ni nuestra Iglesia funciona a base de censuras ni persecuciones (que quizá haya en otras).

Un poco de antecedentes de la Sagrada Escritura

La homosexualidad se ha visto como un pecado a lo largo de muchos siglos, pero esto se debe principalmente a dos razones:


1. Muchas costumbres y principios éticos o morales, e incluso tabúes sobre sexualidad originados en la cultura (en otras palabras, en la economía y las relaciones sociales de distribución del trabajo), se quisieran justificar después con la Biblia (o con otros libros sagrados).


2. No se aplica un discernimiento justo sobre los textos bíblicos que hablan de ella.
Hay mucha literatura científica -por una parte-, y cristiana -por otra-, que muestra una perspectiva más serena sobre este asunto. Por el lado anglicano, tenemos libros del Obispo John Spong (estadounidense), por la parte católica romana están el Padre Marciano Vidal (español) y Marc Oraison (francés).


Habría que recordar que la homosexualidad no sólo implica el acto genital de las relaciones íntimas sexuales, sino también el compromiso humano, la compañía, el estar juntos "en las buenas y en las malas"; y para nada hay que mezclar nada de eso con ninguna forma de abuso o acoso sexual, nada tiene qué ver lo uno con lo otro, y una persona abusiva o predadora puede ser -lo mismo- homosexual que heterosexual, así como personas decentes las hay de una orientación como de otra.

Los textos del Antiguo Testamento sobre la homosexualidad, no pueden "beberse" así nomás, "a lo fundamentalista", hay que desentrañar la Palabra de Dios contenida en ellos, en un entramado de palabras humanas, cultura y folklor humanos arraigados en la historia del momento. Nadie apedrearíamos hoy a una persona pillada en adulterio; nadie --en su sano juicio--, justificaría hoy la esclavitud: ¡las Iglesias si que lo han hecho a lo largo de siglos, y han pecado grave, gavísimamente de ello, y poco se le ha reprochado la vida y la sangre, la horrenda desesperación y lágrimas de tantas personas vilmente cazadas, compradas, vendidas, abusadas y maltratadas con su bendición o con su cómplice silencio! Uf..., pero el tema homosexual --que hoy en día es asunto más de vida personal que de otra cosa... cómo les duele. Nadie -además-, repudiaría hoy a su mujer judicialmente escupiéndola en la cara... Bueno, pues todo eso está en la Biblia, y galanamente lo hemos DISCERNIDO, colado y echado a un lado, como cosas de la época --¿cómo?, ¡pues usando sentido común!... conque, ¿por qué no aplicar razonamientos análogos con la homosexualidad?

Algunas epístolas, antes presuntamente de San Pablo (Efesios, Hebreos...) han sido exitosamente catalogadas como pseudo-paulinas, o no-paulinas, y han quedado claras varias interpolaciones (como la que, en I Cor. habla contra las mujeres). Pero aún comprobando la autenticidad paulina, hay que tener en cuenta dos cosas:


1. San Pablo no sienta precedente por encima del Evangelio; tan sólo hay que ver que la Iglesia siempre nos hace escuchar el Evangelio de pie, a diferencia del resto de la Escritura, lo cual evidencia la mayor jerarquía de éste por sobre Pablo. Pablo comenta a Cristo, y no Cristo a Pablo.


2. En todo caso, las costumbres que Pablo condena habría que situarlas en el contexto del abuso de los amos contra sus esclavos, y del desenfreno sexual que se deslinda del compromiso humano. Pablo no critica a una pareja de personas homosexuales que --independientemente de sus prácticas íntimas, vivan en fidelidad, caridad y se apoyen y protejan mutuamente en la salud como en la enfermedad, en la riqueza como en la pobreza.



Nuestro Señor Jesucristo no nos dejó doctrina ni enseñanza alguna específica sobre la homosexualidad; su enseñanza suprema sobre el amor, la fe y la buena voluntad, trascienden completamente los detalles casuísticos. ¿Qué diría Jesús de dos hombres o dos mujeres homosexuales que permanecieran juntos cuidándose uno a otro en un cáncer de pulmón, fortaleciéndose en la muerte de la madre o el padre del otro?; habiendo caridad y buena fe, ¿qué más da la privacía de las relaciones sexuales? El punto allí es la caridad, el amor oblativo, que se conecta con la actitud de Nuestro Señor en su santísima vida y en su bendita muerte por nosotros.

Algunos biblistas (pocos, ciertamente), han presentado indicios (quizá no del todo suficientes, también es cierto) -basados en la crítica literaria y la filología-, de que el pasaje lucano de la curación del siervo del centurión, bien pudiera ser un caso en el que el militar romano hubiera adoptado como pareja a un miembro de su servidumbre. Esto explicaría entre otros motivos, la profunda humildad del soldado al sentirse indigno de hacer pasar al Señor a su casa, por no hacerle blanco de críticas, tanto por entrar en una casa pagana, como por sanar a su pareja (si aceptáramos eso último como cierto). En todo caso, Nuestro Señor alaba la fe de este hombre y le bendice con su milagro de sanidad.


Y la actitud de Jesús con las mujeres, los niños, los extranjeros-paganos, y otras personas consideradas "impuras", que pueden ser equiparables a la homosexualidad, muestran que --en Jesús--, la Gracia quiebra y rompe con la Ley, pues él la ha cumplido toda en la Cruz. Nuestro Señor Jesucristo no echa fuera a nadie, no rechazó a nadie, a todos acogió, bendijo y amó. Sus palabras referidas a la "mujer de mala vida" que perfumara sus divinos pies con carísima esencia de nardos, aplican para mil casos: "Sus muchos pecados le son perdonados por cuanto ha amado mucho..." De aquí que --ante la certeza de nuestros múltiples pecados--, más pese ante el Divino Juez el que ciertamente hayamos amado decisivamente, comprometidamente... ¡pero amado de verdad!, no mero romance... sino amor responsable y oblativo.

El mismo Señor resumió la Ley en amar a Dios y al prójimo, y nos dejó un solo mandamiento inescapable y de todo punto obligatorio: "Amaos los unos a los otros, como YO os he amado..." Y contra caridad no hay precepto.

Lo que sí queda muy constatado y cierto, es que ciertamente sí condenó Jesús la venalidad, la falsa piedad, la hipocresía, y la soberbia (como la del fariseo de San Lucas 18), y a buen seguro que esas duras y enérgicas condenas suyas le merecieron el odio, la envidia y el rencor de "piadosos" y clericales falsos pastores pseudo-defensores de la Ley. Eso, ¡eso!, eventualmente le condujo a su Pasión y Muerte. Por eso San Juan --en el prólogo de su Evangelio dice: "...la Ley nos fue dada por medio de Moisés, mas la Gracia y la Verdad, es por Jesucristo que nos han venido."

Tanto Jesús como Pablo, repiten que cualesquiera relaciones humanas de este mundo (amos-esclavos, judíos-griegos, hombres-mujeres, una mujer que enviuda de sucesivos maridos, etc.), se ven supeditadas al amor sin barreras que es condición fundamental de la nueva edad y el nuevo mundo del Reino de Dios que Jesús ha venido a proclamar, y anunciar hasta el testimonio mismo de su sangre que sella ese Nuevo Pacto, y de su resurrección que le exalta, y el Don del Espíritu Santo que le sella y confirma. Luego de esto, no me resta mucho por decir, en verdad...



Antecedentes pastorales de la
Iglesia ante la homosexualidad


La Iglesia ha tenido siempre un clero homosexual -se quiera o no reconocer: buenos y malos, piadosos e hipócritas; el día que estos vayan a juicio, dudo que Dios les pregunte por su orientación... el juicio versará sobre su sinceridad, veracidad, buena fe, caridad, piedad, misericordia. Negarse el propio reconocimiento de la condición sexual o verse perseguido por ella, da lugar a cosas peores: hipocresía, traumas psicológicos, ocultamientos, extorsiones, tráfico de influencias, venganzas, luchas de poder y demás porquerías.


En muchos países, la sociedad ha reconocido que la homosexualidad es un elemento de la vida de las personas que no interfiere -por sí solo- en la integridad ética, ni en la eficacia laboral, ni en la idoneidad de las personas para vivir una vida religiosa a plenitud (incluido el ministerio ordenado), como no lo hacen la raza, la etnia, el coeficiente intelectual, ni otras condiciones inherentes a las personas. Los estudios, la oportunidad de formarse una idea más plural y amplia del mundo, permiten --en los mejores casos-- que una sociedad se libere --no digo yo de Dios, ni de una fe---, pero sí del control de un grupo cerrado de clérigos.

En algunas (quizá muchas) diócesis y parroquias de algunos países, se ha intentado, al menos permitir que las personas del mismo sexo que viven juntas (independientemente de preguntarles si son sexualmente activas entre sí), reciban la bendición de Dios para sus vidas. Que eso sea un matrimonio o no, o que sea equiparable a un matrimonio, en principio parece obvio que no; la clase de bendición que haya (o no) que brindar a estas parejas, así como la adopción de hijos por parejas homosexuales, son temas que --a fe mía--, no debieran sólo afirmarse ni sólo negarse a rajatabla en la Iglesia, sino dialogarse y estudiarse.

Es claro que cada persona tenemos ideas diferentes al respecto, pero decidir estas cosas en la Iglesia, depende de un PROCESO en el que TODOS tenemos que aprender a ESCUCHARNOS, y a brindar nuestro testimonio personal, evitando mezclarlo con las condenas y antipatías que los unos podemos tener en contra de los otros: de otro modo, nadie --ni conservadores ni liberales-- llegamos a ningún lado, y en todos los casos, la que pierde es la Comunidad Cristiana.




La abigarrada mitología sobre las parejas homosexuales, las identifica sólo como "amoríos irresponsables" o "besos y romances furtivos": Más allá de esas apreciaciones parciales, está el compromiso de tantas parejas que -lo mismo que un matrimonio u otras formas de relaciones humanas-, se ayudan y apoyan durante toda la vida aún en momentos álgidos de dolor y angustia, de pérdida y de muerte. Si eso no es amor y compromiso, ¿¡entonces qué es!?, y ciertamente, el Amor es de Dios. Dios mismo es Amor.



Conferencia de Lambeth / Convención General de la Iglesia Episcopal
La Conferencia de Lambeth consiste en una reunión, cada diez años, de todos los obispos anglicanos con jurisdicción; junto con la Reunión de Primados, el Consejo Consultivo Anglicano y la persona del Arzobispo de Canterbury, es uno de los cuatro instrumentos de unidad de la Comunión Anglicana. Ninguno de los cuatro instrumentos de unidad tiene un carácter prescriptivo, ni legislativo, ni --por ende--, obligatorio para todas las iglesias de la Comunión; en cambio, su carácter es consultivo, fraternal y complementario: sus decisiones, documentos, declaraciones, etc. son -eso sí-, referentes autorizados y auxiliares.

He aquí un elemento toral que diferencia al anglicanismo del catolicismo-romano tal como les conocemos: la Comunión Anglicana no constituye un cuerpo monolítico, sino flexible; ni su guía mundial es potestativa, sino pastoral: no hay sujeciones ni sometimientos, sino interdependencia, autonomía y comunión en la diversidad. Y aunque les pese a los que intentan definirnos: NO SOMOS UNA CONFESIÓN NI UNA IGLESIA CONFESIONAL. No tenemos más confesión de fe que los Credos católicos. Los famosos 39 artículos lo son "de religión" y no "de fe", es decir: son un posicionamiento teológico local, temporal, sujeto a reformas en su lenguaje y punto de vista, y que nosotros mismos reconocemos que NO ES fruto de un Concilio Ecuménico, por ende, no tienen autoridad universal. A ver si eso de una buena vez lo consideran algunos críticos de dentro y de fuera de nuestra familia eclesial.

Sucesivas Conferencias de Lambeth han pedido que se detengan las ordenaciones de personas activa y reconocidamente homosexuales (hombres y/o mujeres); pero ya comenté el carácter consultivo que reviste una Conferencia de Lambeth. En cambio, la célula matriz de la Iglesia Católica (entiéndase, no sólo la Romana, sino la TOTALIDAD de la Santa Iglesia Católica de Cristo), es la diócesis: un obispo con su presbiterio, diaconado y fieles laicos, en torno a la mesa eucarística. Un grupo de al menos tres diócesis conforma una iglesia nacional o regional, que acepta eventualmente, ser parte de..., entrar en comunión con... otras Iglesias (con diversos títulos: Iglesia del País de..., Iglesia Episcopal de..., Iglesia Anglicana de..., etc.) que se agrupan bajo la familia Anglicana.



Obispos anglicanos durante la Conferencia de Lambeth de 2008. Este organismo es uno de los instrumentos de unidad de la Comunión Anglicana, su autoridad es consultiva y no jurisdiccional. Una Iglesia así organizada, tiene cuerpos e instrumentos gubernativos y legislativos propios (Cánones, versión del Libro de Oración etc.), que SÍ son obligatorios, justamente porque son acuerdos consensuados, mínimos para el orden en una iglesia. Algunas iglesias o provincias anglicanas aplican la Escritura de un modo que excluye el balance analítico con los otros dos elementos de: Tradición y Razón, que son básicos en una teología realmente anglicana, incluso si invocamos la autoridad del padre de la teología anglicana: Richard Hooker (teólogo isabelino del siglo XVI).

La Biblia no sería la Biblia, sin el proceso de que los testimonios que contiene, hubiesen pasado antes por ser Tradición y Experiencia vivencial (lo que el lenguaje clásico anglicano llamaba: "Razón") de personas reales, con problemas reales. Dios no dictó la Biblia, su inspiración palpita a través de las historias humanas: de amores, crímenes, experiencias de liberación, solidaridad, desolación, horror, guerra, desesperación y esperanza. El Espíritu Santo nos habla aún através de la forma como el ser humano lo ha entendido. Los asuntos sobre sexualidad -vistos desde un análisis fundamentalista "a rajatabla"-, resultarían (como les resultan a tantas mentes encasilladas en la letra bíblica), como asuntos sucios, impuros, vulgares y ajenos a Dios. Esa visión NO es equilibrada, y NO es anglicana.

Conclusiones.

Intencionalmente he evadido pronunciarme sobre el asunto histórico y eclesiástico referente a la Revda. Mary Glasspool, recién elegida Obispa Sufragánea en la Diócesis de Los Angeles: eso es trabajo de su propia diócesis y de los obispos y comités permanentes diocesanos que tienen aún que confirmar su elección.

Como siempre, hablo como lo que soy, un presbítero en comunión con mi Obispo y con mi Iglesia y sus demás obispos, clérigos y laicos; pero también como un teólogo y estudioso de la Sagrada Escritura, en disfrute de la libertad que nuestra Iglesia respeta en todos sus miembros, de mostrar su enfoque de la fe y de la vida cristianas. Así que sostengo mis opiniones, pero NO soy la voz oficial de nadie, eso no es mi trabajo, hay otras personas a quienes sí se les ha confiado autoridad al respecto.


La Diócesis de Los Angeles ha hecho uso del levantamiento de la prohibición de ordenar a personas homosexuales abiertamente declaradas, que ha promulgado la Iglesia Epsicopal en los EEUU a través de su Convención General. Eso es VOZ del pueblo de Dios en una Iglesia en una cuestión consensuada, balanceada, pensada y analizada con mucho cuidado -como es el uso de la Iglesia Episcopal-, de ningún modo es una decisión tomada "a tontas y a locas" por un grupo irresponsable, ni por una camarilla de "notables".


Ninguna persona decente debería hacerse imaginaciones tontas sobre la vida personal y privada de ninguna persona. La Diócesis de Los Angeles ha elegido a Mary Glasspool -al igual que a la Revda. Diane Jardine Bruce (53) -la otra sufragánea electa-, tomando en cuenta su perfil psicológico, médico, espiritual, sus capacidades profesionales y pastorales, y de ninguna manera imaginándose tonterías sobre cómo vive su vida personal esta dama. Ella ha tenido la suficiente madurez para brindar sus datos generales y someterse a los requisitos que una Iglesia madura pide.

En las decisiones de la Iglesia Episcopal participan representantes de TODOS los estamentos o niveles en los que vive y se expresa la comunidad cristiana: clérigos, laicos, hombres, mujeres, casados, solteros, viejos, jóvenes, homosexuales, heterosexuales, etc. etc. Pasa que a veces, algunos están más acostumbrados o bien a pastores televisivos escandalosos, que manosean la Biblia como cosa suya, o a camarillas de obispos u otros ministros que creen que pueden secuestrarse al Espíritu Santo, y se arrogan el derecho de pensar por los demás...


No, señor, acá la historia no va así, eso que hoy se pretende criticar es la Iglesia Episcopal, y -a Dios gracias-, esa es la Iglesia Madre de la Iglesia Anglicana de México. Y eso pesa y pisa fuerte. De lo que sí -líbrenos Dios a todos-, es de manejar estas cosas con bulla cirquera, sedienta de burdo histrionismo: eso ya nos ha pasado a nivel internacional, y no sería manera de llevar estas cosas con dignidad. Si cada iglesia afirma o niega (lo que pienso que es derecho de Dios) a elegir a las personas homosexuales -como a otras-, para asociarlas a la obra de redención en el ministerio ordenado, es trabajo suyo consensuarlo en sus convenciones o sínodos. Equivocadas o no sus decisiones, Dios siempre nos acompañará para que en todo haya caridad: eso se llama indefectibilidad de la Iglesia, y la teología anglicana lo propone como recurso a la idea romana de la "infalibilidad".


Lo importante -en fin-, no es tanto, tanto, el pronunciamiento a favor o en contra (cosa que les apura mucho a los que hacen de esto un pleito de poder y politiquería, ya sean liberales o conservadores), sino el que podamos razonar nuestra fe y vida cristiana -como he dicho-, sin precedernos con ataques, sino escuchándonos con paciencia y caridad.





U.I.O.G.D.
"...Para que en todas las cosas sea Dios glorificado"

sábado, 23 de enero de 2010

La Tragedia de Haiti, un análisis crítico desde la izquierda por María Castro.





Cada vez que un desastre natural afecta a un país pobre volvemos a escuchar los mismos argumentos sobre la "mala suerte", "estado fallido o fracasado", como si estas calamidades naturales fueran un castigo divino por el mal comportamiento de sus habitantes, como si fuese imposible evitar sus efectos desastrosos. ¿Pero cómo explicar que en 1969 un terremoto de la misma magnitud en California provocara sólo 72 muertos y en Haití cause decenas de miles de muertes? Eso sólo se puede explicar por las diferentes condiciones sociales y económicas, que son un producto de décadas de dominio y ocupación imperialista.

Extrema pobreza

Haití es el país más pobre del hemisferio occidental, aproximadamente el 80% de la población vive en la extrema pobreza, la mayoría no tiene acceso a la electricidad ni al agua potable. La asistencia sanitaria apenas existe, más del 60% de la población no puede acceder a los servicios sanitarios más básicos. Más de dos tercios de la fuerza laboral, un 80%, no tiene un trabajo regular y los afortunados con empleo ganan unos dos dólares diarios. La desigualdad de ingresos es una de las mayores del mundo, el 10% más pobre sólo recibe un 0,7% de la renta, mientras que el 10% más rico recibe el 47,7%.

Como sucede en la aplastante mayoría de los países del llamado Tercer Mundo, la aplicación durante estos últimos veinte años de los programas de ajuste estructural del FMI ha causado un incremento espectacular de la pobreza y la desigualdad social. En 2008 la organización humanitaria Christian Aid publicó un informe en el que explicaba las consecuencias catastróficas de esta política de privatizaciones, liberalización y eliminación de aranceles, Haití pasó de ser un país autosuficiente que satisfacía las necesidades alimentarias de su población, a tener que dedicar actualmente el 80% de sus ingresos por exportaciones a importar alimentos.

La situación de desesperación lleva a que cientos de haitianos cada año intenten cruzar en balsa el canal que separa la isla de EEUU en busca de una vida mejor. Los medios de comunicación y el gobierno norteamericano hacen una estruendosa campaña propagandística con los "balseros" cubanos, obviamente por razones ideológicas, pero no dicen nada de los miles de haitianos y dominicanos que lo intentan cada año. Entre 1995 y 2007 los servicios de guardacostas norteamericanos interceptaron 21.653 "balseros" dominicanos y 17.956 haitianos, frente a los 8.867 cubanos. Muchos de ellos mueren en el intento.

Primera república negra independiente

En 1804 los esclavos haitianos protagonizaron una heroica revolución, encabezada por Toussaint Louverture, que acabó con la esclavitud y convirtió a Haití en la primera república negra que consiguió la independencia, derrotando al todopoderoso ejército napoleónico. Desde ese momento el país se convirtió en un objetivo para las distintas potencias imperialistas, no sólo por su valor económico y situación estratégica, sino porque el triunfo de la revolución era una inspiración para las masas caribeñas, y sobre todo para EEUU ante el temor de que el fervor revolucionario se contagiara a los miles de esclavos del sur esclavista. Desde entonces Haití ha estado sometida constantemente a ocupaciones militares norteamericanas, bloqueos económicos, o las sangrientas dictaduras de los Duvalier, apoyadas y financiadas por EEUU, que causó miles de muertos víctimas de la represión.

La dictadura de los Duvalier fue derribada en 1986 por un movimiento de masas que llevó a la presidencia a Aristide, un ex sacerdote que consiguió un tremendo apoyo de masas prometiendo reformas y con un discurso antiimperialista. Aunque finalmente cedió a las presiones del imperialismo y del FMI, las tímidas reformas que aplicó eran demasiado para la rica elite haitiana y para el imperialismo estadounidense. Organizaron 2 golpes de estado contra Aristide, uno en 1991 y el segundo en 2004, cuando fue expulsado por las tropas norteamericanas. Poco después el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó el envío de una fuerza militar formada por 9.000 soldados, dirigida por Brasil.

En 2006 organizaron unas elecciones que fueron ganadas por René Preval, un estrecho colaborador de Aristide. Aunque el imperialismo hizo todo lo que pudo para amañar las elecciones, las masas en las calles finalmente obligaron a reconocer a Preval como vencedor, desde entonces Preval se ha enfrentado a protestas de masas a causa de la subida de los precios de alimentos básicos como el arroz o por el aumento del salario mínimo, actualmente inferior a los 50 dólares mensuales. Además Preval no ha cumplido su principal promesa electoral: permitir el regreso de Aristide.

Los efectos del terremoto

Durante esta última semana todos hemos podido ver en las pantallas de televisión y en las fotografías de los periódicos los terribles efectos de este terremoto, el hecho de que las zonas más afectadas sean los barrios pobres y populares de Puerto Príncipe no obedece al azar, sino que es una consecuencia de que el 75% de las casas en Haití están hechas de estaño y madera, sin ningún tipo de infraestructura. Las casas de los barrios ricos aunque han sufrido destrozos en su mayoría aún están en pie. Por si fuera poco, hoy 20 de enero, un nuevo terremoto ha sacudido a Haití, aunque ya quedan pocas casas que derribar.

El gobierno dice que podrían haber muerto por lo menos 200.000 personas, aunque el ministro de sanidad ha dicho que incluso podría ascender a 500.000, ya han enterrado a más de 70.000 en fosas comunes. Hay más de 250.000 heridos, la mayoría todavía no ha recibido ningún tipo de asistencia sanitaria. Se calcula que 1,5 millones de personas se han quedado sin casa, no hay comida, luz, agua y el personal médico está saturado, no hay medicamentos y los médicos están recurriendo directamente a las amputaciones ante la falta de antibióticos y otro equipamiento médico básico necesario. Pero lo más escandaloso es ver cómo mientras miles de personas literalmente pasan hambre, las grandes potencias se pelean entre sí para ver quién controla la situación y se aprovecha de la destrucción. Esta pelea además está obstaculizando la ayuda

EEUU: operación militar con disfraz humanitario

Como sucedió en Somalia en 1993 (que sufría una terrible hambruna), disfrazada de operación militar humanitaria de rescate, EEUU aprovecha para invadir un país. Ya han llegado 7.500 soldados norteamericanos y faltan otros 12.000. Además el ejército norteamericano controla el aeropuerto de Puerto Príncipe, teóricamente para coordinar la ayuda, pero en la práctica lo utiliza casi exclusivamente para sus aviones, desviando muchos aviones con ayuda procedentes de Francia o Brasil, lo que ha provocado protestas de los respectivos gobiernos. Un portavoz del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU, Jarry Emmanuel, explicaba la situación al The New York Times:

"Cada día entran y salen 200 vuelos, una cantidad increíble para un país como Haití, pero la mayoría de los vuelos son del ejército norteamericano... Su prioridad es asegurar el país, la nuestra es la alimentación". También reconoce que el control estadounidense del aeropuerto está provocando dificultades logísticas para la ayuda y el rescate. Según el PMA hasta ahora sólo ha repartido 160.000 raciones nutricionales, "apenas una pequeña fracción de lo que se necesita".

British Times Online explicaba cómo: "Seis días después del seísmo la poca ayuda que ha llegado apenas ha ido más allá del perímetro del aeropuerto". Los haitianos del campamento de Challe se quejaban de que los soldados de la ONU sólo fueron el domingo con unos pocos paquetes de galletas y nada de agua. Como decía uno de los refugiados: "No necesitamos ayuda militar, necesitamos alimentos y cobijo".

Pero además la poca ayuda que se ha distribuido ha sido gracias a la población que se ha organizado en los barrios para las operaciones de rescate y ayuda. Es tal la indignación que en los barrios levantaron barricadas con los cientos de cadáveres que aún están abandonados en las calles para protestar. Tanto las fuerzas de la ONU como los soldados norteamericanos no han dudado en disparar y reprimir a los haitianos desesperados que buscan alimentos o ayuda.

La situación es explosiva y, acertadamente, todos temen una explosión social. Esa es una de las razones de la presencia militar norteamericana. El ministro de defensa brasileño, Nelson Jobin, explicaba gráficamente la situación a The Time: "La capital de Haití puede rápidamente verse envuelta en disturbios si 3 millones de hambrientos, sedientes y supervivientes traumatizados por el terremoto no reciben pronto ayuda de emergencia".

Los medios de comunicación insisten mucho en los disturbios y saqueos, aunque como explica el portavoz del PMA al The New York Times: "Por ahora la población está bastante tranquila. Ahora vemos los primeros signos de violencia y saqueo". Pero estos incidentes han sido aprovechados por el gobierno para imponer el estado de emergencia, con toques de queda y restricciones de los derechos democráticos, a petición de Hillary Clinton, y ha encargado de su cumplimiento al ejército norteamericano.

Cuando Obama cínicamente el 14 de enero en su discurso apelaba a "la larga historia que nos une", es evidente a que historia hacía referencia, a la historia de ocupación militar e imperialista del país. La tragedia de Haití es una prueba contundente de lo que representa el capitalismo, un sistema que sitúa por encima de la tragedia y el sufrimiento de la mayoría, el beneficio y los intereses de unos pocos. Ahora todos derraman lágrimas de cocodrilo por los "pobres haitianos" cuando el único responsable de esa situación es el sistema que ellos defienden y representan: el sistema capitalista.

Más allá de la Oración de Petición, según Queiruga.




por Gonzalo Haya Prats

Andrés Torres Queiruga, en su libro “Recuperar la creación” (1996) dedica un amplio capítulo a la oración de petición. [Su pensamiento lo había desarrollado precedentemente en el número 157 de Iglesia Viva, marzo-abril 1991, con el título “Más allá de la oración de petición”]. Yo quiero agradecerle que su lectura me ha ayudado a recuperar mi oración, a volver a conversar con Dios nuestro Padre.


Creo que la explicación de Torres Queiruga se basa en tres principios.

En primer lugar, la creación no fue una acción de hace millones de años, sino que es una acción continua de Dios. Él sustenta todo el universo, lo recrea en cada segundo. Todo acto positivo es una coproducción de Dios y del hombre, o de Dios y de la naturaleza. Todo elemento negativo es consecuencia de la finitud –de la inevitable carencia- del hombre, o del elemento con el que Dios se ha comprometido a trabajar. Carencia inevitable, porque no tener ninguna carencia significaría ser Dios mismo.


En segundo lugar, pedirle a Dios que –como hacemos en la Oración de los fieles- “nos escuche y se apiade” de los niños que mueren de hambre en Etiopía, resulta –según “la estructura objetiva de las palabras”- ofensivo para Dios. Por supuesto que ésta no es nuestra intención subjetiva. Y para hacer más comprensible esta afirmación presenta el ejemplo de una madre a los pies de la cama de un hijo enfermo; llegamos nosotros y le decimos a la madre que nos escuche y tenga piedad de su hijo.

En tercer lugar, “La estructura objetiva de las palabras tiene por sí misma un influjo que va más allá de la voluntad de quien las pronuncia” y repetida miles de veces, deja en nuestro subconsciente un imaginario falso sobre Dios. Nos deja la imagen de un Dios lejano, poco sensible a las necesidades humanas.


Aquí me permito añadir algo, no sé si de mi cosecha o de lecturas olvidadas. En nuestra querida, y millones de veces repetida, oración del padrenuestro solemos decir –con la versión de Mateo 6,9- “Padre nuestro, que estás en los cielos”. Creo que la estructura objetiva de la expresión “que estás en los cielos” ha dejado en nuestro imaginario colectivo la idea de un Dios que está allá arriba; Dios Padre, pero lejos de nosotros. Esta imagen nos hace menos sensibles para percibir a Dios dentro de nosotros, actuando conjuntamente con nosotros. Modestamente sugiero que sería preferible decir el padrenuestro según la versión de Lucas 11,2: “Padre, sea santificado tu nombre”.

Consecuencia: después de hacer nuestras peticiones, dejamos a Dios encargado de resolver el problema del hambre en Etiopía y salimos tranquilos con la conciencia de haber cumplido ya nuestra parte. Y así nos vamos a tomar el aperitivo (lo del aperitivo es añadido mío).


Torres Queiruga propone una solución positiva.

No se trata de conmover a Dios y de pedirle lo que Él está intentando darnos –aunque no lo consiga por la debilidad de los coproductores humanos a los que ha querido ligarse-. Es preferible exponerle, y compartir con Él, nuestra preocupación por los niños que mueren de hambre en Etiopía –o por la paz del mundo- y ofrecernos a hacer lo que podamos por cooperar con Él para remediar tal situación. Quizás entonces salgamos de la iglesia con intención de saludar al vecino engreído o de pagar un salario más justo al inmigrante sin papeles (este añadido también es mío).
¿Por qué decía yo que he recuperado la oración? Porque ahora cada vez que voy a pedirle algo a Dios me retracto; le expongo lo que me preocupa y me pongo a pensar cómo puedo cooperar

martes, 19 de enero de 2010

La Iglesia no siempre fue así, por Enrique Garraleta s. j.





Por José Enrique Galarreta sj
(Dedicado, con cariño a Joshe Arregi)



Estamos acostumbrados a una Jerarquía que mantiene con firmeza de roca ser la única autoridad en la Iglesia, ostentar delegación divina y no ser juzgada por nadie.

Pero no siempre fue así. El primer papa, Simón/Pedro, la Roca como le llamaba Jesús, mandaba de una manera tan curiosa que apenas lo reconoceríamos hoy como papa.

Todo empezó con la elección de Matías para sustituir a Judas y restablecer el número de Doce. (Textos tomados de los HECHOS DE APÓSTOLES, que, por cierto, se leen en la liturgia como PALABRA DE DIOS))

Hechos, cap. 1

15 Uno de aquellos días Pedro se puso en pie en medio de los hermanos el número de los reunidos era de unos ciento veinte y les dijo:

- 16 Hermanos, …. 21 Conviene, pues, que de entre los hombres que anduvieron con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús convivió con nosotros, 22 a partir del bautismo de Juan hasta el día en que nos fue llevado, uno de ellos sea constituido testigo con nosotros de su resurrección.

23 Presentaron a dos: a José, llamado Barsabás, por sobrenombre Justo, y a Matías. 24 Entonces oraron así: «Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muéstranos a cuál de estos dos has elegido, 25 para ocupar en el ministerio del apostolado el puesto del que Judas desertó para irse adonde le correspondía.»

26 Echaron suertes y la suerte cayó sobre Matías, que fue agregado al número de los doce apóstoles.

Pedro, (ostentando sin duda en la mano derecha unas llaves de oro) propone, la asamblea ora y decide… y se acepta. (¿Dónde están las llaves?)

Más tarde,

Hechos, cap. 8

14 Al enterarse los apóstoles que estaban en Jerusalén de que Samaria había aceptado la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan.

O sea que el papa es enviado a una misión por los demás apóstoles de la comunidad de Jerusalén. (¿Se llevó Pedro las llaves en la alforja o las dejó en Jerusalén?)

Más tarde, Pedro, en Cesarea toma una iniciativa: entrar en casa de paganos y bautizarlos. CONSECUENCIAS:

Hechos, cap. 11

1 Los apóstoles y los hermanos que había por Judea oyeron que también los gentiles habían aceptado la Palabra de Dios; 2 así que cuando Pedro subió a Jerusalén, los de la circuncisión se lo reprochaban, 3 diciéndole:

- Has entrado en casa de incircuncisos y has comido con ellos.

4 Pedro entonces se puso a explicarles punto por punto diciendo:

- 5 Estaba yo en oración …….
(aquí Pedro vuelve a narra detenidamente todo el episodio)

17 Por tanto, si Dios les ha concedido el mismo don que a nosotros, por haber creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para poner obstáculos a Dios?»

18 Al oír esto se tranquilizaron y glorificaron a Dios diciendo:

- Así pues, también a los gentiles les ha dado Dios la conversión que lleva a la vida.

Los apóstoles y los hermanos de Judea reprochan a Pedro. Leamos bien, la comunidad reprocha al Papa. Naturalmente el Papa debería haber contestado excomulgándolos, imponiéndoles un año de silencio o cosas así…. Pero Pedro es un papa singular. Da explicaciones y la comunidad se las acepta.

Cuando se montó un lío en Antioquia sobre si los paganos que querían seguir a Jesús se tenían que circuncidar, a nadie se le ocurrió remitir el tema al Papa Pedro, sino que juntaron un concilio.

Allí Pedro habló para poner orden y dar su opinión.

Hechos, cap. 15

6 Se reunieron entonces los apóstoles y presbíteros para tratar este asunto. 7 Después de una larga discusión, Pedro se levantó y les dijo:

- Hermanos,…

Así, la asamblea escuchó a los demás: primero a Bernabé y Pablo

12 Toda la asamblea calló y escucharon a Bernabé y a Pablo contar todas las señales y prodigios que Dios había realizado por medio de ellos entre los gentiles.

Después a Santiago, el hermano del Señor que era ya uno de los dirigentes de las iglesias de Jerusalén

13 Cuando terminaron de hablar, tomó Santiago la palabra y dijo:

- Hermanos, escuchadme. … Por esto opino yo que no se debe molestar a los gentiles que se conviertan a Dios…

Y después de todas estas opiniones (el Papa Pedro no fue más que una opinión)

22 Entonces decidieron los apóstoles y presbíteros, de acuerdo con toda la Iglesia, elegir de entre ellos algunos hombres y enviarles a Antioquía con Pablo y Bernabé; y estos fueron Judas, llamado Barsabás, y Silas, que eran dirigentes entre los hermanos.

Decidieron los apóstoles y presbíteros, de acuerdo con toda la Iglesia. (Y Pedro en casa, buscando las llaves que no aparecen por ninguna parte.)

Peor todavía, Pablo, un don nadie en aquel tiempo a no ser por su enorme actividad y esfuerzos por extender el evangelio, se encuentra con el Papa Pedro en Antioquia. En Antioquia respetan la decisión del concilio de Jerusalén y no tienen problemas con los alimentos “impuros”… menos algunos cristiano/judíos, que no han aceptado el concilio y siguen con la circuncisión y lo impuro y todas esas cosas que el Concilio ha rechazado. Y Pedro se deja arrastrar por esa costumbre, contraria al Concilio. Y Pablo no se lo tolera.

Gálatas, cap. 2

11 Mas cuando Cefas vino a Antioquia me enfrenté a él cara a cara porque era digno de reprensión…

(Naturalmente fue excomulgado por el Papa Pedro y obligado a no predicar más, por insubordinación a la jerarquía…. ¿O no?)

Podríamos seguir así, dando datos de las Iglesias primeras sobre las mujeres con cargos en las iglesias, sobre el celibato, sobre la abundancia de carismas en las personas normales de la comunidad… Pero ya basta. Miremos a la doctrina de la Iglesia sobre el tema de la elección de obispos.

- En la Carta de Clemente (a.97, n.44,3) se manifiesta expresamente que “el obispo se nombre con el consentimiento de la comunidad”, buscándose siempre y por encima de todo en el elegido “cualidades evangélicas”.

- La “Tradición Apostólica” de Hipólito (a.215) asevera que “se ordene como obispo aquel que, siendo irreprochable, haya sido elegido por todo el pueblo”.

- San Cipriano, obispo de Cartago, escribió en el año 258 que “el pueblo tiene el poder de elegir a los obispos dignos y de recusar a los indignos”.

- En el año 418 el Papa Celestino I dejó clara constancia advirtiendo que “no se imponga al pueblo un obispo que no sea propuesto por el mismo pueblo”.

- En la carta 10,6 escribió el Papa San León Magno (a.440-461) “quien debe presidir a todos debe ser elegido por todos; no se ordene a ningún obispo contra el deseo de los cristianos y sin que estos lo hayan pedido expresamente”.

- Es clásica y muy comentada la defensa realizada por Gregorio Magno a favor de las iglesias en la elección de sus propios obispos, de tal manera que, durante los siglos VI-XI se consideró la elección como “un derecho tradicional del clero y del pueblo con el consentimiento del Metropolitano”.

- En el Decreto de Graciano (a.1140) se dispone y establece que “la elección episcopal corresponde a los clérigos, con el consentimiento del pueblo”.


Y si se trata de personas no pertenecientes a la Jerarquía que se permiten el lujo de criticar al Papa abiertamente, no estaría mal leer este trocito de una carta de San Bernardo al papa.

De San Bernardo. Carta al Papa Eugenio III.

Eres sucesor de Pedro, de quien no sabemos que haya ido nunca adornado de sedas o piedras preciosas, ni cubierto de oro, ni montado en un caballo blanco, ni rodeado de una profusión de lacayos. Más bien pensó que sin necesidad de todas esas cosas podría cumplir el mandato del Señor "apacienta mis ovejas".

En todas estas cosas, tú has sucedido a Constantino, no a Pedro. Y no estás obligado a ellas, aunque las circunstancias puedan hacerlas tolerables alguna vez... Te dejas agobiar por toda clase de cosas exteriores y seculares. Sólo te oigo hablar de juicios y leyes. Y todo esto, como las pretensiones de prestigio y riqueza, proviene de Constantino, no de Pedro.

(No consta que San Bernardo hubiera sido depuesto por tales palabras ni condenado a un año de silencio.)

Finalmente, para no aburrir, hubo buenos seguidores de Jesús que, en pleno siglo IV, cuando ya el afán de poder y de lujo se apoderaba de las Jerarquías, Gregorio Nacianceno renunció al obispado de Constantinopla cuando fue criticado por sus austeridades y pronunció un sermón iróni¬co y colérico:

Ignoraba que debíamos rivalizar con los cónsules, los goberna¬dores y los generales famosos, que carecen de oportunidad para gas¬tar sus ingresos, o que nuestros estómagos debían ansiar el pan de los pobres y consumir lo que ellos necesitan en lujos, eructan¬do frente a los altares.

No sabía que debíamos cabalgar en hermosos caballos o viajar en magníficos carruajes, precedidos por procesio¬nes, mientras todos nos aclaman y nos abren paso como si fuéramos bestias salvajes.
Lamento estas privaciones. Por lo menos han termi¬nado. Perdonad mi error. Elegid a otro que complazca a la mayoría.

Terminemos. La Iglesia no fue siempre como es hoy. Se nombraban obispos contando con la comunidad, se consideraba al obispo de Roma con gran respeto pero no como dictador en nombre de Dios, se aceptaban las críticas…

Hagamos una modesta reflexión: la Iglesia debe ser tradicional, fiel a la tradición. Pero los que se tienen por tradicionales miran sólo a las tradiciones que les convienen, tardías y no conformes con la tradición venerable de las primeras (y no tan primeras) comunidades.

Sí, volvamos a la tradición, a lo que proviene de Jesús, a lo que cumplían Pedro y Pablo. Es esto lo que algunos llaman “refundación”, que significa volver a las raíces, a los fundamentos, a lo que viene de Jesús

domingo, 27 de diciembre de 2009

Muere Edward Schillebeeckx, teólogo en la frontera, por Juan J. Tamayo




Nacido en 1914, fue una de las personalidades más influyentes en la renovación del cristianismo durante la segunda mitad del siglo XX.

El 23 de diciembre murió, a los 95 años, Edward Schillebeeckx, el teólogo católico más prestigioso del siglo XX, junto con Karl Rahner, y una de las personalidades más influyentes en la renovación del cristianismo durante toda la segunda mitad del siglo pasado. Ha sido protagonista en los momentos más importantes de la historia reciente de la teología, de la vida de la Iglesia holandesa y de la Iglesia católica.


Nació en 1914 en Amberes, metrópoli de la Bélgica flamenca en el seno de una familia muy religiosa de 14 hermanos. Hasta los 18 años estudió en un colegio de jesuitas, donde recibió una rigurosa formación basada en los clásicos. A los 19 años ingresó en la Orden de los Dominicos. ¿Qué es lo que le atrajo de la Orden dominicana por optar por ella como estilo de vida? Él mismo responde: la apertura al mundo, la dedicación al estudio, el trabajo de investigación y la teología centrada en la predicación. Y a fe que él mismo hizo realidad estas cuatro características en su vida religiosa, en su actividad intelectual y en su manera de estar en el mundo.

Tras el noviciado, estudió filosofía en Gante y teología en Lovaina con una orientación tomista clásica, que él renovaría durante los primeros años de docencia. Después de la Segunda Guerra Mundial fue a Francia para hacer el doctorado en Le Salchoir y estudiar en la Sorbona. En Salchoir se encontró con dos de los más prestigiosos teólogos dominicos: Marie-Dominique Chenu (1895-1990), sancionado entonces por el Santo Oficio, e Yves-Marie Mª Congar (1904-1995), igualmente sancionado en la década de los cincuenta del siglo pasado. En La Sorbona siguió las enseñanzas de los filósofos Le Senne, Lavelle, Wahl y Gilson.

De vuelta a Lovaina en 1947, inició su carrera docente en teología dogmática con el objetivo de renovar el pensamiento tomista, anclado en la más cerrada neoescolástica, y de abrirlo a las nuevas corrientes filosóficas. Los escritos de este periodo, que alcanza hasta principios de los sesenta, se caracterizan por el método histórico frente al dogmatismo de manual, entonces imperante, y por el perspectivismo gnoseológico, que buscaba una síntesis entre la fenomenología y el tomismo.

Teólogo de confianza del episcopado holandés, entonces progresista, fue su asesor en el Concilio Vaticano II y uno de los principales inspiradores -e incluso redactores- de sus documentos renovadores, especialmente en lo referente a la eclesiología y al diálogo de la Iglesia con el mundo. Es proverbial a este respecto su afirmación "Fuera del mundo no hay salvación", que contrasta con el aforismo excluyente "Fuera de la Iglesia no hay salvación". Para mantener el espíritu conciliar y desarrollar una teología en sintonía con los cambios profundos promovidos por el Vaticano II creó en 1965, junto con Congar, Rahner, Metz, Küng y otros teólogos progresistas la Revista Internacional de Teología Concilium, que todavía sigue editándose en ocho idiomas.

Fue asimismo uno de los principales redactores del polémico Catecismo holandés, que presentaba los grandes temas del cristianismo, -incluso los más conflictivos, como la doctrina del pecado original- con un estilo vibrante, un lenguaje moderno y en actitud de diálogo con las nuevas corrientes culturales.

A lo largo de su extenso magisterio teológico y de su amplia obra ha sido procesado tres veces por la Congregación de la Fe (antiguo Santo Oficio): en 1968, a propósito de algunos ensayos teológicos centrados en la secularización y el cristianismo; en 1979, por su libro Jesús. La historia de un Viviente, la mejor cristología del siglo XX; y en 1984 por su libro El ministerio eclesial, donde justificaba la presidencia de la eucaristía por parte de un ministro extraordinario no ordenado. De los tres salió ileso e incluso airoso. En las respectivas sesiones del juicio celebradas en el Vaticano logró desmontar las afirmaciones de sus inquisidores con brillante, argumental finura.

Schillebeeckx ha muerto y la sensación que tenemos los teólogos y las teólogas que nos movemos en su línea de hermenéutica crítica es de orfandad, sólo superada con la lectura de sus obras que seguirán iluminando el itinerario del cristianismo del siglo XXI por la senda del diálogo con las culturas de nuestro tiempo y del compromiso ético por la justicia, con el evangelio de Jesús de Nazaret como referente.

Hola, Bienvenid@s.


Este Blog quiere ser un lugar de encuentro para todos aquellos que queremos ayudar a transformar la sociedad para convertirla en un lugar más fraterno, más libre, más justo y, a la vez, somos conscientes de que todo cambio social sólo es posible si hay un cambio personal e interno y no se olvida lo que nos enseña la Tradición Espiritual de la Humanidad, intentándo actualizarla creativamente en cada época.


Mi camino...

el camino que sigo es el camino de la mística del amor, no un amor sentimental, sino un amor inteligente o consciente (amor iluminado decían los antiguos) y solidario, que no olvida el sufrimiento y la injusticia.
Guiado de la mano de de la mística monástica cisterciense (la primera mística moderna del amor), el esoterismo cristiano, la mística de san juan de la cruz y el zen... y animado por ideales progresistas y solidarios os invito a caminar juntos hacia un mundo y unos hombres y mujeres nuevos.